“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 8.1

14 Sep

8.1 La conquista del oeste
TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

Después de la separación de los Sex Pistols, Malcolm McLaren y Bernie Rhodes se volvieron a unir. Lo que pasó en la primavera y principios del verano boreal del ’78, insinuó que estaban conspirando para resucitar la energía anárquica del ’76. La paranoia era endémica. Al volver de Jamaica, en abril del ’78, John Lydon empezó a invitar a Paul Simonon a su casa de Chelsea. Johnny Green acompañó a Paul. Lydon señaló el rincón, donde había una pila de cajones de Guinness, y dijo:
-¡Eso es el éxito, Paul!

Le pidió a Paul que llevara su bajo. Eso causó sospechas. En esa época, Lydon estaba reclutando músicos para su grupo nuevo: PiL.

-Sí, tuve una etapa en que me juntaba con John y llevaba el bajo -explica Simonon-. Poníamos discos de reggae. No era para intentar formar una banda. Era simplemente para ver cómo andaba John.

En julio, la CBS lanzó “White man in Hammersmith Palais” / “The Prisoner”, y la banda salió de gira, llamada On Parole (En libertad condicional). Las fechas fueron promocionadas por una nota de tapa de Sounds, con una foto del grupo disfrazado, sacada por Chalkie Davies. Joe tenía una media en la cabeza, como un asaltante de bancos. Paul era un oficial de la Wehrmacht, con una Cruz de Hierro, aunque un pin del MPLA tapaba la insignia Nazi. Mick tenía un traje militar como el de Jimi Hendrix, y Topper se vistió con su traje de Bruce Lee. Los críticos del grupo tuvieron un día de disfrute:

-Los Clash se sabían vestir bien. Ahora se vestían para la mierda -dice Jon Savage.

THE-CLASH- disfrazados 1978

La gira resultaría ser la más violenta hasta ese momento. En las provincias, el punk era una energía poderosa y positiva para el cambio, pero también se había vuelto sinónimo de un comportamiento estúpido, y de gente que se ponía alfileres de gancho en las fosas nasales. “New wave” se volvió un término abarcador para los grupos formados en las secuelas del punk. Tanto Sham 69 como los Lurkers, Stiff Little Fingers, los Undertones y 999, sacaron sus discos debut a fines del ’77 o en 1978. Hasta Mick Jagger se cortó el pelo bien corto. El énfasis del punk en la juventud, tuvo un efecto Fuga en el siglo XXIII: si tenías más de 30, era lo mismo que estar muerto.

El 4 de julio en el Glasgow Apollo, los patovicas le pegaron a los pibes del público. El reci está documentado en Rude Boy. Joe se baja del escenario para protestarle a los de seguridad. Mick, furioso, grita: “¡están bailando, no peleando!” Paul trata de seguir solo con “Janie Jones”. Después del show, detuvieron a Joe por romper una botella. Paul lo fue a auxiliar.

-Corrió y quedó atrapado entre los policías -recuerda Johnny Green.

Paul y Joe se pasaron la noche en la celda, animados por una bolsa de anfetaminas escondida en uno de sus numerosos bolsillos con cierre. A la mañana siguiente, los imputaron.

La fecha del sábado 8 de julio en Crawley, fue otra carnicería. Un gran contingente de skinheads se había tomado el tren desde Londres. Merodeaban entre el público, se le paraban cara a cara a la gente, le pegaban a cualquiera que no les cayera bien, al azar. La banda soporte era Suicide, un dúo neoyorkino con sintetizadores. Durante su presentación, un skinhead se subió al escenario y le pegó una piña en la cara al cantante Alan Vega, rompiéndole la nariz. Había sangre por todas partes. El resto del show se arruinó por las peleas. Mark Hagen, ahora productor de la BBC, estaba ahí. Lo describe como el reci más aterrador de su vida. A la salida, recuerda que en la estación de Crawley se encontró con unos 100 teds que esperaban en la plataforma a los punks, que eran en su mayoría estudiantes adolescentes.

Alan Vega

Como en las giras anteriores de los Clash, al final de cada noche había una política de puertas abiertas. El grupo correspondía la lealtad intensa e inquebrantable de sus seguidores permitiéndoles charlar con ellos y firmándoles discos y posters. Joe (como testifican todos los que lo conocieron alguna vez), se interesaba genuinamente en las experiencias de los fans. Hablaba durante horas, le prestaba atención a la gente y los hacía sentir los más importantes del lugar. Era un regalo extraordinario. A Mick le gustaba hablar de música o política. A Paul y Topper también. Le daban cigarrillos y tragos de su cerveza a los fans.

