“Redemption Song” – libro de Chris Salewicz sobre Joe Strummer. Capítulo 12.4

4 Jul

TRADUCIDO POR: Lepo MacStrummer para RadioValvular y Clashland.

12.4

*

Al final de la gira, Joe se mudó a la casa de Sebastian Conran, en calle Albany al 31, junto al Parque Regent’s. La enorme propiedad tenía su entrada principal (casi nunca usada), directamente en el carril que circulaba por el parque. Nadie podía entender cómo, pero Bernie logró establecerse en el edificio e instalar su oficina.

Los ocupantes de esa residencia de lujo (entre ellos Henry Bowles, un amigo de Sebastian que se hizo amigo íntimo de Joe), superaron su conflicto ideológico, simulando que era una casa usurpada. En ocasiones, Joe realmente afirmó que lo era. Y la trataban con una falta de respeto total. Pero este ascenso habitacional, también acercó más a Joe a su pasado. Directamente, frente a la puerta de calle, estaba el banco donde había muerto su hermano David. Todavía era un asunto delicado para Joe.

En esa época, en una visita a Warlingham para ver a sus padres, Joe los preparó para la mitificación que ya estaba en camino.

-Pronto me van a ver mucho en los diarios -les advirtió-. No crean lo que leen.

A esa altura, Ron se llevaba semanalmente de su diariero los periódicos musicales NME y Melody Maker.

Después de Belfast, se unió al séquito Johnny Green, posiblemente el único encargado de giras con un título en árabe. No fue hasta que volvieron a Londres (y que vio que seguía trabajando para ellos), que Johnny empezó a entender el funcionamiento interno de los Clash.

-Los admiradores siempre supusieron que Joe manejaba la banda. Esa no era mi percepción. Cuando se motivaba, podía ser extremadamente dinámico y enérgico, pero Mick estaba siempre con pilas. Siempre consideré a Mick como alguien preciso, mientras que Joe era un tipo que levantaba la cabeza y decía “¿Qué?”

“A veces parecía el grupo de Mick. No era solamente porque él sabía emplear tácticas de bullying (lo cual es cierto). Era muy convincente y rápido para dar su punto de vista; de una manera en que Joe no. Joe era más considerado. De Mick salía una cantidad enorme de energía. Aunque siempre fue el último en aparecer para ensayar, siempre aparecía. Y la actitud de los otros tres aumentaba una marcha en el momento en que él entraba a la sala. El comportamiento de Mick se toleraba porque valía la pena. Podía ser una fuente de diversión. Por ejemplo, los chistes sobre su pelo de caniche. Pero eran chistas. No eran puñaladas por la espalda. Para nada.

“Pero no hay que malinterpretar la cantidad de energía que ponía Paul Simonon. Es fácil encasillarlo: figura carismática, con estilo, divertida. Pero tenía una energía sin límites. Demasiada energía para un solo tipo, de hecho”.

Iban a necesitar esa energía. La CBS estaba exigiendo que el grupo empezara a grabar su segundo disco, y hacían falta canciones nuevas.

-Eso fue un shock para nosotros -me contó Joe-. Habíamos pasado todo el año trabajando en canciones, o en el sonido del primer disco. Una vez que hicimos eso, pensamos que era bastante insuperable. Me acuerdo que lo dejamos grabado y “bárbaro, eso es todo”. Y después la empresa dijo “Bien. ¿Y el segundo disco?”. Y dijimos “¿Qué? ¿Segundo disco?”. Porque nosotros pusimos todo en uno, y en realidad deberíamos haber cortado en ese momento y haber dicho “¡Cáguense!”.

Además, los Clash insistían en que el último single, “Complete control”, no iba a estar en el disco completo.

-Eso era en la época anterior a que todo estuviera en un disco, y sacaban todo como singles -dijo Joe-. Era una política deliberada de nuestra parte, intentar hacer valer la plata de los fans. Los lados B también eran buenos: “The prisoner” era una canción bastante buena. Y “Jail guitar doors” [la vieja canción de los 101’ers “Lonely mother’s son”, con letra actualizada] y “City of the dead”.

