“Redemption Song” – libro de Chris Salewicz sobre Joe Strummer. Capítulo 11.2

30 Abr

TRADUCIDO POR: Lepo MacStrummer para RadioValvular y Clashland.

11.2

Que Joe separara a los 101’ers, causó problemas entre sus compañeros okupas. Gill Calvert recuerda que una noche en la cocina de Chippenham 23, Tymon Dogg y Dave Goodall le ordenaron que se comportara, ideológicamente, mientras el agua de lluvia goteaba sin cesar en un balde plástico, desde el techo con filtraciones:

-Tymon y Dave estaban furiosos con él: “No podés hacer esto. ¿Cómo podés?” Joe, casi pidiendo permiso, dijo “¿Me puedo ir con la consciencia limpia?” Fue doloroso. Fue algo muy paternal.

“En esa época Joe solamente tomaba alcohol si había. Si había faso, lo consumía; si había bebidas, las tomaba. Una vez que entró a los Clash, fue mucho más bebedor. Creo que había mucha presión una vez que entró a los Clash”.

Mick Jones está en desacuerdo:

-Él tomaba un montón. Después de todo, los 101’ers eran rock de pubs.

-Creo que había una cantidad tremenda de cosas a las que se tenía que adaptar, con Mick y Paul, para demostrar que no era hippie -continuó Gill Calvert-. Así que se tenía que convertir en su amigo. Pero le estaban sacando el respirador artificial. Cuando vino a Londres, Dave y Gail estaban ahí y conoció a Paloma. Estaba anclado. Creo que eso le daba una sensación de familia.

Joe había intentado llevarse a un integrante de los 101’ers a su grupo aún sin nombre: a Richard Dudanski le ofreció la banqueta de baterista.

Richard Dudanski en la actualidad

-Una noche, yo estaba en la cama, y vino Joe con algunos chabones de su grupo nuevo. Fui hasta calle Davis y al primer chabón que conocí fue a Bernie Rhodes. Bernie no era una persona fácil. Yo simplemente no quería trabajar con él. Así que dije “Podemos cambiarle el nombre a los 101’ers, pero básicamente sigamos haciendo lo que estamos haciendo, y vamos a estar bien”. Pero Joe había comprado las ideas de manejo de Bernie. Así que me fui a Italia. Eso fue todo. Joe tuvo que negar totalmente a los 101’ers y todo lo que tuviera que ver con ellos. Después de más o menos un año, una mañana, lo encontré durmiendo en el patio, donde estaba la basura. Había venido a vernos, pero como era Joe, no nos quiso despertar a las dos de la madrugada. Para mí, la postura política de los Clash era muy paradójica, porque los 101’ers eran política viviente: eso era nuestra existencia como okupas; literalmente, la política de la calle. Nos reíamos de la sociedad porque lográbamos estar separados, viviendo de otra forma.

Pat Nother, el hermano de Richard, dijo simplemente:

-No entiendo por qué mi hermano no entró a los putos Clash.
*

Bernie Rhodes había alquilado instalaciones del Ferrocarril Británico, en Camden Town, y las bautizó Rehearsal Rehearsals, abreviado por sus usuarios simplemente como “Rehearsals” [Ensayos]. Consistía de una sala amplia en planta baja y dos en planta alta; una llena de flípers y tragamonedas usados (otro negocio suplementario de Bernie Rhodes, que ya vendía Renaults usados), y otra que era la oficina de la banda y el área recreativa, con una rockola.

Este grupo nuevo tenía espacio para ensayar, pero todavía no tenía baterista. Joe Strummer llamó a Paul Buck. Paul había visto una vez a los 101’ers, en una presentación en Hammersmith; pero no estaba enterado de que Woody ahora tenía otro nombre.

-Le dije “Wood” y me gruñó “Me cambié el nombre”.

Aunque aparece en las primeras fotografías del grupo aún sin nombre, Paul duró solamente un par de ensayos.

Paul Buck tocando la batería en uno de los primeros ensayos de los Clash.

-El grupo vino a nuestro campo en un camión grande, que les habían prestado -me contó Paul-. Verlos a todos en la campiña de Sussex, fue muy gracioso. Estaban todos, incluyendo a Keith Levene y otros parásitos, y Bernie.

