“Redemption Song” – libro sobre Joe Strummer. Capítulo 14.1

16 Sep

ESCRITO POR: Chris Salewicz (2007) – TRADUCIDO POR: Lepo MacStrummer.

14. La mano roja del destino

1979

El 30 de enero de 1979, los Clash volaron a Vancouver, Canadá, para ensayar un par de días antes de dar en la ciudad su primera fecha de la gira Pearl Harbour. Así se llamó, casi inevitablemente, su invasión a Norteamérica.

-Volé a Vancouver -dijo Bob Gruen-. Me acuerdo que todos estaban re nerviosos por si los revisaban en la frontera. ¿Iban a hostigar a la banda? Todos se prepararon psicológicamente para eso.

-Todos habían vaciado sus bolsillos, con millones de cuchillos, etc., que sabían que no estaban permitidos -dijo Paul Simonon.

-Y después ni siquiera los miró nadie en migraciones -dijo el fotógrafo.

Después de que el micro de gira parara a pasar la noche en Seattle (donde Topper Headon le rindió tributo al actor Bruce Lee junto a la tumba), el contingente se despertó con la noticia nefasta de que Sid Vicious había muerto de sobredosis en New York. En un estado algo conmocionado, continuaron bajando por la costa del Pacífico, hasta San Francisco.

En una movida acertada de la publicista de CBS Ellie Smith, Joe registró el viaje completo, en forma de diario, para NME. Ahora, indudablemente, parecía el vocero (y por lo tanto el líder) del grupo.

Su primera presentación en Estados Unidos (en el Berkeley Community Center, el 7 de febrero), fue un triunfo total. De hecho, cada recital se agotó apenas fue anunciada la gira.

The Clash en el Berkeley Community Center.

La música preliminar al show, fue “There’s a riot goin’ on”, del muchacho local Sly Stone.

-No había escupitajos -dijo Paul-. Eso era algo muy positivo, porque la ropa tendía a durar más. Supongo que la gente estaba tratando de descubrir qué era todo eso que habían leído en la prensa, sobre los grupos punk de Londres.

-La primera presentación fue una bomba -confirmó Bob Gruen-. El lugar estaba lleno de gente feliz, bailando. Los Clash eran más que una banda promedio para pasarla bien. No solamente la pasabas bien, sino que además pensabas en temas que le importaban a la gente. Las cosas eran serias y había mucho con qué enojarse; pero también había mucho para divertirse. La fuerza de la música hacía que sonara como un campo de batalla: un enfrentamiento [clash]. Las luces relampagueaban todo el tiempo, como explosiones.

A la tarde siguiente, el grupo viajó con el fotógrafo a un mercado de pulgas, en el cercano Sausalito.

-Ahí encontré montones de chucherías -dijo Paul.

El grupo compró una variedad de camperas de cuero y objetos estadounidenses vintage. A continuación, viajaron al cercano Monte Tamalpais, donde se sentaron en la altura y pudieron ver a kilómetros por encima del Pacífico y el continente.

Esa noche (ante el enojo de Bill Graham, organizador del show oficial en Berkeley), los Clash hicieron otra fecha: un reci para los sin techo, en el Templo Geary, en lo que había sido el viejo Fillmore West (paradójicamente, lo había fundado Graham en el momento cumbre del hippismo). La segunda presentación que hicieron los Clash en Estados Unidos, fue a beneficio: desde el principio, plantaron bandera.

En esta, su segunda visita a San Francisco, Joe conoció a un político rebelde que se llamaba Mo Armstrong, exintegrante de Daddy Longlegs, un grupo estadounidense que se había mudado a Inglaterra en 1970.

-Se había vuelto muy de izquierda y nos dio info, bastante difícil de encontrar, sobre los Sandinistas -dijo Joe-. Era el tipo de cosa que no le interesaba publicar a los del Sunday Times. ¿Un montón de rebeldes juveniles encapuchados destituyendo a tu dictador favorito? La clase dirigente no quería saber nada de eso.

A pedido tanto de Joe Strummer como de Paul Simonon, uno de los teloneros de la gira fue Bo Diddley.

-No puedo mirarlo sin quedarme con la boca abierta -confesó Joe.

Caroline Coon había rastreado a Bo hasta Australia. Su tarifa era mayor a lo que ganaban los Clash en la puerta. Inicialmente, se rehusó a tocar sus canciones clásicas, porque no tenía los derechos de autor.