-Nunca hubo una banda en la historia del rock, que tratara a sus fans tan bien como los Clash -dice orgullosamente Johnny Green-. Nunca los escuché quejarse ni una sola vez de tener que quedarse a charlar con los pibes después del show. Es más, estaban ansiosos por conocerlos.

A mitad de la gira, el guitarrista de los Pistols, Steve Jones, empezó a aparecer por sorpresa para subirse a tocar en los bises del grupo. Los Clash empezaron a ensayar “Pretty Vacant” de los Pistols, como final especial. El formato con tres guitarras sonaba impresionante. Mick empezó a preguntarse si Bernie y Malcolm estaban planeando un golpe maestro.

-Había ideas de que hubiera un intercambio de integrantes entre los grupos, y eso a Joe nunca le gustó -recuerda Simonon-. Mick se sentía incómodo porque Steve Jones aparecía todo el tiempo. Debe haber sentido que Steve lo estaba por destituir.

La táctica de Bernie siempre había sido “dividir y controlar”. Hasta la actualidad, nadie está muy seguro de qué se trataban las apariciones improvisadas de Jones. Sólo hay cuchicheos indefinidos que dicen que McLaren y Rhodes estaban tratando de sacudir el avispero. Steve afirma tajantemente que nunca formó parte de ningún plan secreto. Lo que es seguro es que habían elegido el momento justo para incomodar a Mick. Él estaba pasando por lo que los demás llamaban su etapa de “perro faldero”. Decir que en esa época no era popular dentro del grupo, es malinterpretar la dinámica de los Clash. Todos los demás han admitido que se estaba volviendo “un poco complicado”, pero ahora se veía en el rol de un Cesare Borgia punk, y temía un complot para derrocarlo.

Unas de las mayores discusiones eran por las desvergonzadas aspiraciones de Mick como estrella de rock. Admitía alegremente que tomaba cocaína. Le gustaba parar en hoteles buenos y tener chofer.

-Tenía un estilo de vida muy distinto a los demás -explica Johnny Green-. Joe vivía tranquilo con sus libros, y Paul disfrutaba de un estilo de vida muy privado y rico culturalmente, con Coony.

En la gira Get Out of Control, Roadent había notado que Mick se había empezado a poner “introvertido”. Esto es significativo, porque marca un punto donde Jones parecía profundamente afectado por las presiones artísticas que se habían apilado sobre él. Esta preocupación por su oficio, que se expresaba en momentos de introversión silenciosa y malhumorada, se volvería una característica de su personalidad, hasta su partida del grupo. Es un rasgo común de los artistas, desde Charlie Chaplin a Ted Hughes a John Lennon y Tony Hancock. Todos ellos, como Jones, sufrían una ansiedad profunda por su obra.

Después de todo, Mick ahora componía música en los plazos indicados por otra gente. El material que estaba creando, era más complejo que nunca: un entretejido de sobregrabaciones de guitarras, coros, bajo, puentes y armonías, era todo su dominio. Resolver esto le llevaba tiempo y energía mental. Su comportamiento parecía insinuar que requería espacio. Strummer era otro creativo depresivo clásico, pero parecía soportar mejor el estrés del proceso artístico. Muchas veces no terminaba las letras, o ni siquiera las escribía, hasta que se preparaba para hacer las tomas finales en el estudio. Gran parte del trabajo de Mick tenía que estar listo incluso antes de que las canciones llegaran al ensayo. Las expectativas le pesaban mucho sobre los hombros.

-Creo que 1978 fue un año crucial -dice Johnny Green-. Los Clash la habían pegado en el sentido de salir en la tapa de NME y llegar a un público amplio, pero ¿eso qué quiere decir? Paul parecía disfrutarlo. Era el más hedonista en el sentido de obtener placer de una situación. Joe renegaba pero se ponía a la altura de la circunstancia. Pero para Mick, creo que era una responsabilidad más grande de la que se había imaginado. Y se la tomó con mucha seriedad.

Caroline Coon notó que el cambio de personalidad de Mick, se relacionaba con una ambición descarada:

-Jonesy quería salir en Top of the Pops, porque era el lugar para llegar a las masas -dice ella-. El pensamiento de Bernie era anticuado. No entendía a la televisión como medio. Ahí todo es falso, por más que toqués en vivo o no. Pero me gustaba que Jonesy fuera como una diva. Las divas son bárbaras. Parte de la banda tenía el concepto de que estaba mal aceptar la fama abiertamente. Pero Mick no. El problema era más su inseguridad. A veces era difícil hacerlo subir a tocar. Lo superaban tanto los nervios, que hacía cualquier cosa para postergarlo. “El escenario es malo; el faso es malo; no puedo tocar”.

