“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 15 (apéndice y final)

25 May

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

15. ¿Una época con onda?
Verano de 2009.

Cuando escribí Passion is a Fashion, lo hice deliberadamente de una manera en que se iba a atar firmemente a la época en que lo estaba armando. En el libro, la mayoría de los entrevistados clave son presentados “cara a cara” al lector, como cuando me los encontré yo durante mi investigación. Las descripciones contemporáneas de su aspecto y en qué andaban en ese momento -e incluso algunas de sus observaciones- estaban destinadas a quedar desactualizadas, pero sentí que era esencial para lo que yo estaba tratando de lograr. Es decir que Passion is a Fashion actuá como un documento histórico que repasa las historias de los Clash desde un punto de vista específico: los primeros años del siglo XXI, cuando sus participantes seguían siendo lo suficientemente jóvenes como para que los sucesos de 1975 al ’85 fueran relativamente recientes, pero lo suficientemente viejos como para haber madurado algo desde los días punk, y sacado conclusiones sobre sus propios roles en lo que sucedió. Cuando hablamos, la mayoría de ellos todavía rondaba los 40.

Escribí Passion… cuando la muerte repentina de Joe Strummer, en diciembre de 2002, seguía muy fresca en las mentes de la gente. Mi reunión con Mick Jones fue solamente más o menos una semana después del funeral de Joe. En varios momentos, Mick claramente estaba aguantándose la emoción. Fue un acontecimiento triste. Con otros entrevistados, como Tymon Dogg y Alex Michon, los sentimientos que se dispararon al explorar sus recuerdos también estaban en carne viva. Al releer el libro ahora, sus opiniones parecen muy sesgadas por la sensación de pérdida de Joe.

La inmediatez del libro cuando lo escribí, causó que, al repasarlo cinco años después, sea casi imposible actualizarle partes de una manera convencional. Sigue siendo (como yo esperaba), una crónica de los Clash vista desde un punto de observación a 25 años de que sucedieron los hechos. Desde luego, algunos de los detalles relativos a los personajes, han cambiado. Hubo novedades bastante inesperadas. Quedé contento el año pasado, al abrir un diario y leer que Micky Foote, el sonidista del grupo, que se mantuvo a la sombra por casi tres décadas tras su despido de los Clash en 1978, ahora estaba participando de una batalla muy mediática para evitar que el magnate estadounidense Donald Trump construyera un lujoso complejo golfístico cerca de una propiedad de Foote en la costa de Aberdeenshire. Bien por él.

Micky Foote 2008.

En cuanto a las circunstancias personales, sería un trabajo difícil y posiblemente inútil tratar de actualizar todo. Pero por ejemplo, Ray Gange, a quien le parecía una mochila su rol protagónico en la película Rude Boy de los Clash, recientemente usó esa experiencia a su favor: pasa su amado reggae, punk y soul en boliches de todo el país, y está contento con figurar como “Ray Gange de Rude Boy“.

Me entristece decir que no todas las historias tuvieron finales felices. En octubre de 2008, Ray Lowry, el caricaturista satírico que acompañó a los Clash en su gira por EE.UU. en otoño de 1979, y diseñó la famosa tapa de London Calling, murió tras varios años de salud inestable. En sus últimos años, los doctores le advirtieron varias veces sobre los efectos de su alcoholismo, pero Ray, tercamente, optó por mantener su entusiasmo por el escabio. Una de sus últimas “apariciones en público” (para decirlo de una mejor manera), fue en el Strummercamp de 2007, una celebración anual de la vida de Joe, en Manchester, donde Ray, aferrado a su imprescindible pinta, se quedó paralizado al ver decenas de personas “tratando de vestirse como Joe en su época punk”.

La vida y obra de Ray merecen un libro por sí mismas, y casi no dudo que sus extraordinarias caricaturas y óleos van camino a volverse piezas sumamente valiosas, en particular por su originalidad y humor punzante y por mostrar un punto de vista encantador, donde los rockeros blancos (salvo los Clash) habían caído en desgracia desde la magia primitiva de sus ídolos juveniles trágicos: Eddie Cochran y Gene Vincent.

