“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 11.2

23 Ene

11.2 New York, New York

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

El grupo llegó a New York a mediados de noviembre. Mick se quedó con Ellen. Mientras tanto, Joe, Paul y Topper se alojaron en el Hotel Iroquois, donde James Dean había vivido a principios de los ’50. Joe y Paul se hicieron cortar el pelo con el peluquero de la recepción, que recordaba cuando le había podado el jopo a Dean. Nadie estaba muy seguro de en qué parte de los dos últimos pisos se alojaba el actor, así que cada un par de días, Joe se cambiaba de cuarto para asegurarse de dormir en la cama de James Dean.

El alboroto intenso de la ciudad seguía estando desde las presentaciones en Bond’s.

-Eran los leones absolutos de New York -afirma Digby-. No me había dado cuenta del aprecio popular ridículo que nos tenía la gente común. Le podías decir la palabra “Clash” a dos muchachos de una frutería, y nos habían escuchado nombrar. Ninguna puerta de la ciudad estaba cerrada para nosotros. Pero a cualquier hora podíamos hacer lo que quisiéramos. ¡Qué lugar bárbaro para estar, en vez de Londres! New York estaba helado, pero era un lugar muy divertido donde no había que poner un mango.

El armado en Electric Lady fue igual que en Sandinista!: Mick era el productor de facto; esta vez con Jeremy Green como técnico de grabación. Tymon Dogg estaba en la ciudad, haciendo algunas fechas en el Peppermint Lounge, y los Clash lo fueron a ver. A principio de año, él y Joe habían abierto juntos una casa okupa, frente al Museo Británico, pero se mudaron después de tener “algunos problemas con unos chabones”. Ahora Tymon vivía en New York. Lo invitaron nuevamente al estudio, y se quedó durante las sesiones, acompañado por otro viejo amigo: Micky Foote.

-Era como que decían “¿Por qué está ahí? ¿Qué hace Micky Foote en el estudio? ¿Quiere un cheque? ¿Qué quiere?” -cuenta Micky Foote riéndose-. Estuve presente en el último disco y en el primero. Qué paradoja. Joe tenía una carpa en medio del estudio, hecha con parlantes y sábanas. Había que trabajar, había que hacer un disco. Por eso Combat Rock fue como una batalla. Mick quería componerlo, ser el protagonista, producirlo, ser prensa, ser manager. No se puede hacer todo.

Fue cuando Tymon estaba boludeando con el flamante sintetizador de guitarra de Mick, que a Joe se le ocurrió el título “Rock the Casbah”.

-Enchufé mi violín a esa cosa, y empecé a tocar escalas de Oriente -recuerda Tymon-. Joe empezó a gritar “Rock the Casbah!”, pero yo no lo escuchaba bien. Yo pensé que decía “Stop, you cadger” [¡Pará, parásito!].

[ Escuchá acá el tema “con escalas de oriente” que surgió de las sesiones con Tymon Dogg, pero que al final no entró al disco:]

La inclinación de los Clash a tocar canciones más largas y rítmicas, provocó que Bernie se quejara de que “ahora todo es una raga” [música india]. Joe se volvió al Iroquois esa noche, y escribió: “El rey le dijo a los hombres de la bolsa: tienen que dejar la raga”. Luego convirtió eso en una letra sobre la prohibición de la música pop en los regímenes religiosos extremistas. Triste y absurdamente, en años recientes se la malinterpretó como un alegato anti-árabe más amplio.
Mientras tanto, Topper estaba perfeccionando una piedra preciosa.

