“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 4.1

18 Jun

4.1. El comienzo de los 101ers (Capítulo compaginado por el traductor)

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

En septiembre del ’74, debutó el grupo de Woody Mellor, los 101ers, como teloneros de la banda de reggae Matumbi, del sur de Londres, en el pub Telegraph de Bixton. Al grupo lo había armado ese verano [boreal] Woody con sus nuevos compañeros de casa. Woody se había frustrado tratando de ganar lo imprescindible como músico callejero en el subte, con Tymon Dogg. Enardecido por su bautismo rockero con los Vultures en Newport, ahora quería hacer “algo eléctrico”. La casa usurpada por el grupo en calle Walterton al 101, estaba sobre una avenida ancha de Maida Hill. Hacia ahí daba la torre de Mick.

Ilustración: Calle Walterton en 1974, por Esperanza Romero

-Había filas y filas de edificios abandonados temporalmente -contaba Joe en el ’99-. La única forma de empezar una banda era vivir en uno de esos, porque no teníamos un mango. Los 101ers empezaron con un amplificador y un parlante.

La zona que rodeaba a la calle Walterton estaba llena de propiedades usurpadas. La mayoría eran casas municipales vacías, a la espera de refacciones.

Se suele decir que usurpar es un acto político: es la ocupación ilegal de la propiedad de otra persona. Es notablemente anti-capitalista. Pero para los habitantes de Walterton al 101, había pocas o ninguna razón política para su usurpación. Ni siquiera demasiado idealismo hippie.

-Lo de vivir en comunidad utópicamente, no era lo nuestro -explica Richard Nother, alias Dudanski, que tocaba la batería en el grupo y se hizo amigo de Woody por medio de su hermano Pat-. La nuestra era una casa de músicos. Otras casas eran de borrachos, otras eran madrigueras de drogones. Era una zona muy diversa. Lo único que unía a la gente era que había líos con la Junta de Electricidad o con el Municipio. Había muchos músicos, irlandeses, sudamericanos, españoles. Cualquier joven que aterrizaba en Londres y buscaba dónde vivir gratis, encaraba hacia ahí.

Walterton al 101

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[NOTA de lepo!]
[Para detallar un poco sobre cómo vivían los 101ers extraigo este texto del libro Redemption Song: The Ballad of Joe Strummer, de Cris Salewicz (2006).]

El sótano de calle Walterton al 101 tenía piso de tierra, y después se volvió la sala de ensayo de los 101ers. Afuera, en el patio, estaba el único baño en funcionamiento de la propiedad. En la cocina no había tazas.

-Solamente había frascos de mermelada para tomar el té, y agua fría para lavarlos -recuerda Jules Yewdall, amigo de los Nother, de su ciudad de nacimiento, en las Midlands.

Esto no le debe haber afectado demasiado a Woody Mellor. Su primo Iain Gillies me contó:

-A Joe nunca le gustó lavar. Nunca entendió por qué había que bañarse.

Guardaban las bicicletas en el baño. La casa estaba severamente infestada de pulgas.

Woody encaraba para su casa cuando llegaba la hora de la higiene:

-Su madre me contó que Joe le llevaba la ropa sucia desde Londres, y que una vez lavó 87 medias y ninguna tenía su par -recuerda Iain Gilles.

[Ahora paso a un relato de Richard Nother ‘Dudanski’, el baterista de los 101ers, comentando cómo entró a la banda, en su libro Squat City Rocks, de 2014]:

En un par de semanas “acondicionaron” la sala, tanto para apagar el sonido como para evitar que saliera. Esto consistía en taponar la ventana con colchones y clavar una o dos alfombras en las paredes. Los palos de escoba como pies de micro y los amplis viejos y destartalados, con las válvulas al aire, estaban a la orden del día. A fines de agosto, Álvaro, que era saxo tenor y pianista, y que en realidad había tenido éxito en una banda de pop-rock en Chile, también había empezado a tocar con el grupo en nacimiento, y aparte de sumar experiencia musical, fue él el que logró una posible fecha en una Campaña Solidaria por Chile, en el sur de Londres. Pero había un problema. La banda estaba sin baterista.

Mientras tanto, mi empeño musical con el clarinete, había sido complementado por la adquisición de un par de bongós viejos, lo cual me llevó a pegarle a la batería ocasionalmente, una vez que estuvo instalada en el 101. Con poco que perder en el intento, acepté la sugerencia de tocar en un ensayo. Se podría decir que era una prueba. Sin la menor sorpresa, posteriormente me ofrecieron el puesto de baterista, lo cual hace evidente lo rudimentaria que era nuestra música. ¡Fue terrorífico cuando nos avisaron de golpe que la fecha se había adelantado una semana! ¡Me quedaba menos de una semana para ensayar!

