“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 12.3

9 Mar

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

12.3 El despido de Mick Jones

El grupo se tomó un par de semanas de descanso, antes de reunirse en Londres en junio. Empezaron a ensayar de nuevo en calle Freston. Gracias (en parte) a la victoria británica sobre Argentina en la Guerra de Malvinas, la popularidad de Margaret Thatcher había subido como la espuma. Ese verano boreal volvió al poder con un triunfo aplastante. A las semanas se anunció un recorte del gasto público de 500 millones de libras [2 mil millones de dólares actuales]. Se produjo rápidamente la privatización de los puestos técnicos del Sistema Nacional de Salud: decenas de miles de personas temieron por su subsistencia. El programa de reformas económicas liberales de los conservadores, pronto iba a resultar en la agitación industrial más prolongada y violenta en décadas.

Mientras tanto, la vida en Londres Oeste siguió como de costumbre. Ese verano, Pete Howard fue testigo de cómo vivía el grupo fuera de las horas “Clash”. Notó la distancia social que se había desarrollado entre Mick y los demás. Joe, Paul y Kosmo, con sus respectivas novias y esposas, muchas veces se pasaban las noches tomando algo en el Earl Percy, al fondo de la calle de Paul. Mientras tanto, Mick andaba con su propia gente, a la que los demás llamaban “Las criaturas de la noche”: Tony James, Martin Degville y Neal Whitmore (todos de Sigue Sigue Sputnick, más adelante). Mick y Daisy también eran prácticamente inseparables en esa época. Pete Howard cree que Joe y Paul pueden haber estado resentidos por eso: él sentía que ellos querían revivir la onda pandillera y Mick no.

-Mick era un chabón bastante distante -recuerda Pete-. No creo que fuera algo forzado. Creo que era distante porque era un fumador empedernido de faso. Tenía un estilo de vida distinto. Se quedaba adentro, fumaba faso, miraba la tele y escuchaba música. No salía mucho. No era para nada alcohólico. Por el otro lado, Joe era una persona muy sociable. Podía hablar con cualquiera. ¡Tenía muchísima energía! Aunque no hubiera sido Joe Strummer hubiera ido a hablarle a los chabones apoyados en la barra. Podía hacer eso de una manera aristocrática pero sin diferencias de clase. Paul siempre era un caballero. Era amigable y muy decente, pero primero y principal, era un puto ícono. Tenía esa cosa callejera y el ojo para el estilo y el detalle. O sea, Joe no se sabía vestir ni aunque fuera de vida o muerte. Paul siempre estaba bien.

Digby comenta:
-Si necesitaba encontrar a Paul un domingo a la tarde, iba directo a Dub Vendor [una tienda de reggae que en esa época estaba debajo de la estación Ladbroke Grove]. Después de almorzar, se pasaba la tarde en la tienda, escuchando canciones. Y si le gustaba una, la separaban para él. Mucho antes de que estuvieran de moda, él tenía dos bandejas y una mezcladora. Hacía los mejores compilados de reggae imaginables, con efectos de sonido que unían las canciones.

Tras más o menos una semana ensayando en Ear, fue evidente que no se habían ido los malos sentimientos que se habían cocinado en los Clash el año anterior. Parecía haber un conflicto con respecto a dónde llevar al grupo musicalmente. Mick se había enamorado de la tecnología: usaba un sintetizador de guitarra Roland de última generación, que había comprado en Estados Unidos. Paul lo llamaba “la cartera de robot”. Él cree que Mick se había “aburrido de tocar la guitarra”, pero no sabía usar el equipo nuevo.

-Mick aparecía dos horas tarde, todos los días -recuerda Pete Howard-. Después había días en los que ni se preocupaba por aparecer. Llegó un punto en que decíamos “Si viene, viene; si no viene, no viene”. Terminábamos ensayando sin él. A esa altura, a Mick y Joe les costaba mucho hablarse. Eran polos opuestos. Llegó un punto en que Joe le pasaba letras a Mick por debajo de la puerta. Le parecía que la música que les ponía Mick era una cagada. Citaba eso como la razón para la ruptura de su relación con Mick.

Mientras tanto, Bernie le presentó un contrato de representación a cada integrante del grupo. Aparentemente, Mick se negó a firmarlo sin que su abogado lo leyera. Según Joe, Mick dijo “No me importa lo que hagan los Clash, mientras lo hablen primero con mi abogado”. Según Digby, Bernie se enfureció.