A principios de abril de 2009, en el festival literario y musical de Laugharne, Gales (una reunión ligeramente bizarra, durante la cual le cubrieron la cara de yeso al invitado Mick Jones), me mostraron un libro que acababa de terminar Ray justo antes de su muerte. Era un repaso de la gira fatídica de Eddie y Gene por el Reino Unido en 1960, durante la cual murió Cochran en un choque de autos. El libro estaba ilustrado a colores y escrito con la misma caligrafía meticulosa con la que Ray escribió las letras de las fundas internas del disco London Calling. Ojalá que un día se publique su asombrosa creación.

Aunque la circunstancias de las vidas de las personas se altere inevitablemente, la historia de los años gloriosos de los Clash, desarrollada en Passion is a Fashion, en teoría debería mantenerse sin cambios. Pero, obviamente, la historia es algo que cambia constantemente, y esta nueva versión del libro contiene muchas revisiones y ajustes menores, al surgir nuevos detalles y explicaciones de los hechos. Estas correcciones son resultado, en gran parte, de mis entrevistas posteriores a varios allegados a los Clash con los que no tuve tiempo de hablar cuando hice la investigación inicial para el libro. Sumado a eso, se publicaron varios libros y artículos importantes relativos a los Clash.

El principal es la superlativa biografía de Joe Strummer por Chris Salewicz, Redemption Song (Canción de redención), publicada en 2006. Salewicz, cuya amistad personal con los integrantes de los Clash se prolonga desde los días punk, echa una luz nueva y fascinante sobre el trasfondo familiar de Joe y los años post-Clash. El nivel de detalles novedosos es extraordinario. Salewicz explora en profundidad las motivaciones sexuales de Strummer y las relaciones con novias y esposas. Una zona de la existencia de los integrantes de los Clash que Passion… deliberadamente eligió mencionar solo de pasada. Quizás sea paradójico, teniendo en cuenta el título. Exhorto a cualquier fan que quiera saber más de la historia de Joe, a que se consiga una copia del libro de Chris.

El tomo de Salewicz era muy esperado, pero otro agregado sustancial al catálogo Clash surgió de la nada. En 2007, apareció Los últimos días de los Clash, de Vince White. White, obviamente, fue uno de los guitarristas de la versión post-Mick Jones del grupo, que existió dos años, entre fines de 1983 y fines de 1985. Para darle perspectiva a la importancia del libro de Vince, simplemente hay que observar que es el único relato completo hecho por un integrante de la banda. Pero lo más sorprendente, es el talento y el estilo con que está escrito: en unas 300 páginas, White detalla cada matiz de su periodo triste y confuso en el quinteto aberrante de los Clash Segunda Generación, con un placer medio masoquista y catártico. Las revelaciones sobre su romance poco meditado con la novia de ese entonces del manager Bernie Rhodes, son un agregado más a lo aparatoso y fascinante de todo eso.

Me complace notar que nada de Los últimos días de los Clash contradice significativamente nada de lo escrito en la versión original de Passion y, al igual que con el libro de Salewicz, la obra de Vince sirve de complemento para cualquiera que desee saber más sobre ciertos periodos y aspectos de la historia del grupo.

Otro documento fascinante que apareció inesperadamente, fue el relato del propio Paul Simonon de su crianza problemática, escrita en 2005 para la publicación de moda y estilo Another Magazine, luego editada (por mí) y reimpresa en la edición especial “La historia íntima de los Clash” de la revista Q. Ahí relató con más detalles, entre otras cosas, la anécdota de cuando él y su hermano menor Nick incendiaron la casa de su madre y su padrastro en Brixton; reveló cómo el par de traviesos se metió a un albergue de Ladbroke Grove, donde yacía un hombre muerto, para robarle una moneda de su cómoda; y contó conmovedoramente la “época difícil” posterior a la separación de sus padres, a principios de los ’60. También dejó en claro la cronología de los últimos años de su escolaridad en Ladbroke Grove, confirmando que se quedó un año extra para rendir exámenes, y que un profesor compasivo lo recomendó a la junta de selección del instituto de arte Byam Shaw de Notting Hill, abriéndole la puerta a sus años de “rata de arte”, como proclamaba una de sus remeras caseras de la época punk. Bien vale la pena rastrear el artículo de Simonon. En el libro, donde mi cronología estaba levemente errada, retoqué correspondientemente las oraciones relevantes.

