La separación de R.E.M.: un repaso por su discografía

28 Sep

por: Glen Levy (revista Time, Estados Unidos) – traducción: Lepo.

El icónico grupo un día dijo basta. Más que sorprendernos con la noticia, deberíamos apreciar y recordar a REM por lo que una vez fueron: la banda más atractiva del planeta.

El anuncio del miércoles 21 aparentemente shockeó a muchos fans. Decía “Para nuestros fans y amigos: Como REM y como amigos de toda la vida y co-inspiradores, hemos decidido terminar como banda. Nos retiramos con un gran sentido de gratitud, de que es algo definitivo, y de asombro de todo lo que conseguimos”.

Pero si uno quiere analizar los comentarios bastante enigmáticos del cantante de REM, Michael Stipe, en los años previos, se podría demostrar convincentemente que el anuncio clave en realidad se hizo catorce años antes, en 1997, tras la partida del baterista Bill Berry. Muchos creían que la dinámica del cuarteto (por orden alfabético: Bill Berry, Peter Buck, Mike Mills y Michael Stipe), de Atenas, Georgia, al volverse un trío sería un cambio de juego creativo con el que tendrían que renegar. “Un perro de tres patas sigue siendo un perro”, decía Stipe. “Solamente tiene que aprender a correr de otra manera”.

Hasta que Berry se fue (dos años después de sufrir un aneurisma cerebral), REM había hecho gradualmente su camino al éxito comercial sin alejarse demasiado de sus raíces indie universitarias. Eligieron su nombre al azar de un diccionario (es la sigla de Rapid Eye Movement – movimiento rápido de ojos), y su álbum debut, Murmur (1983), es uno de los grandes títulos onomatopéyicos. ¿La razón? Nadie estaba seguro sobre qué diablos cantaba Stipe. La banda detestaba la idea de publicar las letras en la cubierta, lo que sumaba al misterio.

Pero aunque nadie podía estar seguro de lo que se decía, todos estaban de acuerdo en que no había surgido antes nada parecido. Rápidamente juntaron seguidores incondicionales y apasionados, y la banda resueltamente se mantuvo en el sello chico IRS, teniendo un disco exitoso en 1987 con Document, donde la voz de Stipe (ahora un poco más fácil de escuchar) se unían agradablemente con el estilo “Costa Oeste” del guitarrista Peter Buck (a saber: los acordes sonaban alegres) . Y sonaba con confianza: canciones como “Finest worksong”, “It’s the end of the world as we know it (and I feel fine)” y “The one I love” estaban tan formadas, que el siguiente paso al estrellato era casi un hecho.

La resistencia a los sellos grandes -y al éxito- terminó siendo en vano, y firmaron con Warner Bros a finales de los ’80. Su sexto álbum, Green, fue accesible a una audiencia mucho más amplia y la música coincidía con el nuevo ánimo: no por nada la primera canción se llama “Pop song 89”. Temas como “Stand” y “Orange crush” se metían contagiosamente en nuestras cabezas, pero eso era más un aperitivo comparado a lo que se venía.

Y lo que se venía era el gigante Out of time. El año era 1991; el grunge todavía no era la dirección que iba a tomar mucha de la música universitaria de Estados Unidos, así que nos quedaban estos temas completamente adorables que utilizaban mandolinas, órganos y guitarras acústicas. El corte principal “Losing my religion” (con la ayuda de su inconfundible video) llegó a tener gran rotación mundialmente, y el álbum fue el primero de ellos en llegar al tope de los rankings de Estados Unidos y el Reino Unido. “En nuestra carrera ha habido muy pocos eventos que nos cambiaran la vida, porque fue muy gradual”, dijo Mills años después.  “Si querés hablar de algo que nos cambió la vida, creo que ‘Losing my religion’ es lo más parecido”.

Lo que le dolía a los fans era que los impresionantes temas de Out of time, como “Low”, “Near wild heaven” y “Country feedback” no obtuvieran la misma atención que uno de los primeros pasos en falso de REM, “Shiny happy people”, que estaba “a destiempo” con lo que había venido antes. Aun así, Automatic for the people (1992), fue en gran parte una continuación del mejor rendimiento: verdaderamente tenía un tono más sombrío (y no solamente la obviedad, “Everybody hurts”). Hablaba de la mortalidad y estaba lleno de baladas, pero uno no podía evitar conmoverse con “Nightswimming”. Los aprendizajes políticos de Stipe ahora también se podían oir, y hacían referencia al primer presidente Bush.

Probablemente sea adecuado que Monster (1994) fuera el comienzo de la caída de REM: el álbum simplemente era demasiado grande para dominarlo. Las guitarras tenían distorsión, las referencias al glam rock de los ’70 demasiado pronunciadas, y como resultado el material lo sufrió. Luego vino la partida de Berry y un largo periodo de material aburrido (aunque en retrospectiva, tanto New adventures in Hi-fi como Up parecen obras maestras en comparación con Reveal y Around the sun). Tratá de silbar cualquier cosa de esa época: es una apuesta perdida.

Ya cuando salieron sus últimos álbums, Accelerate Collapse into now (hicieron 15 en total), lo más divertido era contar cuántas críticas mencionaban un “regreso a las bases”. Esto también pasa con las películas de Woody Allen, pero la verdad brutal en ambos casos, es que los primeros trabajos nunca serán igualados.

Mills ya había dicho “no hay falta de armonía, peleas, ni abogados metidos”, y así es exactamente como debe ser entre amigos. En cuanto a Stipe, espera que los fans “se den cuenta de que esta no fue una decisión fácil, pero todo termina y quisimos hacerlo bien, a nuestra manera”. Nadie se atrevería a objetarlo, y escuchamos sus palabras fuertes y claras.

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