-Solamente me acuerdo de que él estaba sentado al piano, tocando un fraseo -recuerda Digby-. Me dijo “¿Qué opinás de esto, Digs?”. Le dije “Sos un chabón inteligente”. Se volvió su tema, totalmente por accidente. Le agregó el bajo y la batería, y sonó estupendo. Hizo todo solo. Se lo presentó a Joe con una letra empalagosa que hablaba de que extrañaba a su novia. Joe solamente le echó un vistazo a la letra y dijo “¡Qué increíble e interesante!”. Hizo una pelota con el papel y lo lanzó por detrás de su cabeza. ¡La cara de Topper! Joe le dijo “Mirá: yo escribo las putas letras. Ya tengo una letra que va a encajar ahí”. Y eso fue lo que resultó ser “Rock the Casbah”.

Las sesiones eran intensas. Tymon recuerda que se fue a las 2 de la madrugada y Mick y Paul se quedaron trabajando en una mezcla de “Know your rights”, y a las 10 de la mañana del otro día se los encontró todavía discutiendo sobre eso, “muy calientes”. Paul comenta:

-Qué cantidad de tiempo que pasamos en estudios caros discutiendo sobre el volumen del bajo. Yo quería que fuera más estilo reggae, con el bajo fuerte y mucha profundidad. Para mí el bajo tenía que hacer algo distinto de lo que decía Mick.

El régimen permitía un poco de descanso y recreación. Los Clash salían a boliches de trasnoche y estaban codo a codo con las celebridades de NY: Grace Jones, Warhol, De Niro, John Belushi. El AM/PM seguía siendo un antro popular, y también el bar University Plaza. Topper bebía en el viejo lugar favorito de Dylan Thomas: la Taberna White Horse, en la calle 11 Oeste, de Greenwich Village. Se estaba volviendo presa del ambiente heroinómano de la ciudad. Era más fácil conseguirla y más pura que en Londres. Nunca la consumía de manera intravenosa; sólo la fumaba o la aspiraba. También tomaba enormes cantidades de cocaína.

-Yo supe que Topper tenía un problema cuando le presté un billete de 5 mangos en Electric Lady, y me lo devolvió enrollado -recuerda Tymon.

Topper seguía consumiendo drogas alejado del grupo. Los plomos daban por entendido que en la organización de los Clash no se aceptaban las drogas duras. Si Bernie o Kosmo te encontraban tomando un polvo, significaba un despido instantáneo. Pero había un grado inevitable de consumo clandestino. Estaba arraigado en la cultura. Por lo tanto a Headon le advirtieron que no saliera con el personal técnico. No hizo caso.

Es posible que la banda y el manager no estuvieran al tanto de lo seria que se había vuelto la adicción de Topper.

-Yo tenía la reputación de ser antidrogas -explica Kosmo-. Así que yo no era una persona a la que le iban a hablar de la cocaína y la heroína. Algunos deben haber estado al tanto de que la situación de Topper estaba peor que antes, pero no me contaban. Era onda “Oh, no. Kosmo nos va a hartar 20 minutos hablando de que la cocaína le cagó la carrera a los Faces“.

Por petición de Joe, Allen Ginsberg cayó a las sesiones con su viejo amigote Peter Orlofsky, y le agregó un recitado a “Ghetto defendant”. El Papá Beat intercambiando frases con el poeta punk. La canción hablaba de la heroína en las villas, que minaba la voluntad de organizarse políticamente. Ginsberg había investigado la escena punk, e incluyó frases como “bailen como gusanos” y “hagan slam”.

La música de Sandinista! tenía un pastiche de elementos: un rap, un experimento dub, un jazz, un funk, un rockabilly. Lo que Charles Shaar Murray alguna vez describió como “turismo musical”. Por lo contrario, el material que emergió de las sesiones de Combat Rock era un híbrido total y sumamente original: era un resultado de que la mayor parte estaba armada colectivamente. El ánimo musical predominante, es el funk-reggae acuoso. Hay reminiscencias de Gil Scott Heron, Tom Waits, Lee Perry, Van Morrison y Perez Prado. El tema central del disco rápidamente pasó a ser Vietnam y la decadencia moral de Estados Unidos. Apocalipsis Now había causado un enorme impacto en los Clash. Su influencia fue mucho más allá del título de “Charlie don’t surf” [Los vietnamitas no surfean], la famosa observación del fervoroso comandante de caballería interpretado por Robert Duvall.