De tantas entrevistas relacionadas con los Clash que yo mismo hice, desde la primera publicación de Passion, lo más importante en términos de jerarquía clashera, fue la media docena con Mick. Me junté bastante con Jones en los años recientes: visité en el estudio de grabación a su grupo de este milenio, Carbon-Silicon, y los seguí en su gira hacia muchos lugares remotos, incluyendo un bunker de cemento debajo de un puente en Estocolmo, en noviembre de 2004, donde Jones fue enfrentado en vivo por un vikingo belicoso al que no le gustó que no tocara temas de los Clash. Quizás el sueco era pariente de un joven galés del festival de Laugharne, que interrumpió al elegante Mick con la inmortal frase “¿Por qué no estás vestido de punk?”.

Las historias que cuenta Mick en una conversación casual, podrían llenar otro libro.

Desde la primera aparición de Passion, también tuve varias conversaciones con Bernie, incluyendo una de una hora de duración, de trasnoche en el boliche Globe de Ladbroke Grove. Escuchar de nuevo a Rhodes sermoneando sobre política, arte y cultura durante 60 minutos, es toda una experiencia.

La forma poco convencional de Bernie para manejar bandas es, obviamente, una dimensión vital de la historia de los Clash, y siempre me desconcertó qué hacía con él Maurice Oberstein, el jefe de la CBS (fallecido en 2001). Cuando me contacté a su mano derecha, el cazatalentos Muff Winwood, en 2007, me sorprendí con sus halagos innegables para Rhodes:

-Bernie era brillante. ¡Lo adorábamos! -dijo-. Podíamos confiar en él para manejar a los Clash, que eran muy complicados, claro, y siempre logró llevar el producto adelante. La lección que aprendimos de los Clash, que nos fue útil para con las bandas punk siguientes, fue que podíamos usar a favor nuestro esa fricción que tenían con nosotros, la discográfica. El hecho de que nos basurearan en público, ayudaba a que la CBS vendiera millones de discos.

Efectivamente: “Convertían la rebelión en plata”.

Otras entrevistas posteriores al libro, muy esclarecedoras, fueron con Jane Crockford, Steve Jones, Pablo Cook y Pablo LaBritain.

Jane Crockford se hizo conocida en la primera época punk, cuando ella y Shane MacGowan [futuro cantante de los Pogues], se cortaron mutuamente con un vidrio roto en el reci de los Clash en el ICA, en octubre de 1976. Más adelante, ella formó un grupo femenino, las Mo-dettes, y compartió una casa usurpada con Joe, en 1978. Nuestra entrevista en una cafetería de Chelsea, en abril de 2006, fue la primera que le dio a la prensa desde fines de los ’70, y la historia que contó estuvo llena de detalles nuevos y coloridos.

Jane y Shane en el reci de los Clash en el ICA, octubre de 1976

Jane reveló que su conexión con los Clash empezó allá por 1974, cuando anduvo con Mick Jones, que en ese entonces tenía 19 años y era estudiante de arte en Londres Oeste.

-Mick era un amor -explicó-. Lo conocí en un reci. Pero después de cortar tuve mucho resentimiento hacia él, por mucho tiempo.

La amistad de Jane con Joe, más adelante crearía tensión entre Jones y Strummer.

-Sucedió una noche después de ir al Roxy. Yo conocía a Joe de antes, y nos llevábamos muy bien, ¡bla bla bla!. Pasamos la noche en la casa usurpada, pero no hubo sexo. A las tres de la mañana seguíamos hablando, así que me quedé a dormir. A la mañana, entró Mick Jones y hubo un par de miradas, pero no pasó nada.

Esos celos sexuales irritantes, seguirían siendo una presencia tácita en la existencia de los Clash, y culminarían en un incidente que dejó en claro lo poco placentera que podía ser la vida en el grupo. Cuando yo estaba investigando para Passion, el exencargado de giras, Johnny Green, frecuentemente me llamaba y me daba “pistas” crípticas sobre temas ocultos que él pensaba que yo podía querer explorar. Una que me hacía reir, involucraba una teoría sobre “intercambios”.

-Pat: preguntá por los intercambios -decía Johnny, haciéndose el misterioso.

