Recuerdos de Steve Jones de los Sex Pistols

17 Ene

Con el lanzamiento de su autobiografía Lonely Boy, el guitarrista reflexiona sobre Sid Vicious, Johnny Rotten y todo lo que salió mal.

Enero de 2017. Por Kory Grow, de RollingStone.com – Traducción: Lepo para RadioValvular.

Steve Jones, nacido en Londres pero residente en Los Angeles desde hace décadas, está considerando mudarse a lo que describe como el “medio de la nada”, en el norte de California.

-Es simplemente hermoso. No hace tanto calor y hay muchas lluvias -dice-. Y no hay mucha gente. La mayoría de la gente me hace poner nervioso actualmente, capaz porque me estoy volviendo un viejo cascarrabias.

Últimamente el guitarrista estuvo pensando mucho en su pasaje de ser un Sex Pistol con un pañuelo en la cabeza, a ser un viejo cascarrabias, mientras trabajaba en su autobiografía Lonely Boy [Chico solitario]publicada recientemente. En el libro, estructuró su vida en tres partes: “Antes”, “Durante” y “Después”.

-Es como un solo de guitarra: comienzo, surgimiento y final -dice, sonando más pensativo e ingenioso que cascarrabias.

El libro muestra el humor irónico y las valoraciones terminantes sobre sí mismo cuando analiza su vida. Detalla una niñez áspera, que incluyó el acoso sexual de su padrastro, lo cual lo llevó a la cleptomanía, a la adicción al sexo y al abuso de sustancias. Relata cómo se robó equipamiento de los shows de despedida de Ziggy Stardust de David Bowie, en 1973, y de otros recitales, para venderlos o para usarlos en su propio grupo emergente, que pasó a ser los Sex Pistols. Recuerda los puntos altos y los bajones de girar con Johnny Rotten y Sid Vicious, y explica cómo él y el baterista Paul Cook se volvieron a elegir para formar un grupo post-punk con inclinaciones al power-pop: The Professionals.

También habla sobre sus trabajos solistas; la producción de recitales y el trabajo actual como conductor de Jonesy’s Jukebox en la radio KLOS de Los Angeles, y termina el libro con un apéndice sorprendentemente detallado, que da una lista de decenas de “Cosas que no son rock”, como las sandalias y las selfies.

-Lo peor es ser pelado -dice-. Es gracioso cuando hay chabones pelados que tratan de cubrirse con sombreros y esas cosas. Simplemente es algo estúpido.

Como un todo, el libro ofrece una mirada renovada sobre el movimiento punk, a 40 años del lanzamiento de Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols, y presenta un autorretrato resuelto, a veces hasta incómodo, de Steve Jones.

-Sí, con algunas cosas me pregunté “¿Quiero dejar que todos sepan esto?” Pero me decidí: “a la mierda, que sea lo que sea” -dice.

-Tuviste una infancia áspera. ¿Con qué luchaste, que esté incluido en el libro?

-Lo de mi padrastro. Cuando tu padrastro juguetea con vos cuando tenés diez, te confundís. Y yo me confundí sobre mi sexualidad durante años; desde los diez hasta los 15. No soy para nada gay, cero por ciento, pero te encamina en una dirección rara. ¿Cómo te manejás con esa información?

-¿Cómo sentís que te afectó?

-Me volví cleptómano y adicto al sexo. Era adicto a todo. Pero eso no quiere decir que me hizo adicto a las drogas o al alcohol. Creo que yo ya tenía ese gen. Indudablemente me empujó a portarme peor. Yo intentaba llenar un vacío interior. Durante años, lo ignoré y durante muchos años no hablé de eso. No sabía cómo manejarme con eso. La mayoría de los chicos, cuando pasan cosas así, lo convierten en enojo o frustración. Yo lo manejé en terapia hace 15 o 20 años.

-¿Cuándo te diste cuenta de que el abuso te llevó a la cleptomanía y a la adicción sexual?

