“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 10.4

19 Dic

10.4 El regreso de Bernie

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

Cuando caminaba por las calles de Notting Hill en enero de 1981, Joe se topó con una silueta familiar, con zapatos creepers azules, afuera de un bar. Desde que se había alejado del grupo, Bernie Rhodes había sido manager de Vic Godard, y organizaba el evento Club Left.

[*Entre 1980 y 1982, Vic Godard y los Subway Sect, junto a Bernie Rhodes, armaron un evento todos los jueves a la noche en el boliche Whisky-a-Go-Go. La banda tocaba jazz lounge bajo el nombre Cool Bop & Swing. El evento se pasó a llamar Club Left, y pasaban swing, cool bop, y un poco de rockabilly y skiffle].

Bernie, a su estilo, roció a Strummer con un torrente de peroratas, diciéndole, de una manera muy entretenida y tremendamente grosera, que los Clash iban por el mal camino. Una cosa que detestaba, era los sombreros que usaban. Le parecía que los hacían ver como una manga de pajeros.

Joe anotó el número de Bernie y le dijo que le iba a pegar un llamado.

El re-nombramiento de Bernie Rhodes como manager de los Clash en febrero de 1981, es posiblemente el hecho más significativo de la última mitad de la trayectoria del grupo. Volverlo a traer estuvo lejos de ser una decisión unánime.

No hay duda de que Mick Jones estaba vehementemente en contra de la reincorporación de Bernie. No se había olvidado de que dos años antes, Rhodes había tratado de poner a los demás en contra suya, posiblemente para echarlo del grupo. También recordaba bien la manera particular de Bernie de hacer negocios. Joe y Paul, por otro lado, ansiaban un poco más de su energía anárquica. Algunas fuentes sugieren que Joe tenía una postura tan firme sobre ese tema, que amenazó con irse si no volvían a contratar a Bernie.

-En eso, yo estaba realmente del lado de Mick -dice Pearl Harbour, recordando una reunión de la banda en el depto de Paul, a fines de enero-. Pero también entiendo que Joe y Paul (que eran muy apasionados cuando querían lograr algo), dijeran “él es el indicado para nosotros, porque es el único que hace las cosas de manera copada y progresiva, en vez de hacerlas al estilo ‘rock star’ tradicional”. La rutina se estaba volviendo cómoda para todos. Quizás demasiado cómoda para Joe y Paul.

Kit Buckler, excompañero de Joe en la facultad de arte, ahora trabajaba en la CBS:

-Joe me lo explicó diciendo que los Clash necesitaban alguien que supiera negociar con la discográfica. No creo que a Joe ni a Mick les resultara fácil negociar directamente con Obie. Creo que Joe pensaba (después de las críticas a Sandinista!), que era mejor tener manager, aunque fuera Bernie. Y creo que estaba tan firme en eso, que si no era capaz de irse. Bernie era el único que podía mantener todos sus egos a raya.

Sin embargo, Kosmo Vinyl, no duda en decir que nunca hubo un enfrentamiento tipo western. Subraya que la relación de Joe, Paul y Mick a veces se basaba en sutilezas, suposiciones y sangre fría.

-La gente de afuera piensa que hay muchos ultimátums -explica-. Pero las personas no siempre dicen “Si hacés tal cosa, yo hago tal otra”. Los Clash se conocían tan bien, que muchas veces no tenían que decir nada. La gente con familias grandes, entiende a qué me refiero. A veces el clima se ponía muy pesado. Entrabas a la sala y lo sentías inmediatamente. Y era un tema jodido.

Ellen Foley – Mick Jones

En esa época, Mick pasaba mucho tiempo en New York con Ellen Foley. Kosmo insinúa que esto le puede haber influído a Mick en su visión del éxito de Sandinista!. En Estados Unidos, el álbum en general había recibido reseñas favorables, incluyendo una de cinco estrellas en la Rolling Stone. Aunque se vendía a un precio recargado de 15 dólares [40 dólares actuales, porque no había ofertas especiales en copias importadas], el disco llegó al puesto 24 en el ranking de ventas de EE.UU. Tres puestos más arriba que London Calling, sin ninguna campaña intensa de marketing por parte de Epic.

