“Redemption Song” – libro de Chris Salewicz sobre Joe Strummer. Capítulo 11.1

30 Abr

TRADUCIDO POR: Lepo MacStrummer para RadioValvular y Clashland.

11. Voy a ser un punk rocker

1976

Para Joe Strummer, el show del día siguiente en el Nashville Rooms fue una epifanía:

-Apenas pisó las tarimas Johnny Rotten, para mí, fue el anuncio del final. Nosotros éramos la banda principal. Y estábamos sentados en el camarín y pasaron ellos por ahí para llegar al escenario, en una fila grande y larga. Y vi a un tipo con un saco tipo Elvis Presley, de tela lamé dorada, al final de la fila, mientras pasaban. Entonces pensé: “voy a ver cómo son estos chabones”. Así que le toqué el hombro y dije “Qué lindo saco que tenés”. Y se dio vuelta y era Sid Vicious. Y dijo “Sí, ¿no? Te voy a decir dónde lo conseguí. ¿Viste ese puesto allá en Camden? Bla bla bla”. Y era re amistoso; era un chabón re amable. No le hacía falta impostar ninguna actitud. Y se vestían copadísimo y supe que eran algo copado. Así que salí hacia el público y me senté.

Derecha: Sid Vicious con el saco dorado en el Nashville Rooms, abril del ’76.

“Había capaz que treinta personas dando vueltas, ¿viste? Y [los Pistols] salieron y simplemente… me dejaron seco. Salieron como diciendo ‘No me importa una mierda si les gusta o no. Esto es así. Si no les gusta, váyanse a cagar’. Esa era la diferencia. Estaban como un millón de años adelantados. Inmediatamente, me di cuenta de que nosotros no íbamos a ningún lado. Y el resto de mi grupo los odió. No querían ver ni oír nada de eso. Así que empecé a ir a festivales punk y a meterme en toda esa cuestión. Con el tiempo, eso destruyó toda la banda”.

Unas tres semanas después, el 23 de abril de 1976, los Pistols abrieron de nuevo para los 101’ers en el Nashville. Yo estuve ahí esa noche y vi algo distinto. El medidor de controversias de los Pistols había subido varios grados, significativamente.

El lugar estaba repleto: estaban Mick Jones, Tony James, Dave Vanian, Adam Ant y Vic Godard, más un par de periodistas, como así también Malcolm McLaren, Vivienne Westwood y Bernie Rhodes. Pero, siempre imprevisibles, los Pistols no tocaron bien. Para avivar las cosas, Vivienne Westwood cacheteó a una chica justo al frente del pequeño escenario. En el alboroto resultante, tanto McLaren como Rotten -que había saltado del escenario hacia el público- se pusieron a pelear con el novio de la chica. Asustado, el resto del público retrocedió. Fue lo más extraño que muchos de ellos habían visto en sus vidas, en un supuesto recital “pop”. No había ningún tipo de marco de referencia para encuadrar ese incidente. De ahí en adelante, la violencia iba a ser un subtexto constante del punk rock.

El mismo día del segundo reci en el Nashville de los Pistols y los 101’ers, salió Ramones, el primer álbum del grupo que estaba creando una mitología propia en New York, como un conjunto de  zopencos caricaturescos del Lower East Side, que casualmente también tocaban la música más rápida que había en existencia.

Aunque contenía 14 canciones, la duración total de su LP homónimo era de menos de 28 minutos.

-Los Ramones fueron el grupo más importante; el que cambió el punk rock -dijo Tony James-. Cuando salió su disco, todos los grupos ingleses triplicaron su velocidad de la noche a la mañana. Canciones de dos minutos, muy rápidas. Los Pistols fueron casi el único grupo que se mantuvo a la velocidad de los Who.

Como los 101’ers ya estaban, según la definición de Joe, tocando “rhythm and blues a 160 kilómetros por hora”, uno puede suponer que él encajaba idealmente en ese cambio. Esa era la opinión de Bernie Rhodes, que volvió a estudiar a Joe sobre el escenario, en ambas fechas del Nashville, y lo habló poco después de cada actuación. Pero no estaba listo para decirle el plan que estaba fermentando en su cerebro siempre activo.