-En terapia. Cuando yo era cleptómano, no me parecía que estuviera haciendo algo malo. Yo sabía que estaba mal, pero nada me detenía. Alguna razón me llevaba a eso. La cleptomanía me daba algo para hacer todos los días cuando me despertaba a la mañana. Te da una razón para vivir de una forma rara. Ahora que lo pienso, ojalá no lo hubiera hecho. Estoy seguro de que le causé algunos problemas a alguna gente. No estoy orgulloso de eso. No es un sentimiento lindo. Pero cuando yo era pibe, lo último en lo que pensaba era en los pensamientos de los demás.

-¿Alguna vez le contaste a tu madre lo de tu padrastro?

-Sí, le mandé una carta a mi mamá. Mi terapeuta en ese momento me aconsejó hacer eso, así que le expliqué en la carta lo que sentía. Me mandó una carta negando todo: “Oh, eso no pasó. ¿De qué hablás? Estás loco”. Así que así terminó eso.

-¿Esa fue la última vez que le hablaste a ella?

-No hablo con ella desde 2008. Intenté tener relación con ella cuando dejé el alcohol. Cuando empezaron los Sex Pistols, ya no le hablaba desde hacía años. Simplemente paré de verla, totalmente. No tengo deseos, para ser honesto. Pero me siento atado a ella. No era una señora mala. Nada más era fría. Creo que no quería un nene; fue un accidente. Pero hizo lo mejor que pudo y no tengo animosidad. Pero simplemente es mejor para mí no tratar de tener una relación más falsa que la mierda.

-Alguna vez obtuviste alguna opinión de ella sobre los Sex Pistols?

-Nunca dijo nada. Probablemente fue algo agridulce, porque yo era famoso, pero no famoso de una forma buena. No sé, porque ella es dura. Hablás con ella sobre el clima, y si profundizás más, ella se cierra.

-Volviendo a tu cleptomanía: en el libro escribiste sobre eso con un cariño reservado. ¿Cuál te parece que fue tu acto criminal más audaz? ¿El robo a Bowie, donde te llevaste equipos directamente del escenario, en casi la última fecha de Ziggy?

-Indudablemente ese es el más famoso. Yo era un fan total y lo gracioso es que tuve en mi programa de radio a Tony Visconti y al baterista Woody Woodmansey, e hice las paces con Woody por robarle sus platillos. Él quedó como petrificado. Lo miré y le dije “¿Qué querés?”, y él dijo “Bueno; nada”. Yo le dije “Bueno, decí algo”. Así que dijo “Dame 100 dólares”. Entonces le dí 200 mangos, y se quedó contento.

-Te encantaba David Bowie en esa época. ¿No te importó robarle a alguien que admirabas?

-Sí, es raro. Supongo que simplemente era una manera de estar más cerca de los ídolos.

-Años después conociste a Bowie. ¿Lo admitiste en ese momento?

-Creo que él de una u otra forma sabía que fui yo. Pero la cosa es que en realidad lo robado no eran cosas de él.

-Te llevaste sus micrófonos.

-No creo que hayan sido de él. Pero ojalá tuviera el más chico, manchado con su pintura labial.

-Diste ese golpe en 1973 y usaste vos mismo los equipos con los Pistols. Un par de años después conociste al hombre al que apodaste “Johnny Rotten” (Johnny el Podrido), por sus dientes. ¿Tan feos eran?

-Un par de los incisivos estaban verdes. Simplemente parecían podridos. No eran como colmillos ni nada. No era nada importante, pero supongo que quedó.

-Sí. Lydon me contó que él lo aceptó porque era gracioso.

-En nuestra época éramos una banda muy cómica. Jodíamos con todo.

-Tenías una relación difícil con Johnny, pero ¿fue eso lo que los separó a todos en la gira por Estados Unidos?

-Fue todo. Sid era un idiota que nada más quería drogarse y no trataba de tocar el bajo. Johnny… Estábamos todos a la deriva, en direcciones distintas. No éramos una banda; una unidad. Estaba todo disperso, y Estados Unidos lo empeoró, porque no estábamos acostumbrados a este país grande y toda la atención. Simplemente fue una época rara, en sólo dos semanas o el tiempo que hayamos estado en EE.UU.