Parece poco probable que haya habido algo tan formal como una votación, pero prevaleció la democracia. Mick cedió ante la presión de Joe y Paul y permitió la reconciliación con Bernie. Tal vez sintió que estaba aceptando una eventualidad inevitable. Los de Blackhill se espantaron.

-Volver a convocar a Bernie fue un disparate total -afirma Jenner.

Realmente causa perplejidad que Joe y Paul eligieran reincorporar a Rhodes, después de la relación empañada y la ofuscación financiera de 1977 y 1978. Pero Paul enfatiza que la plata nunca fue un problema.

-Mirá. Bernie nunca nos estafó -dice-. Lo que pasa es que nunca informaba a dónde iba la plata. Para ser honesto, a mi no me importaba una mierda, y a Joe tampoco. Nada más le decíamos “Sí, Bernie”, y firmábamos el papel. Mick era más precavido. Joe y yo confiábamos en Bernie. Hacen falta managers que no sean contadores. Las putas cuentas que se caguen. Al final decíamos “A la mierda la plata. Lo importante es la idea”. Éramos demasiado idealistas.

Esta vez se acordó que Bernie iba a cobrar a partir de las ganancias netas; no de los adelantos.
-¡Lo trajeron con peores condiciones que las anteriores! -aúlla Vic Godard, cuya carrera ahora quedaría en segundo plano.

La reacción de Mick con respecto al regreso de Bernie, se puede medir con una anécdota contada por John Brown (su excompañero en los Delinquents). En esa época, Ian Hunter le pidió a Mick que le produjera una sesión en Wessex. Mick convocó como bajista a John, en un gesto conmovedor que reconocía su pasión compartida por Mott the Hoople en la adolescencia. Pero cuando John llegó al estudio, Mick estaba aislado y distante.

Ian Hunter a la derecha de la foto.

-Mick estaba diferente. Yo supuse que él pensaba “Ya la pegué, ya soy una estrella pop”. Lo sentí un poco sobrador. Fumaba faso empedernidamente y no lo compartía. No se parecía a Mick, y me embolé mucho con él. Ya no era el amigo que conocía. Ignoró a mi hija -añade-. Entró y dijo “Bueno, vamos”. Yo le dije “Esa es mi hija. Tengo una hija, Mick. Tiene nada más que dos meses”. Pero ahora me doy cuenta de que había cosas que andaban mal en su vida, en la banda y en su camino, y ahora me siento un poco mal por eso. Pensé lo peor, pero no era así. Yo no sabía el contexto general.

Es inevitable pensar que el distanciamiento entre Mick y el grupo empezó con el regreso de Bernie. Realmente, parecía que Mick necesitaba cada vez más espacio entre él y los demás. Esto no es muy raro en el rock: en una banda tan intensa como los Clash, es natural que los amigos en común ayuden a aceitar la relación entre los integrantes. En gran medida, este rol le tocaba a Kosmo. Parecía que él tenía un don para mantener el equilibrio del grupo. Calmaba las tensiones internas y los enfocaba en el próximo hecho importante. En broma, le puso un nombre heroico a la misión: “La Cruzada”.

Algunas biografías anteriores han retratado a un Mick que en esa época se estaba yendo a la deriva, a un lugar separado. Kosmo afirma que eso no era estrictamente cierto. Cree que esto surge de un error de concepto más grande, sobre cómo interactuaba el grupo.

-Decir que Mick andaba en la suya, es suponer que los demás estaban todas las noches juntos en el pub -dice-. Lo que hay que recordar, es que Joe vivía en Ladbroke Grove; Mick en New York y Paul en Oxford Gardens. Mick con su mujer en Estados Unidos; Joe y Paul con sus mujeres en Londres. Sus situaciones personales habían cambiado. Había una distancia física entre ellos. Eso cambió la estructura de la banda. Fue así. A eso se le llama “madurar”. No tenés la misma intensidad que al principio. Ya no eran chabones que ensayaban y no tenían nada que hacer. Tenían sus vidas.