El 11 de noviembre los Clash tocaron en el ex-Mercado de Cerales de Cambridge. Sebastian Conran le contó a Jeannette Lee que iba a viajar 110 kilómetros al reci en su motocicleta. Ella, ¿quiso ir?

-Dije que sí, porque nunca había ido a ningún lado en moto. La verdad que fue bastante terrorífico. Fuimos a verlos tocar y todos teníamos habitaciones en el mismo hotel.

Después del show, la mayoría del séquito del grupo, cenó en el hotel. Cuando uno de ellos trató de armar una pelea de comida, Jeannette quedó impresionada por la manera en que Mick Jones los reprendió:

-¡Che! Dejen de tirar comida. La gente que tiene que limpiar es como nuestras mamás.

-Yo pensé: “¡Dios! ¡Eso es muy cierto!”

Joe empezó a tirarle onda a ella; aunque no pasó nada sexual entre ellos esa noche, ella y Joe y otros, se pasaron toda la noche hablando hasta la mañana.

-Te estuve esperando -le dijo él a ella.

-Yo pensé: “¿Para qué? Qué raro”. No pasó nada, pero ero era obvio que iba a pasar algo.

Cuando ella volvió a Londres, Don Letts sintió que había ocurrido algo entre ella y Joe. Esto exacerbó las dificultades en su relación, que ya estaban presentes.

-Don no estaba contento. Él no sabía qué era, pero sabía que algo pasaba. Como resultado de eso, terminamos teniendo una gran enemistad.

¿Quién estuvo ahí para poner el hombro para Jeannette? Joe Strummer, por supuesto.

-Convenientemente, Joe estuvo ahí para adivinarme la intención cuando necesité algo después de romper con mi novio. Fue muy complicado porque los tres éramos amigos. Causó mucho lío. No fue algo muy lindo, para ser honesta. Lo único que puedo decir es que éramos pibes. A esa edad, cortás con alguien y te vas con otro.

-Cuando se afanó mi novia -dijo Don Letts-, no hablamos más, por alrededor de un año.

Pero para Joe, el show debía continuar. La gira The Clash Get Out of Control (Los Clash se Salen de Control), consistía de 22 fechas en 25 días. Muchísimo trabajo. Sin tiempo para descansar la voz, las interpretaciones vocales de Joe a veces quedaban reducidas a un gruñido ronco, que al parecer, curiosamente, le resultaba atractivo al público. Como si fuera una evidencia mayor de la humanidad de Joe.

Mientras más dificultades experimentaba Joe sobre el escenario, el público se entusiasmaba más con él. Eso también fue así durante esos momentos escénicos en que costaba fusionar el tempo de las canciones, como pasaba frecuentemente en los dos tercios, antes de llegar al final.

Especialmente en esta etapa de la trayectoria del grupo, los Clash tenían actuaciones en vivo bastante irregulares, como sostenidas con pegamento barato. Pero sin dudas, en el subconsciente conceptual de Mick Jones, él agradecía que los compararan con los Rolling Stones (en los días anteriores a sus aceitadas actuaciones de estadio) y con los Faces. Ambos habían sido similarmente erráticos, caóticos o incluso inútiles sobre el escenario.

Por eso cada reci de los Clash era tan brillante. Porque cada presentación era individual y única. Casi una lucha literal por sobrevivir. Pero en un año, los recitales ya no iban a estar tan concentrados, y los Clash iban a intentar no tocar nunca más de tres noches consecutivas en las giras.

De ahí en adelante, Joe Strummer se pasaba susurrando o hablando con oraciones cortas la mayor parte del día de una actuación. Se quejaba del humo de faso en el vehículo del grupo, aunque eso nunca le impidió fumarse esos fasos.

Cuando llegaban a una ciudad nueva, Joe desaparecía para hacer una extensa caminata.

-Te sorprendería cuántos problemas podés resolver en una caminata de ocho kilómetros -me dijo una vez.