La odisea selvática y psicodélica de Francis Ford Coppola se volvió parte de una pila de películas que trataban de encontrarle el sentido a la derrota de los EE.UU. en el sudeste de Asia, y al trauma de la contienda selvática, que había destrozado a los jóvenes conscriptos: Coming Home [estrenada en Argentina como “Regreso sin gloria”], Los Chicos de la Compañía C, The Deer Hunter [“El francotirador”], First Blood (la primera de Rambo), e incluso Taxi Driver. Estas invertían la tontería ultranacionalista de Boinas Verdes de John Wayne, de una década antes. La idea de que el veterano de Vietnam era un patriota convertido en marginal por su propia sociedad, estaba entrando a la cultura popular. El personaje Rambo de Sylvester Stallone, se volvió un símbolo de una subcultura nueva: los guerreros nobles y desposeídos, que no lograban reintegrarse a su patria de postguerra. Las canciones nuevas hacían referencias numerosas a la guerra y sus veteranos. Las memorias de Vietnam de Michael Herr, Dispatches [“Despachos de guerra”], eran unas de las favoritas de todos los Clash. Herr había escrito el guión de Apocalipsis Now, y luego iba a hacer lo mismo con Full Metal Jacket [“Nacido para matar”] de Stanley Kubrick. En su libro, las extraordinarias anécdotas de atrocidades, las mutilaciones como trofeo, la compasión, el agotamiento y la locura en la selva, claramente dejaron una impresión profunda en Joe.

“Sean Flynn”, un cuasi-instrumental flashero, recibió el título por el hijo de Errol Flynn, que estuvo en Vietnam al mismo tiempo que Herr. Flynn, escapando de la sombra de su padre en Hollywood, buscó seguir una carrera como fotógrafo de guerra, y era famoso por meterse a la batalla en una motocicleta Honda. Posteriormente, desapareció en acción. Joe entendía la necesidad de hacer algo por tu vida: “Él escuchó los tambores de la guerra” -gime-. “Cada hombre sabe lo que busca”. Joe también aporta una imagen compasiva de los jóvenes cuyas vidas se habían terminado o arruinado en la batalla. La primera estrofa de “Car jamming” [Embotellamiento], cuenta la historia de un “chico tímido de Missouri, cuyas botas volaron en la guerra de los ’60”, que cuando regresa a casa se vuelve un asesino. “Inoculated city” opina solemnemente: “a cada golpe de la campana en la torre, ahí va otro chico de otro lado”.

Al interesarse por la política exterior pasada y presente de EE.UU., Joe pudo endurecer su postura política de izquierda. En una entrevista con Sounds de principios de ese año, habló del tumulto de El Salvador, y de que respaldaba a los rebeldes comunistas, porque prefería “que sea uno para todos y todos para uno, en vez de los putos peces gordos de ahí arriba, que mientras nosotros nos rompemos el lomo nos cagan encima”. También fue franco al hablar de su rol como cantante de protesta occidental y comercialmente exitoso, en vez de un soldado revolucionario en el frente de batalla: “Yo sé que estoy para cantar -dice con sinceridad-. No estoy para morirme en la selva de El Salvador”.

La postura antiguerra de Joe, llegó a su epifanía artística con “Straight to hell” [Directo al infierno], una visión poderosa e incriminatoria sobre el legado de Vietnam, con la frase escalofriante dirigida a un hijo de la guerra, de un estadounidense con una asiática: “Dejame que te cuente sobre tu sangre, pibe de bambú: no es Coca-Cola, es arroz”.