El que sí se estaba yendo a la deriva, era Topper. Su estilo de vida estaba dejando huella. Se estaba volviendo cada vez más solitario, y era difícil comunicarse con él. Él es el primero en admitir que no se preocupaba por cuestiones como los managers o las finanzas. Pearl Harbour confirma que él rara vez asistía a las reuniones de la banda.

-Mick tenía su séquito, y yo tenía mi séquito de enfermos -dice-. Yo solamente tocaba la batería. Ojalá lo hubiera dicho más veces en esa época: “No me pregunten nada. Solamente soy el baterista”.

Como los Clash no estaban de gira ni grabando, Topper estaba aburrido. Sus encuentros casuales con las drogas ahora se estaban volviendo un hábito. En enero, le había comprado por 500 libras [3.000 dólares actuales] un par de timbales a algún amigo turbio. Era obvio que eran robados. Los armó en el living de su depto, en Fulham.

-Los toqué toda la semana, con la ventana abierta -explica-. Después leí en el diario que a una mujer de la Nueva Orquesta Sinfónica (NOS), le habían choreado sus timbales. Creí que la Policía Metropolitana iba a entrar reventándome la puerta. Los Clash ya eran importantes, y todos sabían quién era yo. Así que fui corriendo a la casa de la mujer y se los devolví.

Como recompensa, invitaron a Topper a tocar con la NOS en una presentación para el programa The Proms (La Gala), un domingo a la noche. El baterista flaco de los Clash, tocó con alma y vida las campanas tubulares.

El rejuvenecido Bernie no había perdido nada de su electricidad y su ira anárquica, durante su distanciamiento de los Clash. En nuestra entrevista de 1999, a su estilo, criticó duramente la conducta del grupo durante su ausencia, y las circunstancias de su regreso.

-En esa época debían 500 mil libras [3 millones de dólares actuales] -ladra-. Tuve que sacarlos del pozo. Además tenían al maldito Kosmo y sus estupideces. Era el limpiavidrios de Mick, o algo así. Así que tuve que darle un trabajo y convertirlo en un jefe de prensa decente. ¡Ellos no sabían lo que era el hip-hop! ¡Hasta tuve que conseguirles a Guy Stevens!

Por razones poco claras, Epic le cortó el chorro a un proyecto de gira de 60 fechas por EE.UU. para promocionar Sandinista!. Es posible que el cambio de manager haya tenido algo que ver. Kosmo cree que el sello estadounidense seguía considerando que el grupo era una banda de culto. Bernie ni se inmutó. Al volver, su primera Gran Idea, era que los Clash dejaran de hacer giras largas, y en vez de eso, hicieran residencias prestigiosas de una semana en tres ciudades importantes. Los lugares iban a ser New York, París y Londres. El concepto era crear revuelo y “que la montaña fuera a Mahoma”.

Kosmo Vinyl.

El primer encuentro de Kosmo con Rhodes, fue el martes 10 de febrero, cuando volaron juntos a Estados Unidos para armar los shows de New York. Kosmo recuerda la fecha exacta, porque “fue el día posterior a la muerte de Bill Haley“. La dupla no se llevó exactamente bien de entrada.

-Creo que nos estábamos midiendo -recuerda Kosmo-. Fue un comienzo tormentoso, pero llegué a respetarlo de verdad. Es un individuo único. La gente dice cosas buenas y cosas malas. Él es extremista en su visión y en su forma de cuestionar las cosas. Rápidamente descubrí que con Bernard no cuentan los sentimientos. Eso no quiere decir que no sea amable. Puede ser muy amable. Es un caballero. Tenía una actitud de que “para ganar la batalla hay que ser así”. Él vivía para competir y ganar.

Con el regreso de Bernie, hubo un intento de revivir algunos íconos mágicos de la época de London Calling. El grupo volvió a entrar a Vanilla. Enviaron a Baker a ubicar a Johnny Green, que había vuelto de Texas. Querían su caos de nuevo.

Johnny Green.