Todo quedó revelado finalmente en otra obra clashera esencial, que surgió en años recientes: un documental bastante brillante sobre Joe Strummer. The Future is Unwritten (El futuro no está escrito), de Julien Temple. Ahí, Topper admitió que tras una discusión entre el baterista y su novia, Joe pasó la noche con ella. Topper todavía parecía profundamente impresionado por el episodio, unos 30 años después.

La versión de Jane Crockford sobre su amistad con Joe, aportó muchas otras perlas interesantes, y su recuerdo más perdurable es el de la estadía de Joe en la “mansión blanca” de Sebastian Conran (que era pareja de Jane), donde ella admite que había “mucho alcohol y drogas”. En cuanto al rumor de que Joe se contagió de hepatitis inyectándose heroína, ella afirma terminantemente que él se oponía enérgicamente a esa droga.

-Joe no le hacía daño a nadie. Le hacía muy bien a la vida de la gente -concluyó Jane-. Tenía algo muy sólido en su corazón. Era un tipo maravilloso. Tengo recuerdos positivos de él, de verdad.

Más o menos en la misma época en que hablé con Jane Crockford, ubiqué a Paul Buck, alias Pablo LaBritain, el amigo de Joe en el internado, que tocó la batería algo así como una semana en los Clash principiantes, en junio del ’76.

Pablo siguió con su carrera punk en la banda 999, antes de sentar cabeza con un empleo en el área de horología del Museo Británico. Pablo, un chabón amable y amistoso (con su apodo concedido por Joe en la escuela), hizo una afectuosa descripción de su amigo en la época justo anterior a que surgiera el punk.

-Yo vivía con mi papá en una casa de campo, en Sussex del Este -recuerda LaBritain-. Joe llamó por teléfono un día y dijo “¿Puedo ir con Dudanski? [el baterista de los 101’ers]. Le dije “Sí, está bien”. Así que apareció con Dudanski, sus respectivas novias españolas con su madre, y un chabón que se llamaba Julio. La madre se fue a la cocina a hacer un omelette español enorme, para alimentar a todos. Mi papá volvió del pub y la cocina estaba llena de esa gente rara. Joe hacía cosas graciosas como esa. Me encantaba. Se terminaron quedando un par de días.

Paloma Romero, Joe, Dudanski y Esperanza Romero.

La invitación a Pablo para que entrara a los Clash, llegó a principios de junio, una o dos semanas después de que entrara Joe.

-Yo estaba trabajando en una fábrica cerca de mi domicilio -explica LaBritain-. Tocaba la batería desde hacía un tiempo, y Joe y yo habíamos zapado cuando me vino a visitar la Navidad anterior. Joe me llamó por teléfono y me dijo si quería probar con esa banda nueva. Así que se vinieron todos los Clash al campo, en un camión que les habían prestado los Count Bishops [una banda de rythm and blues]. Era un día sumamente caluroso, e irme a Londres con estos chabones (Mick, Paul, Joe y Keith Levene), fue muy raro para mí. Mick Jones me dio la mano. Tenía las manos diminutas y era muy pálido. Después llegamos a Camden. Yo vivía en el campo. En esa época estaba muy poco acostumbrado a Londres.

La llegada de Pablo coincidió con la adquisición del galpón en Chalk Farm por parte de Bernie, que se volvería el cuartel general de la banda. LaBritain recuerda:
-No nos dejaban hacer ruido durante el día, porque había otros negocios en el depósito, así que nos pasábamos todo el día limpiando las ventanas y pintando. Y a las cinco o seis de la tarde nos dejaban empezar a tocar. Ensayamos continuamente, incluso el domingo.

Mick Jones, Pablo LaBritain, Joe Strummer, Paul Simonon, Keith Levene en la sala de ensayo “Rehearsal Rehearsals” del barrio Chalk Farm (Londres), junio del ’76.

El baterista recuerda que Paul Simonon era “bastante chistoso, muy amigable; siempre le trataba de dejar notas a las chicas en los bares. Siempre había una moza que le calentaba, o viceversa”.

A Pablo, Keith Levene le parecía “un chabón medio nervioso”, mientras que Mick “era querible, pero bastante calentón. Se salió de las casillas conmigo un par de veces”.

