“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 8.2

15 Sep

8.2  Adiós a Bernie
TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

A principios de agosto, Joe y Mick se tomaron un vuelo a San Francisco.
-Siempre soñamos con ir a Estados Unidos -dice Mick-. Nunca quisimos ser una bandita pueblerina.

El estudio The Automatt estaba en calle Folsom, no muy lejos del muelle. Era una zona de galpones viejos y edificios industriales, poblada de artistas en apuros y bohemios. Había racimos de tiendas, boliches sórdidos y bares con mucho cuero.
-En esa época era una zona un poco áspera, poco residencial -dice el periodista Howie Klein.

Mick y Joe se alojaron en un hotel del Barrio Chino. Alejados de las presiones intensas de Londres, se relajaron y disfrutaron de su compañía mutua. Estaba cálido y soleado. The Automatt tenía una rockola bárbara, llena de soul, R&B y rock and roll vintage. Entre los favoritos de Mick y Joe, estaban: “(Sittin on) The dock of the bay” de Otis Redding, y “I fought the law” de Bobby Fuller Four, compuesta por el guitarrista Sonny Curtis, de Buddy Holly and the Crickets.

A Mick y Joe, Estados Unidos les pareció intensamente fascinante. Habían visto San Francisco en Bullitt y en montones de otras películas, y ahora estaban ahí. La ciudad tenía un ambiente musical vibrante. En bares y lugares chicos de toda la ciudad, descubrieron artistas cuyos discos habían comprado cuando iban al colegio.

-Estábamos de fiesta -dice Mick-. Era como una resaca de los ’60. Tocaba Country Joe and the Fish. De entrada hicimos muchos amigos, como Mo Armstrong, cantante de Daddy Long Legs. Era veterano de Vietnam. Volvió hecho un activista. Tenía esposa cubana y charlamos mucho (no solamente en ese momento, sino 10 años después también), de tratar de tocar en Cuba.

-Se volvieron visitantes ilustres -recuerda Pearlman-; embajadores del ambiente new wave y punk en San Francisco, que era, por supuesto, junto a Inglaterra en general, el ambiente punk y new wave más pujante de todo el universo. Realmente habían llegado al lugar justo.

La pareja compositiva de los Clash se volvió un imán para almas semejantes, marginados, parias y punk rockers. Pearl Gates era del último grupo. Era una cantante de 18 años, mitad filipina, criada en bases de la fuerza aérea estadounidense en Europa. Cuando Ian Dury and the Blockheads giró por EE.UU. en marzo del ’78, Pearl se hizo amiga de Kosmo Vinyl, el agente de prensa del grupo. Ella también era una de los aproximadamente 100 mil estadounidenses que habían comprado importado The Clash. Gates adoptó el nombre “Pearl Harbor” y armó su propia banda punk.

Pearl Gates

-Estaban sentados en el piso del estudio fumando faso y tomando coñac. Parecían sucios y descuidados -recuerda Pearl-. Eran muy graciosos y alegres, y estaban muy entusiasmados porque íbamos a ver juntos a Emmylou Harris. Especialmente a Joe le encantaba el country estadounidense. En realidad creo que Mick fue por Joe, pero se emborracharon mucho y estaban muy contentos e hicieron mucho ruido. Estuvo bárbaro.

Mientras tanto, había trabajo que hacer. Según Sandy, “en el ’78 los Clash tenían mucha plata para comprar equipos”. Él y Mick fueron a comprar una Les Paul vintage del ’54. El productor adquirió dos amplis de luthier. Pearlman tenía además sus ecualizadores gráficos favoritos y un instrumento para “producir sonidos pesados con la guitarra”. La idea era quitar las pistas de guitarra existentes y generar una capa nueva de música. Además, hubo un complejo proceso de edición del material de Basing Street. Por ejemplo, “Tommy Gun” se armó con tres tomas distintas.

