Reseña original del primer disco de los Clash (abril de 1977)

8 Abr

Si no te gustan los Clash, no te gusta el rock

Reseña publicada originalmente por la revista Sounds (Inglaterra), el 9 de abril de 1977. Escrita por Pete Silverton.

Traducción: Lepo MacStrummer – exclusivo para RadioValvular.wordpress.com

Los Clash son la esencia de las calles de Londres en persona. Como todos los clichés, este es parcialmente cierto y parcialmente falso. Pero la falsedad que contiene, refuerza cualquier valoración sobre los poderes creativos de los Clash.

Si recuerdo bien mis clases de geometría, el triángulo es la forma física más fuerte. Las tres líneas rectas se balancean mutuamente a la perfección, y los ángulos concentran la fuerza intrínseca en tres puntas afiladas. Pero cuando se trata de tríos humanos, tienen el desagradable hábito de separarse en dúos más normales socialmente. Dos atacan juntos al tercero, y lo excluyen.

La única forma en que pueden funcionar los tríos humanos, es cuando cada integrante tiene una creencia total y una confianza definitiva en los otros dos. Las discusiones pueden cimentar más que fragmentar la relación. Y justamente de eso se tratan los Clash. El nombre no se refiere simplemente a los conflictos obvios con el mundo exterior, sino también a los antagonismos internos, que, lejos de debilitar su energía colectiva, en realidad les aportan trampolines indispensables para las ideas y estímulos para la acción.

Pero la banda nunca estuvo pensada de esa forma. Antes de cristalizarse como el núcleo actual de tres hombres (Mick Jones, Paul Simonon y Joe Strummer), sé que probaron al menos un baterista un par de semanas, y se retiró lamiéndose las heridas, tratando de restablecer algún tipo de compostura mental, sin poder aceptar el frenesí de su certeza de que lo que hacían era lo correcto y la única forma posible de hacer algo.

Lo que estaban resueltos a lograr, era un conjunto artístico que reflejara y creara el Londres de fines del ’76 y mediados del ’77, de la misma manera en que Presley intervino la energía latente del sur en 1956, y de la misma manera en que los Beatles y los Stones surgieron de las calles como línea frontal de asalto de la nueva juventud próspera de la postguerra, en los orígenes de un “establishment” atrofiante, en el ’63/’64.

Que los Clash son la esencia de las calles de Londres en persona, ya es un cliché. Como todos los clichés, este es parcialmente cierto y parcialmente falso. Pero la falsedad que contiene, refuerza cualquier valoración sobre los poderes creativos de los Clash.

La falsedad está basada en un error de comprensión del proceso artístico, viéndolo como un reflejo pasivo más que una creación activa. En sus entrevistas, ellos dan la impresión de que son blancos pobres salidos de las torres de departamentos hacia la fila de desempleados. Al menos en el caso de Joe Strummer, nada está más alejado de la realidad. Pero, dada su falta de experiencia como pobre de nacimiento, el hecho de que pueda escribir canciones que expresan con tanta elocuencia las frustraciones y las obsesiones de los ignorados por la sociedad, es un indicativo tremendo de su talento.

Su habilidad como artífice de canciones y su presencia carismática arriba y abajo del escenario, quedaron claras para cualquiera que lo haya visto trabajar en los últimos 18 meses. Lo que también queda claro, es que a la mayoría de la gente le llevó igual cantidad de tiempo alcanzarlo. Él sabía exactamente lo que estaba tratando de lograr con los 101’ers a principios del año pasado, pero no entendía cómo lograrlo y se frustró y se amargó en el intento.

El conocer a Mick y Paul, le permitió canalizar esa amargura y juntos generaron el disco que estuve esperando desde que vi por primera vez a Joe tocar. Un disco que sienta el estándar al que cualquier otra banda de los ’70 va a tener que aspirar.

Abre con uno de los primeros favoritos en vivo de la banda, “Janie Jones”, co-escrita por Jones y Strummer, como todas las canciones, salvo dos. “Remote control” es más nueva y está terminada con menos perfección, pero sus frases de ciencia ficción y fantasía y un par de frases raras de Joe, llegan a un clímax con uno de los estribillos más asombrosos de la historia: cantan “re-pre-sión” hasta que el sonido se vuelve tan opresivo y penetrante como su significado.