-Bernie le llenó la cabeza a Joe con eso -recuerda Digby-. Le dijo “¿Vos querés estar en la misma banda que él? Paul firmó, vos firmaste. ¿Por qué él se cree tan especial?”

-En mi opinión, Bernie indudablemente presionó a Paul y Joe para sacarse de encima a Mick -dice Pearl Harbour.

Paul con Pearl Harbour.

Se produjo el deterioro musical. Los ensayos quedaron en la nada.

A principios del verano boreal de 1983, Bernie había gastado una parte de los fondos de los Clash en remodelar el edificio frente a lo que había sido Rehearsal Rehearsals. El que tenía la rampa al costado, donde Joe, Mick y Paul habían posado para la tapa del primer disco. El edificio ahora tenía la facha y la onda de una sala de ensayo en serio. En el primer piso, Kosmo abrió su propia versión de un boliche privado, con una heladera llena de Red Stripe. Quería que volviera la onda social.

Los Clash acordaron encontrarse ahí en agosto, para tratar de resolver una forma de avanzar. La CBS, después de todo, esperaba una secuela de Combat Rock en algún momento. Pete Howard no recuerda haber estado. Quizás ni siquiera lo invitaron. El recuerdo de todos de la secuencia exacta, es borroso.

Mick nunca antes habló realmente de ningún detalle de lo que pasó en sus últimos días con el grupo. Siempre fue un terreno difícil, por razones obvias. En los ’80, se mantuvo gentilmente reservado sobre su despido. Incluso en el documental Westway to the World, no revela mucho sobre lo que él cree que sucedió. Pero el tiempo pasó: uno tiene la impresión de que ahora, tras la muerte de Joe y su resurgimiento como productor exitoso, Jones ahora ve la historia de los Clash como parte de la Historia.

Durante una conversación a principios de verano boreal de 2004, me cuenta:
-Teníamos unas cuantas canciones nuevas, algunas de las cuales terminaron en el primer disco de BAD (Big Audio Dynamite). Originalmente, “The bottom line” se llamaba “Trans cash free pay one”. Era una canción sobre un cajero automático o sobre el futuro de la economía. Se la pasé a Joe con esa melodía, pero no pasó nada. A esa altura nuestra relación estaba mal. No nos comunicábamos realmente. El grupo se estaba desvaneciendo.

Fue ahí que Bernie apareció con una solución original para el malestar musical del grupo… o más bien un plan astuto para precipitar el despido de Mick.

-Me llevó al pub -explica Mick-. Me dijo “¿Qué tipo de discos querés hacer?”. Le dije “Discos de rock, Bernie”. Así que lo siguiente que nos dijo fue que teníamos que tocar como chabones de New Orleans. Ahí se puso muy fea la cosa. Ahí se empezó a desarmar todo rápido. Ensayábamos tratando de ser los chabones de New Orleans que decía Bernie. Mirábamos todos al piso, pensando “¿Qué mierda?” ¡Música de New Orleans! Nos encantaba la música de New Orleans, pero era onda “¡Aaajjj!”. Era como una opresión o algo así. Estábamos en una sala de ensayo en Camden, no en New Orleans. Lo cual sumado a todo lo demás, creo que en realidad estaba diseñado para hacerme volver loco. Después de eso me fui bastante pronto.

El final llegó el lunes 29 de agosto: la semana de Carnaval. Es un poco paradójico que la separación sucedió a metros de donde los Clash habían empezado siete años antes: dos veinteañeros que habían dejado la facultad de arte y un cantante de pub-rock de 23 años, yendo a ninguna parte. Deben haber sentido que había pasado toda una vida.

Digby Cleaver estuvo donde sucedió el momento decisivo.
-Habían ensayado solamente una semana, y Jones se estaba decepcionando totalmente. Fue el último en llegar y el primero en irse. No estaban produciendo grandes cantidades de material nuevo, y entonces pasó eso. Un lunes salí a hacer una jarra de té, y volví y vi a Mick guardando una de sus guitarras en su estuche. Eso era inaudito. Le dije “¿Estás bien, Mick?”. Tenía una mueca de enfado en la cara. Le dije “¿Qué hacés? ¿No querés que te lleve la guitarra a tu casa después de ensayar?” Me dijo “Mejor vení conmigo”, y salió de la sala. “¿Qué pasa?” “Me pidieron que me vaya del grupo”. Mi reacción inmediata fue “No pueden hacer eso. Es tu grupo, ¿no?” Y respondió “Eso pensaba yo, hasta el mediodía de hoy. Strummer y Simonon me acaban de decir que no me quieren en la banda”. Le dije “¿Qué te parece eso?” Me dijo “De todas formas no quiero estar en la puta banda con ellos. Voy a armar mi propia banda del orto”.