Woody fue mi mentor esos días. Además de haber tenido una batería hasta que se la prestó a un amigo, era fanático de Chuck Berry y Bo Diddley, y su música fue la fuente para mi curso intensivo de batería. Era bastante obvio que lo esencial era no perder el ritmo, y normalmente la canción terminaba más rápido que como había empezado. Por su puesto, eso era preferible a que se pusiera lenta. Para alguien que empezaba a tocar la batería sin experiencia, esta música era perfecta. No hacía falta refinamiento; solamente energía y aplicación, y me encantaba.

Ilustración: Ensayo de los 101ers, por Esperanza Romero, esposa de Dudanski

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El debut de los 101ers en vivo en el Telegraph, fue en apoyo a la Campaña Solidaria por Chile, para juntar plata para las víctimas del golpe del General Pinochet, respaldado por la CIA, que había depuesto al que probablemente era el primer gobierno marxista elegido democráticamente en el mundo. A la fecha la consiguió el saxofonista del grupo, Álvaro, uno de los dos chilenos que vivían en el 101. Otra vez, Joe se exponía a culturas nuevas y aprendía cuestiones internacionales. El Telegraph presenció cómo los 101ers hacían versiones destartaladas de gemas de R&B, como “Roll over Beethoven” de Chuck Berry y “Bonie Maronie” de Larry Williams, además de “Gloria” de Them.

-Yo no había tocado nunca -recuerda Dudanski-. Y la forma de tocar de Woody era tan primitiva que pensamos que recién había agarrado la guitarra. Matumbi estuvo bárbaro. Lo disfrutamos. Trajimos un par de amigos del lado norte del río, que nos aplaudían mucho. Fue suficiente para que yo me entusiasmara. Se había germinado algo.

Woody estaba feliz de volver a los escenarios y de tocar con espíritus afines. Ellos, por su parte, estaban cautivados por esta nueva incorporación a su círculo íntimo, que desde el verano los venía sorprendiendo con su locura gentil y querible.

-¡Era una masa! -dice Dudanski entre risas-. Era un chabón encantador: divertido, gracioso, generoso, transparente. También tenía un lado callado. La gente tiene una parte que uno no logra conocer, supongo. Pero conmigo siempre fue un chabón sociable, siempre dispuesto a hablar con cualquiera.

Durante los meses siguientes, el grupo pasó por varias formaciones y presentaciones. Joe entró a trabajar como jardinero en el Hyde Park, y como guardia en la Ópera Nacional de Inglaterra, de donde lo echaron rápidamente. Con su indemnización se compró un ampli Vox AC30. A principios del ’75, más que nada por el entusiasmo de Woody, los 101ers empezaron a tomar forma: Álvaro (saxo y voz), Woody Mellor (voz y guitarra), Simon Cassell (saxo), Clive Timperley (guitarra), Marwood “Mole” Chesterton (bajo), Jules Yewdall (voz y maracas) y Richard Dudanski (batería) . Todos los miércoles, tocaban en vivo en noches organizadas por ellos en el primer piso del pub Chippenham, a un par de metros del 101. Tymon Dogg, que de vez en cuando asistía como oyente a los ensayos, recuerda que llevaban los equipos en un carrito robado.

The Charlie Pigdog Club, (el Club del Perro Charlie, llamado así por el mestizo psicótico del grupo), tenía una onda cálida, amistosa y hippie, donde la gente llevaba sus propios sándwiches, armaba fasos y bailaba con el rock crudo de los 101ers.

-Estaba bárbaro tener ese boliche -dice Dudanski-. Cualquier banda de rock necesita tener la reacción frecuente del público. Empezó como un lugar para amigos y después atrajo rápidamente gente de todos lados. Entonces las cosas se empezaron a poner un poco más pesadas. Siempre estaba el SPG [Grupo Especial de Patrullaje] esperando a la salida para pegarle a la gente. Pero tocar todas las semanas durante dos o tres meses, era lo necesario para que la cosa se armara.

Esa primavera, Woody pasó por otra transformación. El verano anterior, al volver de Europa, él y Tymon habían visto a Dr. Feelgood en el Windsor Castle. La actuación electrizante del guitarrista Wilko Johnson, que se pavoneaba y se sacudía como un gallo poseído, con su Fender Telecaster en mano, hipnotizó a Woody. Quedó impresionado profundamente. En Charlie Pigdog, Woody ensayaba su propio estilo: la “pierna eléctrica”. La cara de costado, la mano derecha tirando golpes, la mueca de Elvis, la pronunciación babosa, la mirada de loco.

También invirtió en una Telecaster nueva, que iba a sobrevivir a los Clash y a los Mescaleros, y tomó un lugar central y conmovedor en su funeral de 2002. Los medios por los que adquirió el instrumento, superaron a los de Mick, que se sacó de encima sus comics de ciencia ficción: Woody lo pagó con las 100 libras [1800 dólares actuales] que recibió por casarse con una sudafricana que quería la ciudadanía británica. Es de suponer que no invitó a Ronald y Anna Mellor.

Quizás sintiéndose un poco fuera de lugar con este inglés loco que le disputaba el centro de la atención, Álvaro dejó la banda. Eso quiere decir que Woody ahora estaba a solamente un cantante de ser el único frontman de los 101ers.