Después de ver a Joe Strummer como uno de los mejores imitadores de Chuck Berry que he escuchado en mi vida, “I’m so bored with the USA” es un comentario irónico sobre ese talento ahora abandonado.

“Uno, dos, tres, cuatro”, y aparece “White riot”, el single que viene a atacarte. Es una toma distinta, más rápida, sin efectos sonoros. Pero es igual de buena y no hay nada más que decir al respecto; solamente destacar que si todavía no sabés que es un grito virulentamente antirracista, realmente no sabés lo que está pasando.

“Hate and war” te retuerce las tripas con un realismo inquebrantable, alejado de la inmadurez del mismo eslogan tatuado en tus nudillos: “Odio y guerra, es lo único que tenemos hoy. Si cierro los ojos, no se van a ir”.

A pesar de su letra callejera y valiente, “What’s my name” (co-escrita junto a Mick y Joe por el tercer guitarrista de los orígenes de la banda, Keith Levene) no llega a estar a la altura de la implicancia del título.

“Deny” también se queda un poco corta de su premisa inicial, pero el octavo y último tema de este lado, es la verdaderamente histórica “London’s burning”. La rima infantil se acaba y le echan la culpa del incendio de la ciudad indudablemente al aburrimiento y su manifestación física en la omnipresente televisión, en un depto o jaula aislada.

El lado dos abre con “Career opportunities”, una canción que lleva la falta de futuro del pibe promedio hasta el filo de la navaja, metido a presión en el estribillo más pegadizo que te puedas imaginar. “Todos los trabajos que ofrecen son para que no vayás en cana”. “Cheat” abre con los versos inmortales: “Me pongo violento cuando me mando una cagada / Me quedo en silencio cuando estoy acurrucado / Quiero emoción / No la consigo”. Pero desafortunadamente se arruina bastante por un efecto phaser de guitarra. Uno de los errores de criterio del productor Mickey Foote. Fui bastante antipático con su producción la otra semana, cuando reseñé el single, y acá y ahora, me retracto parcialmente de esa crítica, y admito que es un primer esfuerzo admirable.

Cuando me mostraron por primera vez la letra de “Protex Blue”, el verano boreal pasado, pensé que era bastante tonta, pero eso simplemente demuestra que uno se puede equivocar, porque resultaron ser 105 segundos formidables.

“Police and thieves” fue el hit reggae del verano caluroso, y los Clash lo convirtieron en el mejor reggae blanco de la historia, sin excepción. Joe hace hachazos chillones, mientras Mick repica con un estilo entrecortado más auténticamente jamaiquino, y Paul da zancadas por todos lados con un arreglo de bajo impresionante. Pero todavía no estoy seguro si queda bien con la actitud muy firme del resto del disco.

El tiempo nunca estuvo tan condensado como en la muy inmediata “48 hours”, de 1:34 minutos.

“Garageland” saca toda la energía con su comentario áspero sobre cierta observación de un crítico, de que los Clash son “una banda de garaje que se debería haber quedado en el garaje con el motor del auto prendido”. Esto simplemente demuestra que él estaba muy equivocado y también resalta los momentos de humor del disco, que son frecuentes pero pasan desapercibidos con facilidad.

En su nivel más básico, The Clash es el mejor disco bailable para blancos, de los ’70. Cada tema tiene potencial para hacerte mover. Si creés que eso no significa nada, tené en cuenta que, aparte de coger, bailar es la forma más desarrollada de expresión física.

Y cuando se trata de energía rockera cruda, hace que casi todo lo que hayás escuchado en tu vida, suene decididamente blando y amable. Alguien escribió que los Damned son solamente una banda muy enérgica de rock and roll. No te dejes confundir: el rock no se trata de ser algo. Se trata de ser todo y querer ser más. Y los Clash van por ese rumbo.

Las letras de los Damned son pequeñeces irrelevantes al lado de las de los Clash, y aunque su disco pueda estar mejor producido, en realidad los Damned están yendo hacia ninguna parte sumamente rápido (excepto hacia la riqueza y la fama), mientras que los Clash apuntan y están logrando una excelencia y una originalidad deslumbrante. Hicieron un disco que va a cambiar la percepción de mucha gente, y con suerte va a canalizar sus diversas frustraciones. Como debut, es terriblemente sólido.

Si no te gustan los Clash, no te gusta el rock. Realmente es así de simple. Y punto.

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