“Aunque nadie lo sabe, grabé toda la tarde. Yo tenía un footswitch que apretaba cuando tocaba con otro guitarrista, para verificar nuestro progreso. Grabé toda la tarde, para aprenderme las canciones y ver si todo funcionaba. Desafortunadamente, Bernie se dio cuenta de que yo había hecho una copia y me la pidió. Esa fue la última vez que la vi”.

*

Terry Chimes había nacido en 1956, en una familia musical del East End de Londres, pero decidió a la temprana edad de cuatro años, que quería ser doctor. Pero, antes de sentar cabeza en lo que él sabía que iba a ser su carrera definitiva, sintió que quería ser estrella de rock.

-Uno piensa: “¡Bueno, a alguien le tiene que pasar!”. Cuando sos joven y estúpido, uno puede pensar así y salirse con la suya.

Afortunadamente, su ambición coincidió con el cambio más radical que había experimentado la música popular en una década.

Terry Chimes en la actualidad.

-El punk me parecía bárbaro, porque estábamos barriendo con todo lo viejo: “Tenemos una idea mejor que ustedes. ¡Nosotros nos divertimos y ustedes no!”. Era una forma de cambiar las reglas. No había que arrastrarse hasta las compañías discográficas. La gente en los recis estaba muy entusiasmada. Cuando leía en los medios que se trataba de usar alfileres de gancho en la nariz, no lo podía creer. ¡Entendían todo mal!

Terry Chimes había tocado con tres de las formaciones que trató de armar Mick Jones. Probó en agosto de 1975 con Violent Luck; después con London SS y también con la versión de este grupo nuevo que tenía al cantante Billy Watts.

-En ese entonces yo tenía pelo largo. Ellos se habían cortado el pelo y usaban chupines, y tenían un aspecto bastante raro en comparación a todos los demás en la calle. Caminábamos por la calle hacia una cafetería y nos sentíamos una pandilla. Pero yo sentía que no estaba en la pandilla, porque yo no tenía las mismas cosas. Supongo que es algún instinto masculino, pero me acuerdo que pensé: “Está bueno que una banda parezca una pandilla”.

 Chimes fue a Rehearsal Rehearsals:

-Era todo lo mismo, excepto que Billy Watts había desaparecido y me dijeron “Este es Joe”. Era un personaje de aspecto raro. Yo pensé “No parece un cantante”, y cuando cantó, no sonó como un cantante. Tuve la impresión de que el chabón era un poco raro, y no lo podía ver como cantante de una banda de rock. Pero me dijeron que era bueno. Ensayamos y me volví. Fue evidente que él tenía un tipo de carisma diferente. No parecía alguien de una banda de rock de superestrellas, que se pavonea como ellos. Él no tenía el tipo de voz cantante clara que uno se esperaba. No parecía un cantante. Ese era un problema mío; no de él. Eran mis preconceptos.

“Parecía casi desinteresado. Nos saludamos y después él siguió mirando al piso. Cuando él subía al escenario, tenía más energía y sentimiento de lo que uno podía pensar, pero eso no se veía cuando conversabas con él. Era un Jekyll y Hyde: debajo del escenario, era callado; pero lo ponías sobre el escenario y se enloquecía. Después de un par de ensayos, pude ver cómo podía funcionar.

“Él y yo, el baterista y el cantante, teníamos que hacer explotar con energía al público. Él me convirtió hacia esa forma de pensar, que era: si sacás energía, entonces ellos la van a sentir”.

 A Terry le atrajo mucho la actitud de los integrantes del grupo.

-Subyacente a todo, había un sentido casi obsesivo de la ambición: “¡Vamos a hacer esto y vamos a llegar allá!” No les importaba que todavía no eran muy buenos para tocar ciertos instrumentos. No les importaba nada de eso. Iban a llegar.

Los cinco músicos empezaron a ensayar frenéticamente, muchas veces los siete días de la semana, desde la hora del almuerzo hasta cerca de las diez de la noche.