Durante tres semanas, Mick y Joe se volcaron de lleno a un período intenso de grabaciones de arreglos de guitarras y voces. Más adelante, Sandy se jactaría de que en este disco había “más guitarras por centímetro cuadrado que en cualquier otra cosa de la civilización occidental”. El crítico Greil Marcus, que estaba escribiendo un artículo para New West, entrevistó a Mick y Joe en el estudio, y escuchó una versión de “Safe European home” que tenía un riff de guitarra tomado de la versión en vivo de “I’ve done everything for you” de Sammy Hagar, que en esa época sonaba por todas las radios de la Costa Oeste. Strummer le dijo:

-Hace seis meses que Sandy Pearlman está tratando de convertirnos en Fleetwood Mac. Creo que se dio por vencido anoche.

Howie Klein recuerda:
-Entré una noche y estaban haciendo la mezcla final de “Safe European home”, mi canción favorita de esa época. Me fui alrededor de las dos de la mañana. Cuando volví cerca de las ocho de la mañana, seguían trabajándola. Estaban todos demacrados. No sé quién, pero uno de ellos me dijo “Escuchá estas dos ¿cuál preferís?”. Escuché las dos versiones y dije “Bueno… esa”. Entonces me dieron la otra y me dijeron “Tomá, quedátela”.

A fines de agosto, le mostraron a CBS/Epic el trabajo sin terminar. Una vez más, parece que no se desmayaron con lo que escucharon. Esta vez, Joe y Mick ya estaban hartos.

-Ya no lo soportábamos más -dice Mick-. Extrañábamos tanto a los otros dos, que queríamos que vinieran. Así que hicimos una huelga.

Se decidió mudar el operativo a Record Plant, en New York, donde Sandy tenía planeado, desde siempre, hacer la mezcla final.

-Joe y yo nos tomamos una semana libre -recuerda Mick- y dijimos que nos íbamos a encontrar en New York. Yo me fui a LA, y Joe cruzó Estados Unidos con Peter Opinga, un tipo muy religioso que leía la Biblia. Ellos dos solos.

Mick se fue en avión a Los Angeles con Sandy, para ver el show de Blue Öyster Cult en el Hollywood Palladium.

Mick se hizo un montón de amigos de la floreciente escena punk de LA, incluyendo a las Go-Go’s, que vivían en Hollywood, en un edificio venido a menos llamado The Canterbury, donde, según Jones, “en todos los departamentos había punks”. El 25 de agosto, se fue de viaje al Valle, a un boliche llamado Azteca, para ver una noche de grupos punk californianos: The Middle Class, Negative Trend, The Dils, The Weirdos. El reci terminó en un disturbio a gran escala. También estaba presente Jon Savage.

-Fue todo un viaje -dice-. Entré a ese boliche y estaba el puto Mick Jones. No hablamos porque no éramos amigos desde hacía bastante tiempo. Me acuerdo que los dos nos pusimos bastante nerviosos cuando entró la cana con sus gases lacrimógenos. Yo no lo podía creer. Creo que el público estaba cantando “White riot”. Fue como que nos salió el tiro por la culata. A él y a mí. Fue una situación muy rara, realmente. El mundo del ’78 era duro. Todos eran pendencieros hasta el orto, y nadie era amable con los demás. Todos la tenían que pelear. El entusiasmo inicial se había terminado, y todos tenían que salir y realmente luchar, no para hacer carrera, sino para que se entienda su punto de vista. De repente había muchas facciones y todos se odiaban entre sí, así que era muy difícil. Yo no me tomaba a personal la actitud de Mick. No me encabronaba tanto. Las cosas eran así. Los grupos no se llevaban bien con los periodistas.

Mientras tanto, Strummer iba cruzando Estados Unidos en una chata Ford. Lo atrapaban las cafeterías de las Badlands, los matorrales interminables y la romántica vida pueblerina de Estados Unidos. Paró en Memphis y se juntó con unos antiguos bluseros anónimos, en calle Beale. Cuando por fin llegó a New York, varios días tarde, la mano derecha de Sandy, Corky Stasiak, lo miró de arriba a abajo y le dijo “¡Loco, te convertiste en Hud!” (el personaje de Paul Newman en un western de 1963).

Paul Newman como Hud (de camisa oscura)

New York era una experiencia totalmente nueva, emocionante y confusa.

-Llegué un sábado a la noche y vi toda su gloria nocturna -dice Mick-. Era fantástico y fascinante, especialmente para alguien como yo, que me había criado viendo tele estadounidense.