Joe no había dejado atrás del todo las cadenas del rock establecido. Del 21 al 26 de mayo, los Rolling Stones tocaron en el estadio Earl’s Court y Joe llevó con él a Pete Silverton.

-Él era un ser humano generoso esporádicamente. Pero teníamos los peores asientos del lugar. Totalmente horribles. Joe dijo “No nos vamos a sentar acá”. Nos levantamos y fuimos caminando hasta el frente, pasando por todos los patovicas, hasta tres metros del escenario, y encontramos unos asientos. Teníamos dudas sobre los Stones: era la banda más fantástica de la historia, pero sabíamos que no era su periodo más genial, y los despreciábamos un poco porque no eran lo que nosotros queríamos. Esto fue incluso antes del punk y la retórica sobre las bandas “dinosaurio”. Estábamos al frente de Bill Wyman, que ponía cara de nada cuando tocaba. Joe se pasó todo el tiempo tratando de llamarle la atención a Wyman, y al final lo logró. Se la pasó gritando “¡Bill, Bill!”. Estaba decidido a hacer que Bill le sonriera. Y al final sonrió.

Parte de un mito sobre la formación de los Clash, repetido frecuentemente, es que Mick Jones, Paul Simonon y Glen Matlock se acercaron a Joe un sábado a la tarde, después del segundo show en el Nashville. Supuestamente dijeron “Nos caés bien, pero tu grupo no”. Una vez le pregunté a Joe si eso pasó y su respuesta fue inmediata:

-No, la verdad que no. Sí los vi un día en la oficina de desempleo. Me miraban raro y pensé “voy a pelear”. Pero nada más me estaban mirando porque habían visto a los 101’ers tocar la semana anterior en Acklam Hall, debajo de la autopista Westway. No me acuerdo de haberlos cruzado en calle Portobello.

Aunque todavía no había hablado con él, Joe notó que Mick Jones estaba en el público, en otra presentación de los Sex Pistols, esa misma semana de los conciertos de los Rolling Stones. Era la tercera fecha habitual de los Pistols, los martes en el Club 100.

Al principio de mayo, Mick Jones había empezado a tocar con Paul Simonon, Keith Levene, un cantante que se llamaba Billy Watts y (brevemente) Terry Chimes en batería, con quien también había tratado de trabajar en el otoño boreal. En esa época Mick Jones y Paul Simonon vivían en una casa usurpada en Londres Oeste, en calle Davis 22, en el límite entre Shepherd’s Bush y Acton.

La banda de Mick y Paul en Davis 22.

Iain Gilles, que en ese entonces vivía en Londres, se acuerda de que Gill Calvert decía que a Joe le gustaban tanto los Pistols, que no creía que los 101’ers fueran a continuar.

-En esa época fui a una fiesta en Londres Norte, con Gill, Mickey Foote, Boogie, Richard Dudanski, Joe y algunos otros. La fiesta era en una casa bastante normal, pero Glen Matlock estaba ahí con algunos otros parásitos de los Pistols. Había una atmósfera muy notable que surgía de la gente de los 101’ers y de los Pistols. Y me pareció que estaba por pasar algo nuevo.

Cuando Joe Strummer fue a ese show de los Sex Pistols en el Club 100 (un sótano en calle Oxford al 100, en el West End de Londres), se llevó con él a Gill Calvert. Gill acababa de ayudarlo a abrir otra casa okupa en una exfábrica de helados, en el pasaje Foscote, cerca de calle Harrow.

La mudanza de Joe hacia ahí, se vio mayormente motivada por su decisión de que terminara la relación con Paloma, y por lo tanto debía irse de Orsett Terrace. No fue Joe sino Paloma quien había iniciado ese proceso. Ella estaba temporalmente en Escocia y dudaba sobre la factibilidad de su relación, y necesitaba un poco de espacio.