Como nadie del grupo trabajaba, los fondos para socializar prácticamente no existían. Pero una noche juntaron efectivo suficiente para ir a tomarse una pinta al Speakeasy, un lugar para la gente del ambiente de la música, en calle Margaret, cerca de la rotonda Oxford. Paul salió de ahí con la campera de otra persona, y el dueño divisó lo que estaba pasando.

-Enfrentó a Paul a la salida y le dio un cabezazo. Le aflojó un diente -recuerda Paul-. Después hubo una riña. Yo pensé “¿Estoy por entrar a una banda con esta gente?”. Pero fue mucho más interesante que estar en mi casa, en Sussex del Este.

Antes, la salida de Pablo del grupo tras apenas una semana o algo así, había quedado en la niebla del misterio. Se suponía que Bernie había tomado una postura marxista para las composiciones del grupo, y sentía que un segundo integrante con educación privada en la banda iba a socavar la imagen proletaria de los Clash. Pero la verdad era mucho más simple: para Mick, Pablo no era muy bueno.

-Lo que pasó -dice Pablo-, fue que una noche vinieron a ver nuestro ensayo los Sex Pistols (sin John Lydon), y repasamos un par de temas para ellos. Me puse muy nervioso y me confundí un par de veces. Mick se fue furioso hacia alguna parte de Londres Sur, y Paul, Joe y Bernie se fueron detrás de él.

A la mañana siguiente, el baterista llegó al ensayo, como de costumbre. Inmediatamente, Joe lo llevó al pub Caernarvon Castle. Pablo presintió que algo andaba mal.

-Me compró una pinta, lo cual no era un buen augurio -se ríe-. Después me dijo “Estás despedido”. Volví al ensayo y zapé por última vez con Mick y Paul. Joe no estaba. ¡Estuvo bárbaro! Mick me dijo “¿por qué no tocaste así anoche?” Pero ya era muy tarde; me echaron. Si ves mi forma de tocar la batería y después ves a Topper… o sea, él es la posta. Un baterista fantástico. Para ser honesto, simplemente no estuve a la altura.

La historia de Pablo es un recordatorio de que es fácil interpretar mal los hechos, y llegar a conclusiones incorrectas. Esto se conecta con las revelaciones de otro músico que tocó brevemente con los Clash: Steve Jones de los Sex Pistols, que subió varias veces al escenario en la gira On Parole, en el verano boreal del ’78.

Su presencia en las fechas y ensayos fue interpretada por el encargado de giras Johnny Green como un intento de Bernie Rhodes de incomodar a Mick Jones en una época de tensión alta entre Mick, Bernie y los demás integrantes de la banda. En una conversación que tuve con Steve en noviembre de 2007, él estaba resuelto y convencido de que no existió ese plan para desestabilizar a Mick.

-Yo simplemente aparecía a tocar -dice-. Bernie y [el manager de los Sex Pistols] Malcolm McLaren no sabían qué estaba haciendo. Yo tenía mis antojos. Me gustaban los Clash.

La idea de una conspiración para que Steve Jones entrara al grupo, entonces existió solamente en la mente de los que disfrutan esas teorías. Pero hay pocas dudas de que Bernie Rhodes y los otros integrantes de los Clash aprovecharon la situación para poner nervioso a Mick, con quien (muchos coinciden) se estaba volviendo particularmente difícil trabajar en esa época.

Otra entrevista que hice que brindó un vistazo novedoso a hechos borrosos de los Clash, fue con Pablo Cook, percusionista de la primera formación del grupo de Joe, los Mescaleros. Pablo, que empezó a trabajar con Joe a mediados de los ’90, reveló cuán latente estaba una reunión de los Clash posterior a la reformación de los Sex Pistols en 1996. Gran parte eran comentarios de bar, pero en más de una ocasión parece que estuvieron de acuerdo unánimemente en que era una buena idea, con las típicas y poco ortodoxas posibilidades de suspensión, por parte de los Clash.

Pablo Cook.