Susan Blond, la jefa de prensa de Epic, encargada de los Clash, amadrinó a Joe y Mick y les presentó la reveladora locura callejera de New York. En Record Plant, en calle 44 Oeste, cerca del zumbido de los neones de Time Square, Pearlman decidió que la sala del décimo piso que habían reservado, tenía el mejor sonido ambiente para grabar guitarras, tras probar tres estudios. Allí fue donde Lennon había mezclado Sometime in New York City. Mick grabó los intrincados arreglos finales de guitarra que caracterizarían a Give ‘Em Enough Rope, en una cabinita de vidrio, con una vista imponente de Manhattan.

El grupo bromeaba diciendo que el disco se tenía que llamar “Give ‘Em Enough Dope” (Dales suficiente faso).

Un respiro breve de la rutina de arreglos, llegó de un lugar inesperado. Un día, en el hotel Warwick, Mick recibió una llamada de Nancy Spungen, que le pidió que formara parte de la banda de Sid en su fecha de bienvenida a New York, el 7 de septiembre en Max’s Kansas City. Entre los otros integrantes para el show, estaban varios de los New York Dolls y de los Heartbreakers. Mick estaba reticente, pero Joe lo terminó convenciendo de tocar. El chabón con el que Jones había sabido compartir una casa usurpada en Acton Vale, ahora era una caricatura heroinómana de su personalidad anterior. Mick estaba comprensiblemente nervioso por debutar en Estados Unidos.

-Logramos tocar solamente unas cinco canciones -dice-. Cinco canciones por cinco mangos [18 dólares actuales]. El tiempo entre show y show era una pesadilla. Era intensivo. Sid no estaba del todo presente. Era un tema serio con las drogas. Joe y yo nos mirábamos todo el tiempo, porque no lo podíamos creer. La gente estaba de la cabeza, al límite de lo que se puede estar sin morirse. Nosotros no éramos pesos pesados de las drogas. Teníamos mucho más que eso para compartir.

-Apenas si podían terminar una estrofa -recuerda Bob Gruen-. Sid estaba drogado y era patético. Tocaron 20 minutos y Mick parecía un poco perdido. La banda era ridícula. No había tanta gente. Estaban aburridos hasta el orto, y yo no sabía qué pasaba.

Los días posteriores a esa presentación, se grabaron los arreglos finales para el segundo disco de los Clash. Un negro neoyorkino, alocado pianista de salón, llamado Al Field, grabó inicialmente el piano honky-tonk de “Julie’s been working for the Drug Squad”. Mick y Joe se lo habían cruzado en un bar. Posteriormente, para la desilusión de ellos dos, lo regrabó Al Lanier de Blue Öyster Cult. Stan Bronstein (sesionista veterano de Elephant’s Memory y Lennon) aportó el saxofón para “Drug stabbing time”. Más adelante, Jones diría inexpresivamente “Nos divertimos mucho viendo cómo grababan nuestro disco los sesionistas”. En las últimas sesiones hubo malhumor y tensión.

Al Lanier

A fines de septiembre, Paul y Topper fueron enviados en avión a New York, para escuchar las mezclas finales de Give ‘Em Enough Rope. Mick y Joe, separados de sus compañeros por casi dos meses, los buscaron con fervor por el aeropuerto, como colegas entusiastas pero alejados. La aduana de EE.UU. en un principio se negó a dejar pasar a Paul: lo único que llevaba era su caja de cartón con discos.

A la sección rítmica de los Clash los Estados Unidos también le parecieron electrizantes e irreales, como en la pantalla grande.
-¡Era impresionante! -dice Topper-. No podía creer que se pudiera comer cualquier cosa, de día o de noche. Simplemente con ver los taxis amarillos y a la gente manejando por el otro lado de la calle; los subtes tirando vapor; fue una experiencia totalmente nueva. Los sándwiches submarinos y las máquinas cafeteras. Estaban muy avanzados en comparación a Gran Bretaña. Se podía llamar a una rotisería y encargar comida. Acá no había servicio al cuarto las 24 horas.