-Solamente un tercio de ese tiempo era ensayar en el sentido más estricto de la palabra -dijo Terry-. El resto eran preguntas sobre qué nos tenía que gustar, que teníamos que decir, que teníamos que hacer, cómo nos teníamos que vestir y todas las otras cosas. Era algo que llevaba horas. Había una sensación rara de que estábamos tratando de darnos forma mutuamente, así que nos desafiábamos mucho entre nosotros. No era divertido. Era casi una sensación de que no estábamos ahí para divertirnos. Tenías que estar afilado y presionar a los demás para mejorar todo el tiempo. Bernie estaba al fondo orquestando esa actitud: que trabajáramos en todo; nuestro aspecto, lo que decíamos, la música, las canciones. Todo tenía que estar trabajado al máximo, para que cuando nos expusiéramos en público, dijeran “¡Guau!”. En retrospectiva, creo que eso funcionó de verdad; pero fue condenadamente difícil.

De los cinco músicos del grupo nuevo, era Keith Levene -según Terry- el más riguroso ideológicamente:

-Era el más fanático de asegurarse de que nadie se pusiera demasiado blando o débil. El guardián de la actitud de todos. Discutíamos sobre cada detallito, porque al final surgió la actitud correcta, pero en esa época era tedioso.

El último integrante en entrar al grupo, antes de Terry Chimes, había sido Joe Strummer. ¿A dónde estaba parado en esta lucha ideológica sin fin? ¿Cuál era la posición de este cantante al que Mick Jones indudablemente había estado admirando? Años después, tras el final de los Clash, Mick le contó al fotógrafo Joe Stevens, que Joe Strummer había sido “como una figura paterna para él”. Una afirmación interesante, considerando que Bernie Rhodes estaba en una posición similar.

-Joe se refería a Bernie como el director. Así era su humor -recordó Terry Chimes-. Al parecer, Joe tenía cierto respeto por Bernie. La actitud de Joe era que nuestro trabajo era tocar y el de Bernie era hacer negocios que no conocíamos.

-Joe tenía una postura política mayor que Mick -dijo Bernie-. Pero eso empezó a apartarlo. Joe era muy buena materia prima. Eso estuvo claro desde el comienzo: simplemente sé como Bernie.

-Joe tenía una visión muy idealista de la banda -consideró Terry-. Él quería compartir eso con todos y quería genuinamente que estuviéramos todos juntos. No tenía un favorito en el grupo. Trabajaba con todos para tratar de hacer todo a la perfección. La idea de ser lo mejor posibles, ese perfeccionismo, se extendía a todo. Me resultaba agotador. Yo era siempre el que discutía con todos los demás. Yo contra el resto. Yo pensaba que estar en una banda iba a significar andar en autos sofisticados y tener muchas novias y mucha diversión. A ellos eso le parecía una actitud shockeante -se rió-. Teníamos discusiones pero eran todas teóricas, hipotéticas y un poco inútiles. Era parte del proceso de adoctrinamiento que tuvimos mutuamente, que íbamos a ser la mejor banda del mundo.

Para asistirlos en convertirse en “la mejor banda del mundo”, Bernie envió a Joe a clases de canto con Tona de Brett, una instructora vocal que también educó a Johnny Rotten, Chrissie Hynde y Billy Idol.

-No pude hacer mucho por el señor Strummer -dijo ella más adelante.

-Cuando vi realmente lo que estaba pasando -dijo Ari Up- fue cuando fui a un ensayo de los Clash en Rehearsals. Tenían ropa salpicada con pintura. Muy estilizada. En aquella época la forma de los jeans era asquerosa. Esta era muy militar. Se veía magnífica, comparada a los músicos hippies. De repente, en tus ojos: “¡mierda!”. Cuando vi esa ropa tenía 14 años. Me volví loca.

Todavía, esa Mejor Banda del Mundo en potencia, no tenía nombre. Habían probado muchos, entre ellos, The Mirrors, The Phones y The Outsider. Terry Chimes insiste en que era “Outsider” (Marginal) en singular. The Outsider, un célebre estudio de Colin Wilson en 1956, sobre la falta de afecto, era prominente en la lista de lectura de Bernie Rhodes.