-Hay que recordar que era joven. Tenía 22 o 23 -dice Johnny Green-. El punto es que los seres humanos muy maduros y equilibrados, no tienen la ambición y el empuje que tenía alguien como Mick Jones. A veces era un divo hecho y derecho. En el auto quería sentarse siempre en el asiento delantero. Nunca cedía. Pero con esa terquedad venía una mentalidad decidida y cierta energía.

Frecuentemente, Joe y Paul le discutían a Mick su comportamiento decadente y poco punk en comparación.

-Él respondía “¿y qué?” -dice Green-. Y la cosa no pasaba de ahí. Es interesante. Quizás aceptaban que era todo parte del paquete. La gente de afuera veía a Mick como una persona insolente y egoísta, pero nosotros lo veíamos como un tipo muy enfocado y trabajador.

El pelo de Mick se había vuelto un distintivo de su estilo de vida rockero.
-Noté que mientras mi pelo y el de Joe se habían vuelto más cortos, el de Mick estaba más largo -sonríe Paul.

Su negación a amoldarse a la ortodoxia punk del pelo corto, parecía reflejar su actitud hacia la postura disciplinaria de los Clash.

El distanciamiento y la falta de puntualidad de Mick, cada vez más grandes, causaban brotes. Durante la grabación de “Clash City Rockers” a fines del año anterior, Paul y Mick habían llegado a las piñas. A principios del ’78, Sandy Pealman fue a ver un ensayo del grupo en el 100 Club, y se dio con que Mick y sus equipos no estaban por ninguna parte. Le explicaron al productor que los demás estaban “chivos con él”, y que lo habían echado. En el lugar de Mick, había otro guitarrista: Steve Jones. Al preguntarle qué pensaba de la expulsión de Mick, Sandy sugiere que “quizás fue porque él quería ser como Mott the Hoople y los otros no”.

Johnny Green cree que las versiones de la expulsión temporal de Mick (si es que fue eso), son una exageración. Desde los primeros días, la relación entre los Clash fue inestable. Ahora parecía que la tensión que amenazaba con dividir al grupo, era exactamente lo mismo que los mantenía unidos.
-El grupo seguía siendo bastante sólido en esa época -afirma Johnny.

-Esa época fue mala -dice Robin, cuyo humor, entusiasmo y disparates entretenidos ayudaban a mantener el ánimo del grupo-. Había días en que Mick no le hablaba a Bernie, Joe no le hablaba a Mick, Paul no le hablaba a Joe. No era una época feliz para ellos.

Posiblemente por instrucciones de Bernie y Malcolm, o según sostiene él, puramente por voluntad propia, Steve Jones estuvo de nuevo en las últimas fechas de la gira On Parole, en el Music Machine de Camden, al igual que Jimmy Pursey. Las fechas fueron un regreso triunfal a casa. Le permitieron a los fans entrar por las ventanas de los camarines del primer piso, y las guitarras de las bandas soporte terminaron en las casas de empeño. El clima electrizante del lugar se amplificó por la inevitable violencia al azar. Al igual que en Glasgow, los patovicas se la agarraron con el público punk.

-Pete Silverton [un periodista musical] y yo estábamos parados charlando y vinieron dos patovicas y nos pegaron. Nos tiraron literalmente al piso, así de la nada -recuerda Roger Armstrong-. Ni siquiera estaba tan lleno; fue al principio de la noche. Vino Topper directamente y nos dijo “Déjenmelos a mí, yo sé karate, me voy a encargar de ellos”. Le dijimos “¡No! son grandotes”. Era un personaje chiquito y valiente.

Esa noche, en la consola, había un DJ bolichero que se volvió una fija en las giras futuras de los Clash: Barry Myers. Era un aficionado al reggae, el rock de garage, el rockabilly, el punk y el soul, que estaba haciendo una reseña de las cuatro fechas para Sounds, pero logró convencer a Bernie de que lo dejara pasar música.

-Lo que me alentó a insistirle más, fue que la primera vez que hablé con Johnny Green, me dijo “Joe quiere que sepas que la música que pasás está bárbara” -recuerda Myers.

La gira On Parole tuvo otras confusiones. David Mingay y Jack Hazan seguían haciendo tomas para Rude Boy. El proceso era, coincidentemente, caótico. No había plan de rodaje, y el asunto empeoró por la tensión entre el grupo y Bernie. Ray Gange se encontraba en un papel cada vez más incómodo. Era fan y seguidor de los Clash, y ahora era protagonista de una película que al grupo, como mucho, le causaba indiferencia.