-¿Por qué pensaron que se podía continuar sin él, cuando vos y Paul Cook se fueron a Brasil después de la presentación en San Francisco?

-Bueno, estábamos planeando irnos a Brasil a hacer una película: La Gran Estafa del Rock ‘n’ Roll. Y por supuesto, Lydon a esa altura no estaba interesado. Cookie y yo fuimos, porque parecía un lugar bárbaro para ir. Yo quería seguir haciendo la película.

-¿Creyeron que podían continuar como trío?

-No, no. En ese momento ni siquiera hablamos de eso. Aunque en la película parecía que estábamos probando cantantes, eso era simplemente la idea de Malcolm McLaren de que él creaba todo. Pero no teníamos ninguna intención de conseguir otro cantante. Si lo hubiéramos hecho, no nos hubieran llamado Sex Pistols.

-¿Cuánto tiempo pasó desde que volviste de Brasil hasta que hablaste con Lydon?

-Deben haber sido años. No me acuerdo, porque en ese momento yo era un bardo. Ahí fue cuando empecé a tomar drogas.

-En ese momento, habías visto a Sid luchar con las drogas. Ver lo que pasaba con él, ¿te hizo cuestionar tu propio consumo de drogas?

-De ninguna manera. Ni se me ocurrió. La heroína era la droga perfecta en esa época. Yo no pensé “Uh, mejor no lo hago, porque mirá lo que le pasó a Sid”. Simplemente, yo no pienso así.

-Sid podía llegar a ser muy beligerante. Escribiste mucho sobre cuando le tiraba vasos a la gente en los bares. ¿Alguna vez sentiste que te estaba poniendo en peligro?

-Cuando vinimos a Estados Unidos yo iba con él a los bares de vaqueros y para los vaqueros él era como un imán. Lo miraban y peleaban. Una vez, él y yo y uno de los guardaespaldas asignados para cuidarnos, nos peleamos en algún bar de Texas o por ahí. Yo pensé “¿Sabés qué? Me harté”. Era casi como que él lo provocaba, para vivir de acuerdo a la imagen de los medios. Era como decir “Sos Sid Vicious [Sid el Violento], ahora hacé algo violento”.

-Escribiste que te llevó un tiempo sentir remordimiento por la muerte de Sid. ¿Qué extrañás de él?

-Tenía buen sentido del humor. Tenía un alma adorable. Y creo que podría haber sido una promesa, ¿entendés? Creo que podría haber sido una estrella con su propia luz. Lo es de alguna forma, pero no lo conocen por otra cosa que por ser Sid Vicious. Pero él sí tenía algo de talento. Creo que se tiró a lo profundo muy rápido y no pudo salir a flote… como todos nosotros, en cierta forma. Pero nosotros teníamos un poco más de experiencia que él.

-John Lydon escribió en uno de sus libros que Lemmy Kilmister de Motörhead le trató de enseñar [a Sid] a tocar el bajo. ¿Te acordás de eso?

-Capaz que sí, pero yo traté de enseñarle dónde poner los dedos. Al principio lo intentó. La verdad que hizo lo mejor que pudo. Yo le ponía pedazos de cinta donde tenía que poner los dedos, pero… era un dolor de huevos. Yo no quería andar enseñándole a alguien a tocar el bajo. Así que se las arregló de algunas maneras raras. Me alegro de que no haya tocado en el disco. Eso hubiera sido un desastre. Pero se escucha un poco en “Bodies”, porque está desafinado.

-¿Qué hiciste con el legado de Sid desde su muerte?

-Me molestó al principio, cuando entró a la banda, porque él llamaba más la atención que yo. Pero ahora miro para atrás y veo por qué. Él era el punk perfecto, por así decirlo. Tenía la facha perfecta. Hacía cosas indignantes. Él y su novia terminaron muertos. La verdad que no se puede superar eso.

-Vos sos el dueño de su bajo. En tu libro, escribiste que no tuviste sentimientos por los New York Dolls cuando Malcolm te dio la guitarra de Sylvain Sylvain. Pero ¿tenés sentimientos por el bajo de Sid?