-Él me dijo “vení conmigo y escuchá este grupo” -dijo Gill Calvert-. Él sabía que iba a ser un momento crucial, porque me insistió en que me vistiera bien. Él tenía el pelo engominado hacia atrás, una campera de cuero y estaba razonablemente limpio. A esa altura, se había hecho enangostar los pantalones.

-Conocí a Bernie cuando los Pistols telonearon a los 101’ers en el Nashville Rooms -me contó Joe-. Pero después lo conocí bien en las noches punk habituales del Club 100, cuando tocaban los Pistols.

-Joe nos hizo caminar hasta el Club 100 desde calle Chippenham -recordó Gill Calvert-. Era una caminata larga, de un par de kilómetros, y era una noche de calor. El comienzo de ese verano boreal largo. Ahí fue cuando Bernard planteó su interés en Joe. Nos compró un trago. Joe solamente tomó media cerveza rubia. Y nos sentamos al fondo, en una mesa, mientras él le hablaba a Joe sobre lo que hacía, y que iba a armar The Clash. Lo encaró directamente ahí y en ese momento. Estábamos muy entusiasmados. Después de esa conversación con Bernie, nos fuimos bastante temprano, como si estuviera todo listo y no quisiéramos hacer nada más. Joe parecía muy entusiasmado.

Para ayudarlo a decidirse sobre irse o no de los 101’ers hacia ese grupo nuevo, Joe consultó su copia del I Ching, el libro chino “de los cambios”. Tiró tres monedas seis veces para ver cuál de los 64 hexagramas del Ching consultar. La respuesta que recibió fue “quedate con tus amigos”.

-Él decidió según su conveniencia, que sus “amigos” eran los Clash -dijo Paul Buck-. Pero fue una manera extraordinariamente hippie de decidir entrar a un grupo punk.

Cuando Paloma volvió a Londres, su entusiasmo por Joe se reavivó. Se mudó con él al pasaje Foscote por un periodo corto, sin saber que él había decidido que la relación estaba terminada. Por esa confusión, Joe se sintió obligado a irse del pasaje Foscote y volvió temporalmente a Orsett Terrace.

-Estábamos teniendo problemas -dijo Paloma-, así que me fui un par de meses a un campo de Escocia, con Gail Goodall y Mole. Nos manteníamos en contacto por teléfono. En esa época surgió el punk. Cuando volví, comprendí todo y quise estar con él. Pero él se había mudado de Orsett Terrace. Me tomé un colectivo hacia la fábrica de helados. Ahí vi a un montón de gente vestida de punk. Mick Jones era uno. Me dijeron que él estaba en un pub. Fui corriendo hacia él y lo abracé. Estaba muy serio y me dijo “Voy a ser punk rocker”. Pero cuando hablamos, él cambió y volvimos a estar juntos. Pero nunca volvió a ser lo mismo. Yo estaba insegura. Él se volvió a Orsett Terrace. Después nos fuimos los dos a la fábrica de helados. Dijo que quería que tuviéramos una relación “abierta”.

Paloma se quedó ahí y, según Gill Calvert, “armó las Slits de golpe”.

-A ella nunca le había gustado tanto la música. Agarró la batería. Pensó: “si vos podés, yo también, qué mierda”. Después se mudaron algunas de las Slits al pasaje Foscote: Ari Up, la cantante, y Viv Albertine, la guitarrista.

Paul Simonon -atípicamente no fue Joe-, rebautizó a Paloma como “Palmolive”, el nombre con el que ella se volvió conocida en la banda.

-Cuando Joe empezó a venir a la casa de mi mamá, él nunca venía con Paloma -dijo Ari Up, que en ese entonces tenía 14 años-. Cuando ella me pidió armar un grupo, yo no sabía que él estaba con ella. Él me enseñó guitarra. Era difícil aprender guitarra con la Telecaster de Joe: era difícil de apretar. Él solamente decía uno o dos chistes. Siempre estaba tocando la guitarra. Solamente acordes. Era como una estrella guía, pero muy callada. Era como un hermano para mí. Nunca trató de levantarme.