-Parecía otro planeta -recuerda Paul-. No tan glamoroso como pensé que sería. Me acuerdo que íbamos caminando por la calle y unos chabones negros vinieron corriendo y nos dijeron “Muchachos, están fantásticos, ¿de dónde son?”. Generalmente nos trataban con indiferencia.

The Clash en el barrio italiano de New York, por Bob Gruen.

 Bob Gruen fotografió al grupo en el barrio italiano y los invitó a su departamento a ver su película de los New York Dolls, uno de los pocos documentos del grupo en su gloria sórdida y agitada. Los cuatro cuartos de los Clash se habían vuelto a juntar, generando ese voltaje único y picante. Esa noche hubo algunas payasadas de Simonon y Headon, como de costumbre, y Gruen se quebró un pulgar.

Cuando los Clash estuvieron otra vez juntos, escuchando los acordes gordos y cautivadores y los arreglos meticulosamente entrelazados de Give ‘Em Enough Rope, se reforzó su confianza en sí mismos. La improvisación vocal en la coda de “All the young punks”, inspirada en el rap de Dillinger en “Cokane in my brain”, causaba piel de gallina:

“Un faso, una libra, media pinta de birra, ¡así se escribe Camden Town!”

La paradoja de que los Clash cantaran sobre su vida en el sucio norte de Londres, estando cómodamente sentados en una sala de mezcla en las alturas de Manhattan, no pasó desapercibido para nadie. Pero esto es lo que tiene para decir Sandy Pearlman:

-Si la gente realmente vive así o no, no importa. Lo que importa es que el vector llega a la cultura; a la movida. Eso es lo importante. No me importa si la gente vive o no como lo dice en un verso. Al mismo tiempo, los Clash, sin dudas vivían como estaban diciendo. Así que no creo que manipularan la información para crear una impresión falsa sobre quiénes eran y qué eran, porque en ese momento era cierto.

El viaje a EE.UU. había vuelto a unir a Joe y Mick. Esto tuvo consecuencias serias para otra fuerza poderosa del cuartel de los Clash: Bernie Rhodes. Su influencia sobre el grupo había sido insignificante mientras estuvieron en Estados Unidos. La prolongada grabación del disco le había generado poco interés. ¿Dónde estaban los arreglos anárquicos y los puntos de vista extraños? Al igual que McLaren con los Pistols, Bernie había perdido lo que más valoraba: el control. CBS/Epic estaba hablando con el grupo sobre una gira por EE.UU. a principios del año siguiente, para promocionar el disco nuevo, y sobre programar el lanzamiento de The Clash para el mercado estadounidense, con una lista renovada de temas.

Hubo un intento de Bernie de dar un último adiós anárquico, pero sus métodos de repente parecieron forzados y anticuados. Programó dos noches en el Harlesden New Roxy, a fines de septiembre, aparentemente sin consentimiento del grupo. Los Clash no pudieron cumplir con las fechas, por los compromisos de grabación de Joe y Mick en New York. Rhodes no aprobaba eso que él llamaba “lujos tontos, como grabar en estudios grandes y parar en hoteles top de New York”. Eso es lo que le dijo a la prensa. Él sabía que eso al grupo le estaba costando un dinero que no había. Headon afirmó que las fechas en Harlesden fueron un intento de obligar a Strummer y Jones a que cortaran su viaje por Estados Unidos.

Artículo que comenta sobre la fecha suspendida de los Clash y el conflicto con el manager.

Rhodes intentó más trucos viejos, y logró algo. Caroline Coon comenta:
-Los Clash estaban discutiendo entre ellos, justo antes de su primera gira por Estados Unidos. Estaban muy descontentos, discutiendo porque el manager le había dicho una cosa a un integrante y otra cosa a otro, y se llamaban por teléfono y decían “Vos dijiste tal cosa de mí”. Paul Simonon vino y me dijo que la gira por EE.UU. se iba a tener que suspender, porque la banda se iba a separar. Esto era una tragedia total. No era necesario. Era mejor cambiar de manager que separarse. Así que le dije a Paul “Si Bernie tiene un colapso nervioso y no lo puede superar, y prefiere separar la banda que admitirlo -esa fue mi interpretación de eso-, entonces que se retire un tiempo”.