Paul recordó:

-Bo Diddley se pasaba la noche despierto y ponía su guitarra en el catre, en su lugar. Eso no era común.

En el sistema de video del micro alquilado a Dolly Parton, vieron infinitas veces la primera película de Star Wars. Cuando detuvieron el micro por exceso de velocidad, el oficial exigió que todos se bajaran.

-Bueno, le tengo que decir que tenemos a Dolly Parton durmiendo al fondo -dijo el hombre que conducía, usando su ingenio.

Con profundo respeto ante la mención de la Reina del Country, el cana anuló su orden y le indicó al vehículo que avanzara.

En Los Angeles, los Clash tocaron en el Santa Monica Civic Auditorium, a pocas cuadras del Pacífico. Otro triunfo. Robert Hilburn, escribió en Los Angeles Times, que fue “uno de los shows de rock más estimulantes en años”. Resaltó (¿cómo no hacerlo?) la potencia escénica de Joe Strummer:

-El anzuelo visual más potente de la banda sobre el escenario, escupe las letras con una intensidad tan alarmante, que un vendedor de seguros de vida, pensaría dos veces en llenarle una póliza.

El show fue más notorio por un incidente post-reci, que entró a la leyenda de los Clash. Congregados con la jerarquía local de Epic, para el tipo de fotografías de autocomplacencia que le encantaban a la industria discográfica, el grupo se escapó de repente de la sala, ante la perplejidad y la furia de los empleados de la empresa.

Joe le explicó esa actitud a la revista Billboard:

-Si se los permitís, te quedás sin alma; y si no tenés alma, no podés hacer discos. Preferimos hacer nuestros discos aunque no lleguen al Top 100.

A pesar de despotricar infinitamente contra la CBS en Londres, la relación real de los Clash con la empresa, era más compleja. Casi todas las veces que fui a la central de la CBS en Plaza Soho, me encontraba con integrantes de los Clash, que tenían charlas sociables, especialmente con la publicista Ellie Smith.

Con la mayor parte de sus ingresos congelados, pendientes de la conclusión del litigio por el contrato con Bernie Rhodes, la empresa discográfica mantenía en funcionamiento a los Clash. Eso incluso abarcaba hasta el reparto de cantidades enormes de discos promocionales, sabiendo demasiado bien que inmediatamente iban a ser vendidos en la tienda de ofertas más cercana, confirmando lo que había dicho Muff Winwood sobre la estrategia de Maurice Oberstein: aparentar que había un conflicto constante entre la empresa y el grupo.

Caroline Coon tenía una visión imparcial sobre la oportunidad fotográfica perdida en Santa Monica:

-Parte de la ética punk era negarse a ser cortés de ninguna manera con nadie de la empresa discográfica que entrara al backstage -dijo Caroline-. Mi encanto ayudaba un poco; especialmente cuando nos quedamos sin plata a mitad de la gira, y tuve que ir de rodillas a la discográfica a pedir más efectivo para terminar la gira. Pero lo hicieron porque los Clash estaban dando unos recis fantásticos, con entradas totalmente agotadas.

En Cleveland, el 13 de febrero, el grupo tocó a beneficio de un excombatiente de Vietnam, que se llamaba Larry McIntyre.

Entrevista con Topper, anunciando en recital en Cleveland de febrero de 1979.

-Ese chabón perdió las dos piernas en Vietnam -escribió Joe en su reporte para NME-. Y cuando fue a nadar un día a la pileta cerca de su depto, todos los otros residentes le prohibieron el ingreso a la pileta, aduciendo que era demasiado asqueroso. Así que aceptamos tocar para él; ayudarlo con sus costos legales. Pero no llegamos a conocerlo, porque me olvidé su nombre y me referí a él por los parlantes como “el chabón sin piernas”.

La gira siguió hasta Washington D.C. y Boston. El viejo amigo de Joe en la Facultad de Arte de Newport, Allan Jones, escritor experimentado de artículos de Melody Maker, fue desde Londres a cubrir esa sección de la gira.

-La calidad del sonido tal vez mejoró levemente -escribió-. Pero la voz de Strummer sigue borrosa. La letra se pierde casi completamente. Y al mirarlo, todas las críticas sobre su interpretación cada vez más estilizada, parecen boludeces. Todavía no puede cambiar exitosamente de acordes en la guitarra mientras canta. Aún así, canta con más convicción que muchos de sus contemporáneos quejosos (aunque para algunos oídos esté equivocado o confundido). Todavía recurre al simple rugido cuando su pasión obtiene lo mejor de su control.