Los que rodeaban a Joe en esa época, sienten que ese comportamiento hacia Paloma, era parte de la forma de encarar la vida en el Año Cero. Como en alguna especie de revisión estalinista, estaba reescribiendo grandes partes de su pasado.

El 26 de mayo, el día después de la reunión con Bernie Rhodes en el Club 100, Joe había ido a ver a Clive Timperley a su casa okupada, en Cleveland Terrace.

-Strummer vino a mi depto. Me dijo “quiero hacer punk y quiero que vengás conmigo”. Hablaba de eso como si fuera a ser con los 101’ers. Se pasó todo el día conmigo, convenciéndome del rumbo que quería tomar. Se la pasaba diciendo “máximo impacto”. Quería que yo hiciera un esfuerzo mayor como artista sobre el escenario. Pero yo no soy así. Así que ese fue el final para mí. No me sentí mal. Me di cuenta de hacia dónde iba Strummer. No sabía que Bernie ya lo había encarado.

Los 101’ers antes del final: Joe – Clive – Richard – Dan (1976).

El 30 de mayo, los 101’ers tocaron en el Golden Lion de avenida Fulham, con Martin Stone, estrella del pub-rock, reemplazando a Clive Timperley. Él también había entrado a colaborar en una presentación en el Instituto Bromley, dos días antes.

-Bernie Rhodes apareció en el Golden Lion con Keith Levene, y yo salí y me puse en la parada de colectivo con ellos, y medio que me dijo “¿Qué vas a hacer?”. Y yo le dije “No sé”, y él me dijo “Bueno, vení a una casa okupada en Shepherd’s Bush y conocé a estos chabones”. Keith asintió y dijo “te conviene”.

En 1989, Keith Levene le afirmó a Jane García de NME, que él fue el que reconoció todo el potencial de Joe:

-Joe usaba trajes de los años ’40 y se ponía como un loco de mierda, por todos lados. Siempre era genial verlo.

Más adelante, Joe declaró que en principio se convenció de irse de los 101’ers cuando conoció a Keith:

-En esa época la gente tenía un aspecto re aburrido y Keith era re diferente.

Centro: Keith Levene (1975), junto a Viv Albertine y Mick Jones.

Bernie Rhodes tenía su propio punto de vista:

-A nadie le importaba una mierda Joe Strummer, hasta que lo agarré yo.

-Bernie Rhodes vino hacia mí al día siguiente, con Keith, y me dijo “vení conmigo” -me dijo Joe-. Entonces me llevó en auto hasta una casa usurpada en Shepherd’s Bush. Mick, Paul y varios locos estaban usurpando un lugar arriba del depto de una mujer vieja. Me dijo “Deberías entrar a este grupo”. Empezamos a ensayar esa tarde.

Joe me contó que la primera canción que recordaba que había intentado tocar con esos nuevos aliados musicales, fue “One-two-crush on you”, un tema compuesto por Mick Jones, que el grupo tocaba en vivo al principio, pero no fue publicada en Estados Unidos, hasta que salió como parte del box set Clash on Broadway, en 1992. Pero en Gran Bretaña, salió como lado B del single “Tommy Gun”, el 24 de noviembre de 1978.

-El día en que Keith Levene trajo a Joe a calle Davis, estábamos todos aterrorizados -dijo Mick Jones-. Él ya era Joe Strummer; ya era alguien. Lo habíamos visto hacer algo que nosotros no habíamos hecho. Conseguir a Joe Strummer fue una gran cosa. Al parecer empezamos directamente. Tal vez tomamos un par de tés primero. Fue así: “Te vamos a mostrar nuestras canciones”. Y ya sabíamos que él tenía algunas canciones, y eso fue todo. La vez siguiente que vino, usó los equipos y todo. Ya era parte, estaba ahí.