-Aguanté un solo día con ellos -recuerda Green-. Estábamos Bernie, Kosmo, toda la banda y yo sentados en el White Swan. Dije “Me voy a mi casa y no vuelvo más. Esto está para la mierda. Está totalmente para la mierda”. Dijeron “¿Qué?” y Bernie dijo “¿Qué mierda le pasa a este, Joe?”, y yo le dije “Está para la mierda, pelotudo. Vos estás para la mierda. Están en punto muerto”. Simplemente tuve una mala sensación. Me senté en la sala de ensayo. Yo conocí la época mala, cuando no pasaba nada. Y era así. Parecía que se habían distanciado todavía más de que cuando me fui a Texas. Bernie ahora parecía una figura pequeña y reseca.

El amigo del grupo, Jock Scot, tiene recuerdos más felices de la segunda temporada en Vanilla. Recuerda que fue muy placentero que resurgieran los partidos de fútbol.

La entrevista de Paul Du Noyer con Joe en enero, presenta al cantante como alguien más grande, más sabio y más paternal. Joe estaba en el proceso de sanar las heridas que el punk le había causado a sus amistades. Él y Dudanski estaban trabajando en un lanzamiento oficial del material de los 101’ers, bajo el título Elgin Avenue Breakdown. En las fotos que acompañan el artículo de NME, Joe parece alguien de 38 años, bien mantenido, en vez de un hombre 10 años menor. Las tomas de Pennie Smith, lo mostraban como un Hemingway punk, encorvado sobre una máquina de escribir, con un traje ajustado y un pucho en la mano. Las mangas de su camisa blanca están desabotonadas, y tiene tiradores. En una toma, parece realmente el retrato vivo de Bogart. Strummer parece curtido pero humano; querible, medio loco, y apasionado. Habla de religión (“no creo que sea nacer, morir y nada más”); el paso del tiempo (“cuando era más joven, pensaba que el tiempo era eterno”); Top of the Pops (“una farsa”); el boliche que los Clash alguna vez habían pensado en abrir (“teníamos fichado un lugar, el Lucky Seven, pero el dueño quería convertirlo en un salón de billar”); la política (“creo en el socialismo, porque parece más humanitario. Saquen a Thatcher. Basta de armas. ¿E Irlanda del Norte qué onda? ¿Cómo podés sentir patriotismo si pasa todo eso?”).

Sin embargo algunos sentían que Joe seguía siendo un idealista sin solución, que vivía en un mundo caricaturesco, de policías y ladrones. El primer viernes de abril de 1981, las calles de Brixton se volvieron el campo de batalla entre la juventud blanca y negra, y la policía. El disturbio se desató por la detención de un joven negro como parte de la medida de mano dura contra el delito callejero llamada “Operación Swamp 81”. Ese mismo fin de semana, cientos de skinheads y asiáticos se enfrentaron en Southall.

Poco después, Micky Gallagher visitó a Strummer en su departamento.

-Joe estaba muy animado -recuerda-. Decía “¡Joya! ¡De una! ¡Que el pueblo se levante!”. Estaba todo muy heavy, y yo le dije “¿Entonces qué vamos a hacer, Joe? ¿Una canción sobre eso?”. Para él estaba bien estar en un estudio lindo. No había consecuencias. Pero para la gente de las calles de Brixton había muchas consecuencias. Joe era igualito a Ian Dury. Era de una familia cheta. Todos los punks simulaban ser de clase obrera, y alentaban a la clase obrera, pero no eran de clase obrera. Los Clash estaban ganando plata con todo eso, pero de todas formas se consideraban personas de izquierda.

Los disturbios de Southall y Brixton cumplieron las profecías de Joe del ’76. El “caos político” que predijo, ahora estaba despedazando a Gran Bretaña. La postura belicosa de Thatcher contra los sindicatos, los inmigrantes y los desempleados, estaba tomando envión. Los marginados de la sociedad se sentían victimizados y aislados. Había una percepción entre los fans, de que, en una época en que Gran Bretaña realmente necesitaba a los Clash, ellos siempre parecían estar en Estados Unidos. Los Clash, mientras tanto, estaban refugiados en unos departamentos lóbregos de Fulham y Ladbroke Grove. A Joe le rechazaron un préstamo hipotecario en 1980 y estaba alquilando un depto. Se estaban cansando de las eternas críticas que recibían cuando jugaban de local. Siempre los medían con la vara de las declaraciones que habían hecho en aquellas entrevistas de la primera época, con Mark Perry, Caroline Coon y Tony Parsons. Ahora también parecían ridiculizarlos en cada esquina, por su rumbo musical transcultural.