-No. Solamente lo tengo y no lo vendí todavía.

-¿Alguna vez lo vas a vender?

-Ni siquiera lo pensé. Un par de personas ofrecieron un montón de plata, pero no sé si sería mal karma. Pero no tiene valor sentimental.

-Este año va a ser el aniversario 40 de Never Mind the Bollocks. ¿Qué opinás cuando lo escuchás ahora?

-Por la estructura de las canciones, es un disco muy estrafalario para ser hecho por chicos de 19 y 20 años. Simplemente es un disco clásico, por así decirlo. No me estoy inflando. Pero es un disco estrafalario. No fuimos y dijimos “Necesitamos escribir un hit para la discográfica”. No hubo nada de eso. Pero hay muchas partes pegadizas en algunas canciones. No sé. Simplemente es un disco re raro. Cuando lo escucho me encanta. Me gusta el sonido que tiene. El punto más alto de mi trayectoria en los Sex Pistols fue cuando grabé el disco. Ahí fue cuando me divertí más y pude ser más creativo. Y Chris Thomas me permitió ser creativo y Bill Price sacar lo mejor de mí, porque literalmente hacía solamente un año que tocaba. Y no sé. Es bastante extraordinario que haya salido así.

-Escribiste en el libro: “Los Sex Pistols nacieron para chocar e incendiarse y eso es exactamente lo que hicimos”. ¿Cuándo se volvió evidente para vos esa autodestrucción inminente?

-Fue evidente después de la presentación en Bill Grundy, y después, cuando entró Sid a la banda. Simplemente no parecía que fuera a durar mucho más. Se volvió todo oscuro y raro. Además éramos todos muy jóvenes. No teníamos habilidad para recuperarnos. Yo seguro que no. Creo que ninguno de nosotros sabía lo que estaba pasando.

-¿Cuándo te parece que el caos y el espectáculo le pasaron por encima a la música?

-Quedamos atrapados en todo el remolino de los medios masivos, después de Grundy, y no nos interesaba componer canciones.

-¿Cómo es ahora tu amistad con John Lydon?

-No hay amistad. Él vive en L.A., yo también, pero simplemente no nos hablamos. Creo que la última vez que hablé con él fue en 2008 cuando hicimos una gira por Europa. No tengo deseos de hablarle y él no tiene deseos de hablarme. Eso está totalmente bien. Le deseo todo lo mejor. No tengo resentimiento hacia él. Simplemente nuestro matrimonio salió mal y nos divorciamos. Vos no le querés hablar a tu exesposa, ¿o sí?

-Así que parece que otra reunión es improbable.

-Por el monto de dinero que ganamos cuando hacemos reuniones, no. Si hiciéramos plata como los Rolling Stones, eso sería distinto.

-Intentaron componer música nueva para un posible disco nuevo de los Pistols, en 2003. ¿Cómo sonaba?

-Era horrenda. Dio ocote a los dos minutos. Fue lo peor que podríamos haber hecho.

-Después de los Sex Pistols, vos y Paul Cook formaron los Professionals, pero el grupo no duró mucho. ¿Alguna vez pensaste en reunir ese grupo?

-Nunca se sabe. No lo haría para volver loco al mundo. Paul me cae bien. Él es mi amigo más viejo y más cercano, así que podría ser una posibilidad, si no es demasiado dolor de cabeza.

-Escribiste que algo que te fastidiaba del punk es que parecía que no tenías que querer plata ni disfrutar del éxito. ¿De dónde creés que salió eso?