Hubo comunicaciones frenéticas entre las dos partes, entre septiembre y octubre. El grupo hizo una gira corta por Europa, y el 28 de octubre, un par de días después de las fechas reprogramadas en Harlesden, surgió la noticia de que los Clash habían echado a su manager.

Bernard Rhodes, el visionario, el representante provocador, el embaucador, el mecánico de Renault y el pensador impredecible, ahora se quedaba en la vía, siendo acusado. Circularon rumores de que le había robado a los Clash. Un comentario obvio después de tantas las discusiones sobre plata, ese año. Pero considerando los acontecimientos posteriores de la historia de los Clash, parece muy poco probable.

El propio Bernie es tajante:
-Yo no les saqué nada. Ellos me sacaron a mí. Yo me gané mi propia plata.

En su partida, le pidió a la Suprema Corte que congelara los bienes del grupo. El grupo contraatacó reclamando que él había incumplido con sus tareas de manager.

Durante nuestra entrevista, le pregunto por qué cree que los Clash lo echaron.
-¡Por la censura que existe en este país, me estás diciendo algo que ni siquiera sabés! -grita-. La discográfica le ofreció plata a los Clash para que me echaran. Los sobornaron. Porque yo era muy peligroso. Eran unos pobres diablos.

Tras considerar al periodista Miles para el cargo, el grupo le pasó a Caroline Coon la responsabilidad de manejar el grupo cotidianamente.

Caroline Coon con Paul Simonon

-Bernie es un personaje complejo que armó esta gran banda, pero no podía seguir -dice Caroline-. Explota, es incoherente e irritable. Podés ser alguien con ideas, pero la banda seguía necesitando “x” cantidad de toneladas de equipamientos electrónicos; necesitaba que le organizaran fechas. En 1978, los Clash querían tocar, así que si no tenían quién los llevara a tocar, los subiera al avión, les hiciera los carnets y las pelotudeces de la aduana, ¿la banda se iba a quedar sentada en su casa? ¿Hablando de qué? ¿De situacionismo? No me permitían llamarme manager -agrega Caroline-. Tenía que llamar a la gente y decir “Hola, soy Caroline Coon, no soy la manager de los Clash”. Era un cargo interino.

Los Clash habían vuelto de Estados Unidos no solamente con un disco nuevo, sino con una nueva mirada implícita. Gran Bretaña no había cambiado en su ausencia, pero ellos sí.

-Fuimos a Estados Unidos, vimos el país y lo comprendimos -dice Mick-. No queríamos triunfar solamente en Inglaterra. Queríamos triunfar en todos lados. Pensamos “ya está”, queríamos que nos escucharan. Nunca pensamos en nada de lo que estábamos haciendo; nunca supimos lo que estábamos haciendo; no teníamos plan; simplemente lo hicimos por instinto. Hablábamos muchas cosas, pero no había plan. Nada más queríamos que los Clash le llegaran a todos.

En New York, Paul -encargado del área visual de los Clash- revisó el negocio de calle Canal, donde Johnny Thunders se compraba botas Hudson de motoquero. Llegaban a la mitad de la canilla y tenían una hebilla robusta y metálica. Paul se compró un par y el resto de la banda hizo lo mismo.

-¡Por culpa de esas mierdas, no tengo pelo en la parte baja de mis piernas! -dice Simonon.

Pronto, el calzado se volvió reconocido simplemente como “Botas Clash” en Gran Bretaña.

Milagrosamente, al volver a Londres, Mick se cortó el pelo. Mientras tanto, Paul empezó a dejarse crecer un jopo. Las fotos que sacó Pennie Smith en el depto de Caroline, frente a un poster que ella y Paul habían comprado en Moscú, muestran a Simonon con un aspecto de aviador estadounidense de Treinta Segundos Sobre Tokio, y a Joe y Mick peinados hacia atrás como los Teddy Boys. La homogeneidad visual de rockero cool americanizado, demostraba que los Clash eran de nuevo una entidad sólida, al menos por un tiempo.

El 24 de octubre, el grupo tocó en el Paradiso de Amsterdam. Feroces, concentrados, pesados, apasionados. Fue, según la opinión de Johnny Green, una de las mejores presentaciones de la historia de los Clash.

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