Cuando Joe estaba de gira, muchas veces parecía ser sumamente callado; pero de hecho era simplemente el autocontrol. Se estaba asegurando de poder actuar esa noche, con su canto-grito levemente raro pero extremadamente adictivo.

El celebrado crítico de rock Lester Bangs -a quien Joe Stevens le había entregado personalmente una copia del primer disco, por instigación de Joe- acompañó al grupo en la gira y escribió un artículo de tres partes para NME.

Bangs vio obstaculizados su esfuerzos por pasar el rato con Joe, porque el cantante pasó parte del tiempo de la gira con dolor de muela, y lo que parecía ser gripe. Finalmente le diagnosticaron mononucleosis infecciosa. Pero Bangs notó el “frenesí puro, fuera de sí”, de Joe.

-Serio sin ser solemne; callado sin ser distante ni arrogante, Strummer brinda un contraste distintivo al humor locuaz y la guiñada de ojo de Mick, y la jocosidad caricaturesca de Paul. Casi con certeza, es el alma del grupo, y ojalá pudiera decir que logré conocerlo mejor.

Lester Bangs

Cuando Lester Bangs le contó a Bernie Rhodes lo bien que le caía Mick Jones, el manager contestó “Mick es mi mayor problema”.

Aunque había más fechas a mitad de diciembre, la presentación final de esta sección de la gira, fue el 15 de noviembre en el Elizabethan Ballroom de Belle Vue, Manchester. Lo filmó Granada TV para el programa So It Goes.

-Acá estamos, en la tele. ¿Qué significa para mí? ¿Qué significa para vos? ¡Que se caguen! -improvisó Joe durante “What’s my name”.

La CBS quería un hit para Estados Unidos y un productor que entendiera el mercado estadounidense. Así que Joe, cuando presentó “I’m so bored with the USA”, se la dedicó a “Ted Nugent, Aerosmith, Journey y más que nada ¡a Blue Öyster Cult!”. Porque en el público, estaba un hombre que había viajado desde New York a Manchester para verlos actuar: Sandy Pearlman, el manager y productor de Blue Öyster Cult, y posible productor del segundo disco de los Clash.

-Una vez -me dijo Joe-, me encontré a Bernie escuchando Blue Öyster Cult en su auto, que en esa época punk puritana, era un delito mayor: “Bernie, ¿te sentís bien? ¿Blue Öyster Cult?” Y me dijo “estoy chequeando a Sandy Pearlman”.

Después de esa presentación, Joe tendría algo de descanso para recuperar su voz y su salud. Durante la segunda mitad de noviembre, Bernie Rhodes despachó a Joe y Mick Jones hacia Kingston, Jamaica, por diez días. No eran vacaciones. La intención era que la dupla compusiera canciones para el segundo disco. Paul Simonon, más admirador de la música jamaiquina que los dos compositores, estaba furioso y molesto porque no lo invitaron. Como consuelo, se fue a Moscú y Leningrado con Caroline Coon.

En 1977, Jamaica estaba desgarrada por una guerra civil no declarada, entre los socialistas del Partido Nacional del Pueblo, del primer ministro Michael Manley, y los derechistas del Partido Laborista de Jamaica, de Edward Seaga. Joe y Mick se alojaron en el Hotel Pegasus de New Kingston, a un par de cientos de metros del Sheraton, la locación con más onda para el negocio musical.

Al llegar, intentaron contactar a Lee “Scratch” Perry, pero fracasaron terriblemente. Varias veces, fueron al cine.

-Era como que The Harder They Come no estaba en la pantalla, sino en el público -dijo Joe-. No sé cómo no nos filetearon y nos sirvieron con papas fritas. Mick y yo deambulábamos por el puerto. Creo que nos confundieron con marineros mercantes, porque caminábamos por Kingston vestidos con nuestro vestuario de gala punk completo. Nos deben haber dejado pasar porque pensaron que éramos locos o algo. Pero Mick y yo no teníamos idea de qué estábamos haciendo ahí. No conocíamos a nadie, y simplemente deambulábamos por Kingston como lunáticos.