Esa primavera, junto a su nuevo personaje escénico, llegaron otras dos adquisiciones importantes. La primera fue una novia española: Paloma, hermana de Esperanza, la futura esposa de Dudanski.

Joe, Esperanza y Paloma.

-Fue el comienzo del romance de Joe con España -dice Richard-. Fue ahí que tuvo el primer contacto con la cultura del flamenco, la poesía de Lorca, el espíritu del pueblo español.

La segunda, fue el nombre por el que pronto lo iba a conocer la mayor parte del mundo:
-Yo podía tocar las seis cuerdas o ninguna -explicaba Joe-. Por eso me puse Joe Strummer [Joe el Rasgador].

Dudanski resalta que era todo una broma interna de la banda, pero fue algo simbólico:
-Creo que estaba dejando en claro que quería ser el líder exitoso de una banda de rock exitosa. Y no hay dudas de que eso coincidía con el hecho de ponerse Joe Strummer.

El cambio de nombre era como su apropiación de “Woody”: un apoyo para sus aspiraciones. Esta vez estaba muy decidido a volverse un héroe de la música, el trovador del pueblo, un poeta callejero rockero y engominado. Pero no hubo un cambio esencial en su ideología o en su personalidad. La reinvención drástica de Joe para autenticar su personaje punk, vendría después.

En julio del ’75, los 101ers tuvieron un crecimiento pequeño pero significante, cortesía de uno de los viejos amigos de Joe en Newport, que ahora trabajaba para la Melody Maker. Allan Jones -no confundir con Jiving Al Jones- escribió un artículo corto pero enérgico sobre la banda.

Una vez que cerró Charlie Pigdog en abril de 1975, el artículo de la Melody Maker le permitió a los 101ers conseguir fechas. El grupo ya tocaba con frecuencia en el pub Elgin de Ladbroke Grove. Habían conformado un repertorio de hits sesenteros de los Stones y los Small Faces, y temas de rockeros vintage como Chuck Berry, Bo Diddley, Eddie Cochran y Little Richard. La lista estaba condimentada con un paquete de clásicos para expertos, seleccionados de compilados baratos: “Junco Partner” (un standard de New Orleans, en versión de James Wayne), y “Willie and the Hand Jive” del director de orquesta Johnny Otis. En las fotos que sacó Jules Yewdall ese año, Joe tiene un look magnífico: es un “greaser” total, con camisa negra, jeans rectos, jopo largo y patillas enormes.

Joe Strummer, el artista, crecía cada vez con más energía.
-Estar sobre el escenario le daba el poder de ser ese personaje diferente -recuerda Dudanski-. Le tiraba cerveza a la gente, enfrentaba al público hostil. Se volvió un frontman poderoso.

A esa altura, Joe, Richard y Micky Foote (el viejo amigo de Joe en Newport), se habían mudado de Walterton 101 a una casa usurpada en calle St Luke. Foote era práctico y habilidoso, y ahora organizaba el transporte y el equipamiento del grupo, y operaba la consola en las fechas.

-Joe era buenísimo en lo suyo -dice Micky-. Estaba en un nivel totalmente distinto al grupo de Gales. Estaba desarrollando el estilo que plasmó en los Clash.

El verano [boreal] del ’75, la prensa musical empezó a identificar una tendencia nueva en los locales de Londres de los que formaban parte visible los 101ers. Se trataba de músicos veinteañeros que tocaban un R&B nervioso en tabernas repletas. Se lo llamó “pub rock” por razones obvias. Superficialmente, era pura nostalgia por la energía áspera y primitiva del rock de los ’50. Un antídoto rápido, duro y transpirado para los estilos musicales dominantes de la era: el rock californiano suave de los Eagles y America; los aires de superioridad del pop glam; las obras conceptuales complejas de Pink Floyd y los Who; el rock sinfónico grandilocuente de ELO y Queen. Pero tenía algo más: un sentimiento de desesperación y un deseo primitivo de entusiasmar, que anticipó al punk.

Roger Armstrong, que atendía el puesto de vinilos Rock On, agrega:
-Durante ese período hubo muchas bandas buenas que tocaban una música buenísima. Llevaban la bandera de un rock genuino para la gente común. No se olviden que en esa época el rock, para muchos, eran unas bandas pop plásticas y disfrazadas. Se subestimó enormemente la influencia del pub rock sobre el punk.

Con el correr del año, se extendió la reputación de los 101ers como una experiencia electrizante en vivo. En agosto, NME los elogió por su espíritu rockero, sin dejar de resaltar su falta de refinamiento musical.

Lentamente, su set se llenó de temas propios, en su mayoría escritos por Joe, aunque las canciones se trabajaban de manera democrática en los ensayos, y por lo tanto eran composiciones grupales. La mayoría de las canciones eran de rock bastante estándar, con una onda estadounidense, de autos y chicas.

 

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