Revista Melody Maker de febrero de 1979.

Cuando llegaron a la capital, Allan brindó otra estampa reveladora de la vida con los Clash:

-Mick Jones tiene un mapa de Washington. Decide que le gustaría salir a pasear y conocer. Ya. Son las 4 de la madrugada. Jones quiere ir a Arlington, el cementerio militar, donde arde una llama eterna en memoria de John Kennedy. “Bárbaro”, dice Strummer, “la meemos y la apaguemos”.

Los Clash pisaron New York el día anterior a su presentación en Manhattan. Joe desapareció esa noche con Susan Blond, publicista de Epic. Al otro día, él le susurró en la oreja a Johnny Green:

-Hice algo horrible. Salí con Andy Warhol.

Andy Warhol y Susan Blond.

-Esa fue la noche anterior a que fuéramos todos a Studio 54: salió solo con Warhol -dijo Johnny Green-. El resto, fuimos todos a un lugar grasa. Pero Joe siempre tenía una inclinación para cosas como esas: meterse en un mundillo.

Años después, Joe habló con la revista Q sobre esa experiencia warholiana:

-Me inspeccionaban como si fuera un minero de carbón interesante que levantaron en la autopista.

En la gira, estaba Barry “Scratchy” Myers, ex DJ de Dingwall’s.

Scratchy Myers (con auriculares)

-Los Clash tocaron en el Music Machine de Camden y yo era el DJ. Johnny Green vino y me dijo que a Joe le re gustó lo que ponía yo.

Después de acompañarlos en su última gira por el Reino Unido, en 1978, lo llevaron a EEUU con el grupo. Johnny recordó una peculiaridad del carácter de Joe con respecto a Scratchy, que parecía tan desequilibrada como su visita a Studio 54.

-La gente le llevaba problemas a Joe, pero no necesariamente obtenían la reacción que esperaban.

Cuando Barry Myers compró un estuche que hacía juego con el rosa furioso del equipamiento de los Clash, descubrió que lo habían garabateado con consignas antisemitas, y se molestó mucho.

Los culpables eran Robin Crocker y Topper, cuyo comportamiento podía mutar de ser un personaje benévolo como Stan Laurel, a algo más parecido a Freddy Krueger, cuando consumía heroína, con la cual se estaba encariñando cada vez más.

Myers estaba consternado.

-Fue a hablar con Strummer; porque era el líder, ¿cierto? -dijo Johnny, irónicamente-. Y Joe le dijo “Bueno, ¡esa mierda es problema tuyo! ¡Resolvelo vos!” Entonces, Barry quedó aún más consternado. Con el paso de los años, Joe fue bastante consistente en salir con ese tipo de consejos. La gente le llevaba un problema serio, y él decía “resolvelo vos”. Ellos nunca le preguntaban a los otros. Siempre a Joe. Les hubiera ido mejor si le preguntaban a Paul. Pero él no era el líder, ¿no?

Más adelante, Joe resumió esa filosofía del “no te metás”:

-Hacer de cuenta que tenés la respuesta a los problemas de todos, es imposible. Todos tienen que resolver sus propios problemas. Esa es la clave de todo. Resolvé un problema y vas a tener la intención de seguir y resolver otro. No podés esperar ningún tipo de ayuda. No lo creo.

La presentación en New York, el evento más glorificado de la gira entera, fue en el Palladium.

Joe en vivo en el Palladium, 17 de febrero de 1979.

-Un poco parecido al Rainbow -escribió Joe en NME-. Con tanto viaje, estábamos bastante hechos polvo. Durante la prueba de sonido, escuché a un yanqui hablando con su amigo: “Guau, estos chabones se la dieron. ¡Apenas si pueden estar parados, ni hablar de tocar!”

Fue una de las fechas más significativas de la historia de los Clash. No solamente asistió el omnipresente Andy Warhol, sino también la crema del under céntrico: Nico, Debbie Harry, David Johansen, John Cale y Lenny Kaye. Todos se codeaban en el backstage.

Izquierda a derecha: Topper Headon y Joe Strummer (The Clash), Al Fields, David Johansen (ex-New York Dolls) y Debbie Harry (Blondie), en New York. Feb, 1979. © Bob Gruen.