-Yo estaba tratando de encontrar una forma de hacer que Joe saliera a tocar de nuevo en vivo -recuerda Pablo-. Una noche en el pub, le dije: “armemos una banda tributo juntos, que se llame The Clish o Una Tarde Con Los Clash, o algo así”. Yo estaba por armar una fecha en el Amersham Arms, en Londres Sur. Paul estaba dispuesto, Mick también, y yo iba a tocar la batería, porque Topper, obviamente estaba demasiado hecho puré en esa época. La idea era que la gente pensara “Uh, qué noche de mierda, qué miércoles deprimente, vayamos a ver esa banda tributo. Oh, pará… parecen bastante buenos, como los Clash. ¡Dios mío, son los Clash!”. Empecé a juntar gente que participara; todos estaban con muchas ganas, pero después se vino todo abajo.

Así que la oportunidad de ver a los Clash en un local de Londres Sur nunca se materializó. Y lamentablemente, por la muerte de Joe, nunca va a pasar. Pero de ahí en adelante hubo varias otras reuniones parciales e inesperadas de los Clash. Una, muy conocida. Otra no.

*
Cuando se trata de los integrantes vivos de los Clash, la noticia más importante de los últimos cinco años, es el resurgimiento de Topper de las garras de la drogadependencia, y su intento de volver a participar en la música. No fue un camino fácil para Tops, pero está totalmente limpio desde hace cuatro años, y lo celebró en junio de 2009 donándole a la fundación Strummerville (dirigida por la familia de Joe) un Mini Cooper rojo tuneado que se había comprado cuando paró por primera vez con la heroína.

Siempre se habló de que si el baterista se sentía listo para salir de gira y volver a grabar con una banda full-time, Mick iba a estar encantado de que Topper trabajara de alguna manera con Carbon-Silicon. Eso no pasó, pero el baterista subió a tocar “Train in vain” y “Should I stay or should I go?” con el grupo en 2008, en un bis de la primera de seis presentaciones enormemente populares de Carbon Silicon en el Inn On The Green the Ladbroke Grove. Fue un momento emotivo y poderosamente simbólico para cerrar el círculo, como cuando Mick subió al escenario con Joe en el Acton Town Hall, pocas semanas antes de la muerte de Strummer.

Fue la primera aparición de alto perfil de Topper detrás de una batería, desde la expulsión de los Clash 26 años antes. Ojalá que haya más, porque Headon actualmente está trabajando en un proyecto jazzero donde participa el exguitarrista de los Police, Henry Padovani. También tiene intenciones de escribir un repaso de su vida, actualmente titulado Headon Collision.

Mick (siempre considerado el integrante más motivado de los Clash, para quien crear música parece ser casi una necesidad psicológica), continuó manejando a Carbon-Silicon como un ente en parte mainstream, en parte poco convencional, girando con éxito por boliches chicos de EE.UU. y haciendo recis por única vez, festivales y residencias en el Reino Unido. En el verano boreal de 2009 tiene fecha de lanzamiento The Carbon Bubble, el disco posterior a su alegre álbum debut The Last Post.

Mientras tanto, Mick sigue trabajando en paralelo con The Rotten Hill Gang, un grupo timoneado por su excamarada de Big Audio Dynamite II, Gary Stonadge, y grabó con Dirty Stop Out, un proyecto musical en colaboración con Joe Corre (el hijo de Malcolm McLaren y Vivienne Westwood).

Cuando se escribió Passion Is A Fashion, Paul Simonon aparentemente le había dado la espalda totalmente a la música, concentrándose en su nueva carrera de pintor. Pero en 2006 reingresó al mundo musical para tocar el bajo con un nuevo proyecto de Damon Albarn, sin nombre oficial, pero al que la gente se refiere universalmente con el título del disco que crearon: The Good, The Bad And The Queen.

En enero de 2007, el CD llegó al puesto 2 del ranking de ventas, creando una situación rara: el emprendimiento musical de Simonon en el siglo XXI eclipsó a Jones tanto en su impacto comercial como cultural. Por ejemplo, The Last Post de Carbon-Silicon, no entró al ranking. Cuando no trabaja con TGTB&TQ, Paul sigue pintando la mayoría de los días, y tuvo otra exhibición exitosa en Londres en 2008, que incluyó varios óleos inspirados en las corridas de toros españolas.