-Fue muy difícil para nosotros -dice Kosmo-. Teníamos que bancarnos a todos esos tipos con campera de cuero, quejándose de que los Clash tocaran disco. Pero la banda pensaba más allá que el público. Eso es inevitable cuando estás metido realmente en la música. Te metés en las cosas antes que los demás. Después ellos lo pueden llegar a entender más adelante.

Mick estaba frenético, con más ideas musicales, tras su ruptura en New York. Se enamoró aun más del ambiente hip-hop de esa ciudad. En abril, el grupo grabó un tema dance, titulado “Radio Clash”, basado en el concepto de una transmisión de una radio pirata.

El 27 de abril, los Clash salieron de gira por un mes por Europa, para prepararse para su residencia en junio en el Bond’s Casino de New York. Su explomo y confidente Steve Connolly (alias “Roadent”), ahora trabajaba para una empresa de alquiler de equipamientos, y sin querer estaba a cargo del sonido. Fue la primera vez que pasó tiempo con el grupo desde que se fue de la gira Get Out of Control, en el ’77. La primera fecha fue en Barcelona.

A pesar de tantas historias de que el grupo estaba fragmentado, los Clash seguían pareciendo un grupo comando caricaturesco. Estaban enfocados en la cuestión del momento. A excepción de Topper, prevalecía una postura fuerte anti-drogas duras.

-Los Clash funcionaban con cerveza Red Stripe y faso -dice Jock Scot-. Si Mick Jones, Paul o Joe tomaban cocaína, nunca los vi. Y yo estaba ahí siempre. De vez en cuando Topper se iba de la realidad. La cocaína y la heroína nunca eran consideradas como buenas ideas en el grupo, para nada. No podíamos parar de fumar faso y tomar Red Stripe. Mick se habrá tomado una raya de vez en cuando, y Topper tenía una preferencia obvia, pero era prácticamente a puerta cerradas, en sus cuartos, después del reci. Eso me parecía bárbaro. Una actitud muy sana. Kosmo era inflexible con respecto a eso. ¡No iba a tomar cocaína! Lo gritaba las 24 horas.

Jock confirma que Mick seguía propenso a tener brotes de comportamientos excéntricos y terquedad.

-Muy de vez en cuando me dejaba boquiabierto con sus escándalos -dice-. Estábamos en España o en algún lado, con un clima caluroso, hermoso, tocando en el estadio de básquet del Real Madrid, o algo así; una fecha enorme; montones de espectadores, y Jonesy aparecía con un traje blanco, una cámara Nikon grande, y un par de gafas. Siempre tenía mucho estilo. Iba un par de pasos adelantado. La vez siguiente que viajé al extranjero, ¡me puse exactamente lo mismo! De repente él decía “Quiero huevo con papas fritas”. Todos le decían “Mirá, estamos en España, no tienen huevo con papas fritas”. Pero Mick estaba decidido: “Quiero huevo con papas fritas o no toco”. Había que sacarlo en vehículo del estadio, buscar un bar, o algún lugar y decir “Hola, venimos de Ladbroke Grove y queremos papas fritas con huevo frito para el tipo con la cámara y el traje blanco. El de sombrero”.

¿Y los demás?
-Paul era fachero, se quedaba sentado y observaba todo. Un gran pensador -explica Jock-. Después te encontrabas a Joe en su cuarto, aprendiendo a presentar las canciones en español. Topper andaba caminando con sus botas con espuelas, custodiado por alguna loca. Se escuchaba cuando andaba por el pasillo, por semejantes espuelas. Así eran de dispares los personajes. Era divertido. No podía parar de reírme todo el tiempo. Eran un grupo fantástico de chabones.

[Foto: los Clash en Milan, 1981, por Janette Beckman]

Al final de la gira, los Clash volaron directamente de Italia a New York, para los shows que muchos consideran los más importantes de su trayectoria. Por un momento, dejaron sus problemas de lado.

-Cuando todo se nos ponía en contra, teníamos un dicho -dice Kosmo-. Decíamos “Podría ser peor. Podríamos ser The Jam“.

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