La historia dice que Bernie corrió por el patio adoquinado por detrás de Mick, revoleando un cheque, a manera de disculpas. Mick lo agarró. Por una rara coincidencia, en ese momento llegaba Topper a ver en qué andaba su viejo grupo.

Citado en MOJO en 1999, Paul explicó el incidente desde su punto de vista. Parece que fue él el que llevó la situación a su final.

-Joe y yo veníamos hablando de eso, y llegamos a un punto en que dije “Somos tipos grandes; no soporto más esto”, y Joe aceptó. Estábamos los dos de acuerdo en que estábamos hartos. Queríamos seguir trabajando, en vez de esperar a Mick. Estábamos en la sala de ensayo y Joe le dijo “Queremos que te vayas”. Mick me dijo “¿Qué opinás vos?”, y yo dije “Bueno, sí…”. Creo que se sintió traicionado con eso.

Que te pidan que te vayas de un grupo es una forma de rechazo única y particularmente hiriente. A Mick le había pasado antes, por supuesto, cuando Guy Stevens lo había echado de Violent Luck en 1975. Después Mick le había escrito a Robin Banks a la cárcel, y le contó: “Me apuñalaron por la espalda por creer en el rock”. Esta vez, el asunto era más complicado. No era un chico al que le robaban su sueño juvenil. Más bien era como un divorcio amargo. Al preguntarle qué sintió el día que se fue de los Clash, como es sabido, Mick dijo: “No sentí nada”. Uno sospecha que habrá estado shockeado. Incluso se tiñó de rubio para el Carnaval, porque no quería que lo reconocieran.

Los sucesos de esa tarde le desataron una energía nueva. Después de solamente un par de horas de debate, Digby decidió que le debía su lealtad a Mick, y fue hasta el depto de Jones, en Colville Gardens:

-Me caía bien Mick; Bernie no.

Tony James ya estaba ahí. Mick estaba llamando por teléfono a su camarada Leo Williams (ex barman del Roxy y plomo de las Slits), que tocaba el bajo. Jones hablaba de usar cajas de ritmos para un proyecto nuevo. Una primera formación de Big Audio Dynamite, llamada en principio TRAC [Top Risk Action Company], ya estaba lista al final de la tarde.

Al parecer, la reacción general ante la noticia de la partida de Mick, fue de consternación e incredulidad.

-Parecía inconcebible -dice Tony James-. No podés echar a Keith Richards de los Rolling Stones. Está bien: Joe tenía las letras y era un gran artista, pero la pasión de Mick por el rock era lo que empujaba todo. Mick vivía para la música. Todavía es así.

-Entraron todos en pánico, y de alguna forma Mick fue un chivo expiatorio -dice Jock Scot-. No hubo visión de futuro. Pero Mick era un tipo que tenía visión. Mirá lo que hizo después. Mirá lo que hicieron todos después. Cuando fui a ver a BAD en vivo, quedé estupefacto. Deberían haber arreglado y resuelto las cosas. No se resolvió nunca. Jonesy simplemente dijo “Bueno, entonces voy a hacer la mía”.

-Me quedé perplejo -dice Robin Banks-. Creo que Mick no tenía noción de que iba a pasar eso. Echar a Mick era perder todo el aspecto musical. Seguir sin Topper ya estaba bastante mal.

Entonces, ¿qué pasó? Paul no duda: siempre afirmó que era simplemente imposible seguir con Mick, que faltaba a los ensayos, era distante y complicado. Paul quería tocar en una banda; no pasarse todo el día parado por la chance improbable de que el guitarrista se dignara a aparecer. Mantuvo esta postura en una entrevista de GQ de septiembre de 2003… y Mick estaba ahí con él.

Mick y Paul en Revista GQ. 2003.