-Bueno, venía de todas las otras bandas punk de la época: los Clash, con sus letras. Estaban todas las otras bandas que decían “No somos como todas las estrellas de rock, que andan en Rolls Royces y viven en mansiones”. No es que nosotros fuéramos a hacer eso. Pero tampoco queríamos estar en la lona. ¿Quién quiere estar en la lona? Era algo estúpido. Yo no quiero vivir en una casa okupa de mierda. Ninguno de nosotros quería eso. Creo que cuando digo que queríamos ganar guita como cualquiera, hablo por todos. Y merecíamos ganar guita. Así que no sé dónde empezó eso. Era porque las otras bandas pensaban que era así. Era una onda distinta a Led Zeppelin. Era una cosa distinta. Pero aparte de la plata, no hay diferencia entre Led Zeppelin y los Sex Pistols. Es la misma personalidad: está el loco, está el que no lo quiere a ese, y hacen cosas escandalosas. No hay diferencia.

-En tu libro sos mucho más amable con el recuerdo de Malcolm McLaren en comparación a John en el suyo. ¿Por qué?

-Ellos nunca se llevaron bien. Chocaron desde el principio. Para mí, Malcolm era un amigo, antes de que la banda empezara, así que yo era más leal hacia él, aunque hizo algunas cosas de mierda. Ahora agradezco lo que hizo John cuando demandó a McLaren [por derechos musicales de la banda]. No me malinterpreten. Esa fue una movida buena. Nada más que yo personalmente no lo hubiera hecho, por mi relación con McLaren.

-¿Qué opinás de la manera en que sigue resonando hoy junto al punk el sentido de la moda de Malcolm y Vivienne Westwood?

-Es estrafalario. Gucci acaba de hacer una campaña completa con pantalones de sadomasoquismo. Nunca se termina. Parece que llegó para quedarse en la cultura popular. Pero ahora no te podés poner nada. Nada es escandaloso. Podés andar por la calle con esos pantalones, o tener el pelo rosa, y nadie siquiera te va a mirar dos veces.

-Hay bandas como los Exploited que se mantuvieron con el mismo look desde el ’79, y grupos como Green Day, con los pelos parados.

-Creo que cuando llegás a tu mejor momento, no salís de eso. Pero para ser honesto, me importa muy poco. La imagen es algo divertido.

-El punk se extinguió en los ’80 cuando creció el metal, pero bandas como Megadeth, Mötley Crüe y Guns N’ Roses hicieron covers de sus canciones. ¿Qué opinás de ellos?

-Bueno, cuando vine a Estados Unidos con el pelo largo, medio que hice eso. Yo no tocaba rock de gritos, o como quieras llamarlo, pero me gusta la energía de esas bandas. Me sentí halagado por que quisieran hacer canciones de los Sex Pistols. Anthrax hizo “God save the Queen”. Me halagó más cuando los Guns hicieron una canción que compuse yo: “Black leather”, en su disco de covers Spaghetti Incident. Las Runaways también la hicieron con Joan Jett, y fue una buena sensación.

-Hacia el final de los ’80, hiciste una sesión con Bob Dylan para Down in the GrooveEscribiste en el libro que no te sentías preparado para la sesión. ¿Qué sentiste?

-Nunca había grabado así. Él simplemente veía si todas esas canciones encajaban en nosotros; si alguna cuajaba. A posteriori, si hubiera sabido eso, le hubiera puesto más ganas, en vez de solamente rasgar. Creo que Bob quería ver si se creaba alguna magia.

-¿Por qué quería grabar con vos? ¿Era admirador de los Pistols?

-No. No sé por qué. Creo que él simplemente elige a cierta gente para tocar. Pero fue una gran experiencia. Él y yo nos llevamos bastante bien. Por alguna razón fue muy amistoso conmigo.

-¿Te ves haciendo algún disco solista nuevo?

-Sí, nada más para cagarme de risa. Hace mucho que no hago un disco solista. Tengo montones de canciones sin terminar, así que está en mis planes. Me encantaría que lo produjera Jeff Lynne.

-Cuando pensás en tu vida, ¿de qué te arrepentís?

-Uno de mis mayores arrepentimientos es haberme ido de los Sex Pistols en San Francisco [después del recital final, en 1978]. Pude haberme estado comportando un poco apresuradamente. Ojalá hubiéramos vuelto y tomado un respiro. Podríamos habernos juntado a charlar. Pero era una época rara. Parecía escrito en el destino. Pero me arrepiento de no haber hecho un intento más.

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