Digby fue testigo de la génesis de la canción:
-La mayor parte se grabó en un día -dice-. Fue el día anterior a Fin de Año de 1981, cuando nos teníamos que tomar el vuelo para irnos. Fue como un rapto de locura y creatividad. Le agregaron platillos de mano. Mick tocó las congas con baquetas, lo cual no era común, pero sonó estupendo. Topper tocó instrumentos de percusión de mano y esas cosas. Era extremadamente compleja. Mucha innovación.

-Al otro día era Fin de Año -cuenta Joe en el librito de The Clash on Broadway-. Había escrito la letra quedándome despierto toda la noche, en el Iroquois. Fui a Electric Lady y simplemente grabé la voz en la cinta. Terminamos a 20 minutos de la medianoche. Nos tomamos el tren E desde Village hasta Times Square. Nunca me voy a olvidar caminando por la salida del subte, justo antes de la medianoche, y metiéndonos entre 100.000 millones de personas, sabiendo que habíamos hecho algo sumamente genial.

Topper y Mick estaban llevando la música del grupo hacia nuevos ámbitos. Especialmente Mick, estaba aprovechando todo tipo de tecnología nueva. Trajo a un amigo de Ellen, Poly Mandell, para que agregara sintetizadores en algunos temas, y, según relata Digby:

-Lo supervisó totalmente. Hizo todo en una noche. Mick sabía exactamente lo que quería de los tipos: “no, no me gusta ese sonido, estiralo”. Tomaba decisiones rapidísimas. Era un poco como en la película Amadeus. Esa escena brillante en que Salieri está parado hojeando la música de Mozart, y el material en realidad estaba terminado en su cabeza. Mick ya tenía todo planeado.

Mientras tanto, se estaba gestando una crisis que iba a tener repercusiones serias para el resto del grupo. Los Clash se habían vuelto por Navidad a Londres. En Heathrow, Topper fue demorado e inspeccionado. Los oficiales de aduana le encontraron heroína. Fue detenido y acusado de tráfico de drogas clase A hacia Gran Bretaña. Cuando se presentó en el Juzgado de Uxbridge, el 17 de diciembre, los Clash temieron que le dieran una sentencia bajo custodia. Eso sería catastrófico: Combat Rock todavía estaba sin terminar, y tenían armada una gira por el Lejano Oriente para fines de enero, seguida por una por el Reino Unido y otra por EE.UU. Los abogados de los Clash suplicaron que no fuera preso. El juez le impuso una fianza de 500 libras [2.400 dólares actuales], interpretando que Topper iba a recibir ayuda por su adicción.

Cuando el grupo volvió a Londres en Año Nuevo, eso es lo que pasó. Headon quedó internado en el Priory de Roehampton, que trataba a estrellas de rock con adicciones desde la internación de Brian Jones a fines de los ’60. Fue una vergüenza enorme para los Clash, que supuestamente no tomaban drogas duras. La gira del Lejano Oriente también se puso en riesgo. Suponían que el organizador, el muy respetado Sr. Udo, iba a tener que desarmar todas las fechas para evitar que las autoridades japonesas le anularan las visas al grupo.

Clínica Priory de Roehampton.

-Hay que recordar que esto fue hace 20 años -dijo Joe-. Ahora hay toda una industria alrededor de la adicción a la heroína; las clínicas de rehabilitación y demás. En aquella época, la heroína era onda “¡Uuuh!”. Parecía un oso ruso o algo así. El gran cuco. El Shah de Irán había caído, y los Persas la traían a Londres. Parece que toda la ciudad se hizo adicta en un parpadeo. Topper fue otra víctima. El resto éramos solamente fumancheros.

Kosmo dice:
-Viéndolo en retrospectiva, creo que no estábamos en el ánimo adecuado para enfrentar eso correctamente. Teníamos una ética laboral. No queríamos perder el envión. Pero es importante que la gente sepa que tratamos de ayudarlo. Se internó por varios tratamientos. Lo teníamos internado ahí, y una novia le contrabandeaba cosas. Fue un problema difícil de superar.

[continúa en el siguiente post]

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