-Fuimos a nadar a nuestro hotel -dijo Mick-. Empezó a llover y estábamos los dos en la pileta. Era algo que nunca habíamos experimentado. Hacía mucho calor y estábamos nadando, pero llovía. Siempre me voy a acordar de eso. Cuando caminábamos por la calle hacia el cine, Joe me contó que Jamaica era igual que los lugares donde estuvo cuando era joven. “Esto es idéntico a cuando yo era pibe”, decía. En esa época todavía se sentía realmente la presencia colonial.

Con algunas dificultades (en el primer par de intentos, unos supuestos tranzas los estafaron y simplemente se fueron corriendo con su plata), consiguieron una bolsa grande de ganja Lamb’s-breath y se retiraron a sus cuartos de hotel a componer canciones. El tenso impacto de su viaje jamaiquino, quedó contenido en la letra de Joe para una de las mejores y más emocionantes canciones de los Clash: “Safe European home”: “Fui al lugar donde todas las caras blancas son una invitación al robo”.

Pero cuando declaró su intención de no volver nunca más, causó algo de confusión. Yo escuché a Don Letts (que a esa altura ya hablaba con él), criticando a Joe por eso, un año después, en el camarín del Lyceum Ballroom de Londres, donde los Clash hicieron algunas presentaciones de Navidad.

-Sí, pero lo dije sin querer -dijo el siempre pragmático Joe Strummer.

Aparte de la letra (el ritmo seguro que no) de la gran “Safe European home”, había pocas evidencias de influencias jamaiquinas en el disco nuevo. Joe dijo más adelante: “dejé de lado todo lo que habían grabado los Clash o cualquier otro”. La letra de Joe para la canción, originalmente tenía 50 versos y fue acortada a 16 cuando fue grabada.

Como explicando la canción, Joe le mandó una postal a Jeannette Lee desde Jamaica, confesando que Kingston le resultaba aterrador.

-Espero que Jamaica no se llene de punks, como Marruecos de hippies -me dijo Mick cuando volvió.

Menos de tres meses después, fui a Jamaica. Cuando volví, Joe me preguntó si me traje algo de faso.

-No -le dije.

-¡Cagón! -se burló Joe-. Me traje una piedra en cada zapato.

*

Ya en Londres, los Clash concluyeron el año con un regreso triunfal al Rainbow, donde tocaron una serie de tres noches a lleno total, a mediados de diciembre. Joe y Mick fueron a una fiesta de Navidad  en Chelsea, en la casa de Francesca Thyssen, hija de un magnate del acero alemán que supuestamente había apoyado la economía del Tercer Reich.

Francesca vivía con Philip Rambow. El canadiense era el excantante de los Winkies, un grupo prepunk moderno, que Mick Jones estimaba. Phil estaba empezando una carrera solista y Mick conoció a sus managers: Peter Jenner y Andrew King. Esa noche, Phil Rambow le presentó a Joe una chica que se llamaba Gaby Salter. Hablaron brevemente, al igual que poco después, en un recital de los Ramones.

Luego los Clash concluyeron 1977 con una fecha en vivo en Belfast, el 20 de diciembre. Para un grupo que ni siquiera tenía contrato discográfico 12 meses antes, era un triunfo extraordinario. Una historia de éxito sin paralelo en el rock británico. Pero vale la pena recordar que la mayoría de los fans musicales y el negocio de la música, todavía detestaban a los Clash en todo sentido, en parte porque estaban en la estela de críticas que iban dirigidas a los Sex Pistols, en un año de insurrección cultural desleal, y también porque el sistema se mantenía firme, insistiendo en que el grupo “no sabía tocar”. Esta última opinión no daba en la tecla: la supuesta falta de profesionalidad del punk, con toda la democracia que eso implicaba, había sido manipulada astutamente por los artistas más destacados, a su favor.

En un mes, los Pistols no existían más. Implosionaron en una gira por Estados Unidos, dejando a Joe Strummer como el Rey del Punk, sin rival.

[FIN DEL CAPÍTULO 12]

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