Joe hizo énfasis en una dimensión distinta de la separación. Siempre opinó que fue una lucha de poder entre los dos padres fundadores del grupo.

-Bernie y Mick siempre estuvieron enfrentados, tratando de vencerse mutuamente -dijo-, ya sea por influencia o por control. Imaginate un viaje loco en auto, en el cual a veces nadie agarra el volante. ¡Puede pasar cualquier cosa! A veces agarraba el volante Mick, y me hacía echar a Bernie. Al final, todo se fue a la mierda cuando Bernie decidió que iba a “terminar” con Mick. Lo peor es que yo le permití a Bernie que lo limpiara.

La razón de Bernie para “limpiar” a Mick, puede haberse originado en el despido de Rhodes en el ’78, que había sido causado en gran parte por sus amagues de dejar a Mick al margen. Sería sumamente simplista insinuar que Bernie fue motivado por algo tan evidente, insignificante (o grande) como la venganza. La historia de los Clash tiene muchas cosas, pero no es una tragedia por venganza. Parece más probable que fue la gota que colmó el vaso de una batalla entre los dos factores más poderosos del cuartel Clash.

Como en muchas grandes rivalidades, si raspás la superficie, Bernie y Mick eran notoriamente similares. Ambos eran decididos, tercos, intensos, y tenían una confianza inquebrantable en lo que creían que estaba bien. Además -como resaltó Joe-, ambos eran londinenses de clase obrera y descendientes de judíos rusos.

Lo que los diferenciaba era su actitud: Bernie era ingenioso, Mod, y nada ostentoso. Era adicto a un estilo retorcido de dialecto marxista, que requería que creara eternamente conflictos nuevos que resolver. Prosperaba cuando manipulaba situaciones y creaba caos. Una vez, Johnny Green dijo que Bernie le hacía cosas horribles a la gente, pero nunca con maldad. Era nada más para inspirarlos a examinarse ellos mismos y su relación con la cultura en la que vivían.

Mientras tanto, Mick quería llegar a eso a lo que se refirió en una entrega de premios de 2004 como “la vida”, refiriéndose a la “vida rockera”: una vida con libertad para ser creativo y para vivir fuera de la trituradora laboral. Lo mismo a lo que habían aspirado él y Robin desde sus días de escuela, venerando a Mott the Hoople y los Faces.

La batalla clave en la contienda Mick-Bernie, era por el apoyo de Joe y Paul. Howard Fraser, el chofer del grupo en 1978/79, cree que Joe permitía que Bernie tuviera una influencia demasiado grande sobre él. Enfatiza:

-La inseguridad de Joe fue fundamentalmente lo que destruyó a los Clash. Despedir a Topper fue el fin de la banda. Invitar a Bernie a que volviera, fue simplemente un agregado. Echar a Mick fue ridículo.

Otros también aceptan que Joe era muy susceptible a la manipulación cuando se trataba de adoptar una postura anti-Mick.

-En cierta forma, Joe era el eslabón más débil -dice Robin-. Bernie sabía que si lograba jugar con la debilidad de Joe, podía controlar la banda como quisiera. Era un método sumamente calculado para quitarle autoridad a Mick.

El control sobre Joe era importante porque era el que tenía la lealtad de Kosmo.

-Kosmo me dijo una vez “Joe es de los míos” -recuerda Jock Scot-. Así que creo que ahí había una preferencia definida. En cierta forma, comparado a Kosmo, Mick era un intelectual. Joe podía charlar cara a cara con Kosmo, pero Mick era un enigma. Era como un guitarrista loco, afeminado, y Kosmo pensaba que lo podían reemplazar. Fue una mala forma de resolver la situación, pero fue lo que pasó.

-Creo que Joe se quedó con Bernie porque era la única persona que él creía capaz de hacerlos subir de nivel. Así de simple -dice Pete Howard.

Joe – Bernie (1982)

Al presionarlos, prácticamente todos los entrevistados de este libro admiten que la ruptura con Mick probablemente era inevitable, y que no había otra opción viable, salvo quizás que el grupo se tomara un año de descanso y tratara de remendar las amistades rotas y de desarrollar una visión nueva. Pero eso genera otra pregunta: ¿Cómo iba a sonar el siguiente disco de los Clash? ¿Como BAD? ¿Como Sigue Sigue Sputnick? ¿Como Professor Longhair? Parece que cada vez que creaban música genial (ya fuera “Janie Jones” o “Straight to hell”), se podían perdonar mutuamente cualquier cosa. El fin justificaba los medios. Pero una vez que eso se acabó, se quedaron solamente con ellos mismos.