Lo que es poco sabido, es que Mick y Paul también compartieron escenario juntos en años recientes. En enero de 2005, la modelo Kate Moss (amiga cercana de ambos músicos y de sus familias, desde hace muchos años), les pidió que tocaran en la fiesta de su cumpleaños 31, en su casa de los montes Cotswolds. También tocaron en el supergrupo, por esa única noche, Bobby Gillespie de Primal Scream y la pareja de Kate de ese momento, Pete Doherty, cuyo grupo post-Libertines, los Babyshambles, eran producidos por Mick en esa época. Entre las canciones que tocaron esa noche, estuvieron “Train in vain” y “Guns of Brixton”. Hay filmaciones del show, pero nunca circularon mucho. Así que el mundo sigue esperando una reunión musical pública de Mick y Paul.*

[*Nota de Lepo 1: Al final Mick y Paul terminaron tocando juntos en las giras de Gorillaz durante 2010 y en un supergrupo llamado Justice Tonight, que dio una serie de recitales a beneficio en 2011].

Los ensayos para la fiesta se llevaron a cabo en el estudio de Mick, en Acton, anexado a un depósito amplio que contiene su colección gigantesca de libros, videos, ropa, películas, guitarras, juegos de mesa, juguetes, posters de recitales, fotografías y recuerdos pocos vistos de los Clash y BAD. En su oficina del primer piso, está incluso el ropero del viejo departamento de su madre y su padre, en Brixton.

-Nunca tiré nada -confiesa Mick.

En marzo de 2009, algunos de los contenidos de sus armarios se expusieron durante cuatro semanas como una instalación artística en Chelsea Space, detrás de la galería Tate Britain, a un par de cientos de metros del edificio en el que los Clash armaron las canciones de London Calling. La muestra se tituló “Biblioteca Pública del Rock”, y se espera que un día los objetos de Mick encuentren un lugar público permanente.**

[**Nota de Lepo 2: ver este post de 2015: https://www.facebook.com/losclashland/posts/1019983574688196 ]

En cuanto a la magnitud de los Clash como íconos del rock, bueno, parece crecer más año tras año. Pocas ceremonias de premiación a la música parecen pasar sin homenajear al grupo de alguna manera, o pidiéndoles que le entreguen un premio a un artista con reputación de trabajar de una manera que recuerda al espíritu original de los Clash (aunque cualquiera que esté al tanto de sus aventuras pueda dudar de que realmente pueda pasar eso). Su catálogo continúa siendo explotado con un vigor considerable y con cuidado: en 2006, sus singles originales salieron a la venta en forma de minuaturas prolijas en un box set de CDs (The Clash Singles) y en 2008 el enérgico y funkero The Clash Live at Shea Stadium (The Clash en vivo en el Estadio Shea), pasó a ser la primera grabación de un show de los Clash que se publica completa.***

[***Nota de Lepo 3: En 2013 salió Sound System, que parece ser el compilado final y más completo de los Clash. Leer entrevista con Mick Jones, acá.]

Así que ahí tenemos. Como un cierre ameno para la transmisión de la historia de los Clash hasta acá, siento que puedo relatar una anécdota que tiene que ver con Topper. En marzo de 2009, al igual que las familias de Mick, Paul y Joe, recibió una invitación para acudir a los Premios Ivor Novello. Aparentemente, era uno de los compositores de uno de los mayores hits mundiales del año anterior. Perplejo, llamó por teléfono a Johnny Green. Su amigo y explomo hizo un par de llamadas y se enteró de que “Paper planes”, de M.I.A., utilizada en la banda sonora de Slumdog Millonaire [o ¿Quién Quiere Ser Millonario?] (y también hit por mérito propio), había sampleado “Straight to hell” de los Clash, que tiene a Headon en los créditos como coautor. Por supuesto, el contador de Headon se puso contentísimo cuando el baterista le transmitió la noticia.

Topper, que actualmente prefiere una vida tranquila, no fue a la ceremonia de premiación en mayo. En vez de eso, sacó a su perro Yowsah a dar un largo paseo, y luego asistió a una reunión de Alcohólicos Anónimos. Esas son las contradicciones perdurables de la vida diaria de un exintegrante de los Clash en el siglo XXI.

////FIN DEL LIBRO///
Primera publicación: 2004.
Versión revisada y actualizada: 2009.
por Pat Gilbert.
Traducción: Leandro P. Olmos “Lepo” – 2015/2016.

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