-Cuando David Mingay me buscó, pensé que iban a ser unos tres días de trabajo -recuerda Gange-. Joe me dijo que iba a ser divertido, así que me dejé llevar. No lo hubiera hecho si no me hubiera alentado Joe. Pero no había un concepto de decir “Bueno, queremos que hagás de tal tipo y va a pasar tan cosa”. Cada dos o tres días tenían otra idea y entonces me decían “Te vamos a filmar haciendo tal cosa o tal otra, te vamos a filmar viviendo en un edificio en el que no vivís, te vamos a filmar anotándote para cobrar un plan, te vamos a filmar haciendo dedo para ir a un reci de los Clash”. No había ninguna secuencia; no había línea argumental. No tenía sentido. Había muchos problemas entre el manager de los Clash y los realizadores -añade-. Como los cineastas me pagaban, me exponían a su versión de los hechos, y eso contradecía lo que yo quería hacer. Yo prefería juntarme con los Clash. No trabajar para ellos, sino solamente juntarme con ellos. Eso generó una tensión entre el grupo y yo.

-Le decíamos a Bernie “¿Por qué hay un equipo de filmación?” Pero Bernie nunca nos daba la información que necesitábamos. Nunca sabíamos qué estaba pasando -dice Green.

Los Clash le expresaban sus sentimientos a los cineastas de distintas maneras. En el Apollo de Glasgow, Mick le rugió a Jack Hazan “¡Bajate del puto escenario!”. En la película, esto se editó como si le gritara a Ray Gange, que conectaba torpemente unos cables. Paul actuó de manera más flemática, literalmente:

-Simonon me hizo una seña para que bajara la ventanilla y me escupió en la boca -recuerda Hazan-. ¡Increíble! Se pasaron del límite. Johnny Green estaba agotado. Mick era muy disciplinado, cuando aparecía. Joe era muy enérgico, pero con él nunca sabías dónde estabas parado. Nuestra relación con grupo era sólida, pero no muy amistosa. Si vemos hacia atrás, estábamos siendo testigos de su separación. Se ponían nerviosos entre ellos. Era una sensación. La actitud de Mick era distinta a la de Joe. Joe tenía el pelo corto y un diente partido. Mick quería ser más glamoroso.

Cuando los Clash finalmente pararon de girar, empezaba agosto. Habían planeado lanzar el segundo disco en septiembre, pero estaban lejos de terminarlo. La NME se estaba poniendo impaciente, como el resto de Gran Bretaña. La verdad era que no estaba todo bien. Pearlman lo niega, y el recuerdo del grupo es borroso. Pero según una entrevista de Mick con Nick Kent a fines de ese año, parece que en la CBS no estaban demasiado impresionados con las grabaciones nuevas. A Muff Winwood y Jeremy Ensall, del sello, les pareció que el material tenía “poca sustancia”, y estaban probando hacer sus propias mezclas. También había problemas con la voz de Joe: se resolvió que la mayoría de los estadounidenses no iban a entender nada de lo que cantaba. Uno de los objetivos primordiales, desde el punto de vista de la CBS, era hacer que el disco fuera aceptable para el mercado estadounidense.

La actitud de la discográfica inevitablemente abolló la confianza de Pearlman. En una movida que casi seguro fue política, el productor usó su influencia para llevar la producción a su estudio favorito: The Automatt, en San Francisco. Esto le quitó el control a la CBS británica. Si el álbum resultaba aceptable para los amigos de Pearlman de CBS/Epic de New York, entonces las mezclas de él iban a quedar en el disco. Llevándose el operativo a Estados Unidos, Joe y Mick también se alejarían de la fricción constante y las psicopateadas de Bernie, y de las distracciones por el rodaje de Rude Boy (el equipo de iluminación desafinaba las guitarras, por ejemplo).

Mick lo describe como un “secuestro”. La banda más querida del punk de Inglaterra se iba a terminar su segundo disco a la casa del flower-power; la soleada Costa Oeste de Estados Unidos. Una vez más, Paul y Topper, que ya habían terminado sus partes de bajo y batería, se tuvieron que quedar en Londres.

-Desafortunadamente, creo que la realidad es que en ese momento la empresa discográfica manejaba las cuerdas financieras -dice Paul-. Supongo que como Joe y Mick eran los compositores principales, la CBS nos vio a mí y a Topper como una sobra innecesaria.

Topper se mudó de su departamento de calle Queens (Finsbury Park) a Pindock Mews 8 (Maida Vale). Los habitantes anteriores habían sido Sid Vicious y Nancy Spungen, que se habían ido de Londres para tener una vida nueva en New York. El baño parecía una obra roja y espantosa de Rauschenberg. Sid y Nancy habían chorreado el techo y las paredes con jeringas llenas de su propia sangre. Baker, que no bebía ni se drogaba, se negó a limpiarlo. Convencieron a Johnny Green de que se encargara. La casa de Pindock Mews estaba llena de la mala energía de los drogones. Al poco tiempo se le pegó a Topper Headon. Él también estaba probando cocaína y, cuando se daba la oportunidad, heroína.

Pindock Mews 8

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