-Estábamos esperando a Joe -dijo Paul Simonon-. Mick y yo estábamos sentados en la zona del living. Después apareció Keith con Joe. Así que nos metimos a la sala de ensayo, que era una caja de un metro y medio por un metro y medio. No cabía un alfiler. Mick tocó un par de canciones y después toco una Joe. Nos alternábamos. El hecho de que había aparecido, fue una declaración: “Bueno esto es así: vamos juntos desde acá en adelante”. Ese fue el primer día de los Clash.

-“I’m so bored with you” [Estoy muy aburrido de vos] fue la primera canción que trabajamos juntos -dijo Mick-. Definitivamente. Como todo el mundo sabe, él la cambió a “bored with the USA” [aburrido de los EE.UU.]. Antes de hacer esa, le tocamos “Protex Blue”, que hablaba de la máquina de preservativos del Windsor Castle, un pub saliendo de calle Harrow. Dijo “Está bastante buena. Nos pongamos a trabajar”. Así fue el primer día.

De repente, Joe se sintió validado.

-Toda esa cuestión fue realmente bárbara desde el principio de 1976, cuando los conocí y despegamos. Mis sueños eran como carnavales; mi mente se agitaba y se agitaba cuando dormía, por las decisiones; comparando una cosa y otra. Todo estaba a prueba, en experimentación. Era simplemente genial. No puede ser así todo el tiempo, pero está bárbaro cuando sí pasa.

-Sabíamos que iba a estar bueno. ¿Viste esa certeza, cuando ni siquiera te importa pensar? Esa certeza estaba con nosotros y estoy contento por eso. Sabíamos que esta era la cosa. “Finalmente le vamos a mostrar a esos desgraciados”, pensé. Nos habían estado ignorando, y cuando conseguimos grandes reseñas, pareció que nos las merecíamos.

Cuando se enteró de que Paul Simonon esencialmente no era músico, y que se memorizaba los temas nota por nota por medio de Mick Jones, Joe sí tuvo algo de cautela inicial.

-No sabía tocar. Al principio me dejó un poco pasmado, porque pasé dos años aprendiendo a tocar en los 101’ers. En realidad tampoco sabíamos tocar, pero medio que juntos podíamos mantener la cabeza en alto. Cuando escuché que al principio Paul no sabía tocar, pensé: “bueno, eso te atrasa un poco”. Pero después me llevé tan bien con Paul, y él simplemente mejoró. En tres semanas, supo tocar lo que necesitábamos. Bueno, sí… en unas tres semanas supo tocar igual de bien que yo.

Paul Simonon trajo otro conjunto de inspiraciones para el colectivo:

-Al final de los 101’ers, estábamos usando pantalones chupines -le contó Joe a Mal Peachy-. Y esto puede no parecerle significativo a mucha gente. Pero en un mundo de pantalones acampanados, los chupines eran el equivalente a raparte la cabeza y pintártela de anaranjado. Resaltaba mucho, de verdad. Si tus pantalones no eran acampanados, entonces estabas en la nueva era, el nuevo mundo. Y por lo tanto los 101’ers tenían esa facha medio mugrosa. Supongo que ahora se podría describir así, porque no éramos más que unos okupas mugrientos. Pero Paul Simonon y Mick Jones eran gente vestida de manera muy pero muy llamativa… o sea, eso es lo que me llamó la atención. Creo que Paul ya tenía el pelo teñido de rubio y mechones puntiagudos. Y era mucho más glamoroso que lo normal.