Dos que se le pegaron más fácilmente a los cinco músicos, fueron The Heartdrops (en referencia a la canción de Big Youth “Lightning flash (weak heart drop)”, y The Psychotic Negatives, que parecía seguir con la costumbre perversa de los nombres de grupos de sex shop. Fue Paul Simonon el que notó la frecuencia con que los titulares del Evening Standard de Londres llevaban la palabra “clash” (conflicto o choque). The Clash fue el nombre que se decidió.

-No fue que simplemente me topé con eso -dijo-. Estábamos tan sintonizados con lo que necesitábamos en ese momento, que la palabra se me puso en evidencia desde las páginas del diario.

Exactamente de esa forma (después de atosigar incesantemente a Bernie Rhodes), el grupo agendó su primera fecha, como banda telonera de los Sex Pistols en un pub donde habían tocado los 101’ers: el Black Swan, a 290 kilómetros al norte de Londres, el 4 de julio de 1976.

-Estuvo bastante buena -le contó Joe a Mal Peachy- porque estábamos allá en Sheffield y creo que era domingo a la tarde y toda esa gente salió de las molduras, ¿viste? Los estilos punk, ex-Roxy Music, como el periodo de piel de leopardo, pero buscando la onda nueva. Mucho maquillaje y el pelo que se empezaba a enloquecer. Había un público aceptable, y eso nos dio mucha confianza. Porque nos dimos cuenta de que era algo a nivel nacional que estaba a punto de explotar.

 -Una cosa que no cambió desde el comienzo hasta el final del grupo -confió Chimes-, fue que antes de cada show, Mick siempre estaba nervioso, daba vueltas corriendo, muy incómodo y muy estresado. Pero Joe hacía chistes y parecía muy feliz. Después bajábamos del escenario y Mick estaba muy contento porque había terminado, y Joe estaba sentado con la cabeza entre las manos, diciendo que era el fin del mundo. Y eso nunca cambió para nada.

Entre los temas que tocaron los Clash, estaba “Rabies (from the dogs of love)” de los 101’ers, “Ooh, baby, ooh (it’s not over)” de Mick Jones y “Listen”, un tema instrumental. El equipamiento de Joe incluía un micrófono que se había robado de la Casa de la Ópera Nacional Inglesa, cuando trabajó ahí como portero.

Durante el repertorio de los Pistols, Joe Strummer y Terry Chimes se pararon al costado del escenario.

-Este grupo me re gusta -le confió Joe al baterista.

-No son muy buenos, ¿no? -fue en cambio la evaluación casi previsible que le dio John Lydon a Glen Matlock sobre los Clash.

La fecha de Sheffield intensificó el nivel de ambición de los Clash. El 5 de julio, los Clash estuvieron en Dingwall’s Dancehall, en Camden Town, para ver a los venerados Ramones.

A la noche siguiente, los Damned abrieron para los Pistols en una de sus noches de martes en el Club 100, lo cual le causó preocupación a los Clash. Ellos deberían haber tocado en esa fecha: ¿Se iban a perder el barco de la nueva onda musical?

A esa altura, Mick Jones (en una relación con Viv Albertine, que continuaba viviendo en calle Davis), se quedaba mucho tiempo con Stella, su abuela o “nona”, en el piso 18 de la torre de departamentos Wilmcote House, en la calle Harrow, que se volvió parte de la mitología Clash. En el álbum Sandinsita!, Mick iba a escribir una canción sobre su vida ahí.

-Escribí “Up in Heaven (not only here)”, hablando de los remolinos de viento en el hueco para la basura de la torre: “un órgano de tubos gigante en el aire… cuando el viento le pega a este edificio, este edificio se inclina”. Es sobre Wilmcote House -me contó.

A menos de diez minutos de caminata desde Orsett Terrace, Joe iba ahí para trabajar con su socio compositivo.

-Los ascensores nunca funcionan en esos deptos. Eso es lo peor que tienen -se quejó una vez conmigo.

Mick le correspondía visitando Orsett Terrace, donde ya vivían no solamente Paul y ocasionalmente Sid Vicious, sino también Keith Levene.

-Joe y yo teníamos un entendimiento mutuo -dijo Paul- que surgió cuando vivíamos juntos en Orsett Terrace y Mick vivía con su nona. Al vivir con alguien así, llegás a conocer y entender de verdad al otro. Así que en el fondo, había cierta separación entre yo y Joe, y Mick.

[continuará]

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