-En el fondo, creo que el grupo sabía que había que separarse una vez que la rompieran en Estados Unidos -opina Pennie Smith.

Esto armoniza con lo que dijo Joe: ¿A dónde podían ir después de “Rock the Casbah”, más que al reino de las estrellas de rock ricas? Habían llevado sus ideales marginales al máximo posible: al top 10 de EE.UU. y a más de un millón y medio de compradores de discos. Los Sex Pistols, sus rivales de la primera época, nunca dejaron siquiera una marca en los rankings de ventas estadounidenses.

Don Letts, como de costumbre, es franco y ameno al hablar del final de los Clash:
-Mick, mis hermanos, es un desgraciado complicado -sonríe-. Lo digo con el máximo cariño. Mick te podía sacar de las casillas, y todavía es así. Es como dijo Joe, mordiéndose los labios, en Westway to the World: “Hay cosas por las que vale la pena esperar, y el talento es una de esas cosas”. Y no se dejen engañar: Mick tenía un talento impresionante. Yo trabajé con el chabón. ¡Lo vi descartar melodías por las cuales otra gente hubiera dado la vida! Como forjador de melodías, intrínsecamente, él sabe lo que es una buena canción pop. A Mick lo castigan mucho por ser el malo de la película. Pero no nos engañemos: Joe también sabía ser un pelotudo importante. Lo único, que era un poco más manipulador. Y otra vez lo digo con el máximo respeto. Tuvimos altercados por chicas y esas cosas. Era un pícaro querible. Tuvimos nuestras disputas y no nos hablamos por un tiempo. La gente habla de la separación de los Clash como algo malo, y yo pienso que era inevitable. La despedida fue exactamente de la forma que se suponía que tenía que ser. Si Mick, Joe y Paul se hubieran dado una palmada mutua en la espalda y se hubieran deseado buena suerte, entonces, en primer lugar, no hubiera pasado nada. Fue todo porque tenían una cantidad inmensa de pasión.

Joe – Don Letts – Mick

El 10 de septiembre, NME informó la salida de Mick de los Clash. El comunicado emitido por Bernie y Kosmo, lo denunciaba fríamente, en términos familiares. Al parecer, el Partido ahora estaba fusilando a sus líderes. Decía:

“Joe Strummer y Paul Simonon decidieron que Mick Jones debía irse del grupo. Sienten que Jones se alejó de la idea original de los Clash. A futuro, Joe y Paul podrán seguir con el trabajo que los Clash salieron a hacer desde el comienzo”.

Mick logró publicar una réplica en la misma edición:
“Quiero aclarar que no hubo ninguna discusión con Strummer y Simonon antes de mi despido. Desde luego, no siento que me haya alejado de la idea original de los Clash, y a futuro voy a seguir como al comienzo”.

La reacción de muchos fans fue de terror. Prácticamente no había habido actividad de los Clash en Gran Bretaña en un año entero. La mayoría de la gente pensó que se habían mudado a Estados Unidos. Pero, primero Topper ¿y ahora Mick? Seguramente esto era el final del grupo. No fue así.

La semana anterior a que apareciera el comunicado de prensa, Pete Howard recibió una llamada de Joe.

-Fue muy enérgico. Me dijo “Nos vemos en un bar de Camden”. Fui y estaban Paul, Joe y Bernie. Joe dijo “Acabo de echar a la mierda a Mick Jones. Es un pelotudo de mierda. Tenés que decidir si estás de nuestro lado o del lado de él”.

Esta última fase de los Clash empezó prácticamente con el mismo estilo con el que iba a continuar.

Durante nuestra serie de entrevistas, Kosmo es sumamente cauteloso cuando debate los acontecimientos relacionados a la salida de Mick. Dice que no va a dar detalles ni va a tocar heridas viejas. Pero lo presiono para contestar esta pregunta: La segunda vez, ¿qué es lo que iba a ser diferente? Él enfatiza que su respuesta aplica a “la idea de los Clash como conjunto”, no a un individuo particular. Dice:

-Esa vez lo íbamos a hacer sin ningún exceso ni boludeces.

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