“Fue Paul Simonon el que realmente le dio el look a los Clash, y medio que nos llevó hacia… bueno, tuvimos que hacernos nuestra propia ropa. Esa era una diferencia que tengo que decir entre los Clash y los Sex Pistols. Los Sex Pistols tenían la tienda de McLaren, y él podía alimentar con ropa al grupo. Pero con Bernie a cargo nuestro, que se separó de Malcolm, estábamos en la situación en que teníamos que hacernos nuestra propia ropa. Paul fue fundamental en eso, porque en esa época era artista, como ahora. Fue Simmo el que se puso a salpicar la ropa con pintura, inspirado en el método de Jackson Pollock. Y después empezamos a pintarle palabras. Creo que fue Bernie el que sugirió poner palabras, porque estaba en la cuestión de la teoría situacionista, y había que remarcar que ninguno de nosotros era intelectual; ni lo somos. Pero gran parte de eso para mí era la facha, además del sonido. Un mundo nuevo estaba avanzando y me refiero a que no parábamos. Era una experiencia de 24 horas, de día o de noche, ya sea componiendo canciones o haciendo ropa o enganchándose con discos. Era una cosa completa”.

-Joe se veía raro cuando lo conocimos -dijo Mick-. Su aspecto no estaba del todo bien. Nosotros ya teníamos el look apropiado, comprometido con lo nuevo. Le dimos unos pantalones y una campera y lo armamos un poco. Empezó a verse bien de una. Tenía el pelo bastante corto en esa época, teñido de rubio. En la parada de colectivo, frente a calle Davis, yo pensaba: “Está empezando a verse bien”. Pero él tenía todas esas cosas que nosotros no teníamos. Las cosas que admirábamos: el hecho de que él estaba haciendo algo y causando impresión; tocando para la gente, en público. Todos nuestros proyectos prácticamente no habían incluido ninguna salida al público.  Hasta ese momento.

Por ahora, Bernie Rhodes quería seguridad de haber tomado la decisión correcta al elegir a este cantante para el grupo. Chequeó su elección con Glen Matlock:

-Cuando hizo entrar a Joe Strummer a los Clash, me preguntó a mí qué pensaba. “Está bien”, le dije, “pero es un poco viejo”. “No te preocupés por eso”, dijo Bernie, “yo le voy a sacar diez años”. Y eso hizo. La siguiente vez que vi a Joe, tal vez no parecía diez años menor, pero verdaderamente parecía un hombre totalmente distinto, listo para el rock.

-Mi opinión sobre Joe Strummer es esta -me contó Bernie Rhodes-. Antes de que nos conociéramos Joe y yo, él tenía un dilema: estaba insatisfecho con él mismo y con su vida. Tomó el rol de Woody, pero después me conoció y yo le sacudí la vida hacia el futuro. Joe no quería ser Woody; quería ser yo. Y así se volvió un éxito internacional.

Cuando Joe Strummer volvió a su casa desde esa primera visita a calle Davis, Iain Gillies lo estaba esperando:

-Volvió de noche, en un estado de alto entusiasmo; corriendo por la adrenalina; caminando sin parar por las piezas de la planta baja. Los demás, en Orsett Terrace, lo tenían que seguir de pieza en pieza. Se suponía que Joe y los 101’ers iban a tener una reunión sobre el estado de la banda. Pero no había banda. Era un hecho consumado. Joe se iba.

Los 101’ers tenían una última fecha: una presentación en Sussex, el 5 de junio. Aunque Martin Stone estaba de nuevo como reemplazante en guitarra, Clive Timperley apareció para agregar su instrumento en esa actuación de despedida. Y después se terminó todo.

*

Para esa época, Mickey Foote se había mudado de Orsett Terrace y vivía con su novia en el palacete de Sebastian Conran, junto al Parque Regent’s. Paul Simonon y Sid Vicious lo reemplazaron en la casa okupa de Orsett.

-A esa altura, el grupo nuevo de Joe estaba formado, evidentemente -dijo Jules Yewdall-. Los 101’ers no existían más y la casa okupa estaba llegando a su final, también. Todos estaban tratando de resolver qué iban a hacer después. A esa altura, Joe ya había avanzado. Todos estaban perdiendo contacto mutuo.

Con Joe y Paul viviendo ahí periódicamente, Orsett Terrace 42 continuó como casa okupa hasta noviembre de 1976. Pero con el final de los 101’ers, el espíritu de la casa declinó significativamente.

[continuará]

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