Para los Clash, esa fue una noche seriamente prestigiosa, que preparó al grupo para el modo en que iban a saltar desde la ciudad al éxito estadounidense.

-A la hora del reci, el lugar estaba abarrotado- escribió Joe-. Y estaban todos los figurettis top de la ciudad. Estábamos bastante nerviosos. A mitad del show, miré hacia el público y me quedé convencido de que nos estábamos cayendo como una tonelada de ladrillos. Pero como dicen, es una ciudad difícil, y después de todo, logramos levantar de repente y sacar lo mejor de nosotros.

Al volver a Gran Bretaña de su recorrida arrasadora a toda velocidad por Estados Unidos, los Clash estaban cayendo del subidón de la gira. Entre otras cosas, seguían en bancarrota.

Pero la realización de Rude Boy seguía en proceso. David Mingay y Jack Hazan se dieron cuenta de que el sonido en vivo que habían grabado, no cumplía las expectativas. Por consiguiente, reservaron seis semanas en los Estudios Air, que daban a la Rotonda Oxford (justo en el medio de Londres), en marzo y abril de 1979. Contrataron a Bill Price, que había sido el operador en la sesiones de enero.

A los Clash les iba a pagar por esto Michael White, el productor de la película. El costo de regrabar la música de Rude Boy, sería más del doble que el presupuesto de la película.

-Tuvimos mucha suerte porque tenían tiempo -dijo David Mingay-. Estaban preocupados por lo del manager, pero les gustaba porque estaban en la suya. Joe pensaba en volver con Bernard. A mí me parecía que tenían que volver con él. Estaban cortos de efectivo. Decían que nadie les pagaba. Mick era un poco complicado. Llegaba tarde, pero cuando llegaba hacía todo muy rápido. Así que en realidad no necesitaba tanto tiempo como los demás.

En el sexto piso sobre la Rotonda Oxford, Mick y Joe se sentaban en el borde de la ventana, con las piernas colgando.

-Estaban muy contentos ahí -pensó David Mingay-. Kate Bush estaba grabando en el estudio de al lado. Ella les hacía el té. Les encantaba. George Martin, dueño del estudio, retumbaba: “Hola, muchachos. ¿Cómo están todos?”. Uno se imaginaba que habría sido igual con los Beatles.

Pero las tensiones existían. Mick fastidiaba a Paul por su ejecución en el bajo y lo reemplazaba en ese instrumento si demoraba mucho. Mingay enfatizó el atractivo visual de Paul:

-Paul hacía que el grupo se viera bárbaro. Sin él, tenían bastante mal aspecto.

Al director de cine le parecía que eso no era todo entre Mick y Joe.

-A esa altura, había una sensación de celos entre los dos. Joe estaba despegando hacia ser una especie de superestrella, y a Mick le preocupaba si lo iban a considerar igual. A Mick siempre lo agarraban hablando con esos pibes a los que les encantaban las guitarras. Joe tenía a la prensa zumbando alrededor, y no le hablaban lo suficiente a Mick, aunque Mick tal vez diera respuestas más interesantes, porque el mensaje de Joe era bastante monosilábico. A él lo consideraban el profeta de su generación; lo cual es raro, porque Mick tenía cosas más interesantes que decir; siempre estaba dispuesto y calmo, y podía enfrentar el error. Algo que Joe no podía hacer. El Hubris era una amenaza para Joe. Era un artista que absorbía el éxito y manipulaba su propio éxito.

“Pero el condimento real de Joe, era inocente y divertido. Podía hablar de cuestiones serias de una manera original. Ensayaba opiniones políticas todo el tiempo; con una vuelta de tuerca levemente bizarra. Joe era reservado; parecía tímido. Nunca hablaba de más. Le encantaba ser ocasionalmente como Humphrey Bogart. Hacía declaraciones sarcásticas. Posiblemente fuera bastante espiritual, pero no lo ponía en palabras. Mientras que Mick, parecía una persona directa, de izquierda, comprometida, que no estaba para nada insegura de su supuesta chapa de clase obrera y sus aspiraciones de vivir en el mejor entorno posible. Pero no creo que Mick fuera anarquista; mientras que Joe tal vez sí. El comportamiento temerario, compulsivo y autodestructivo, y las crisis, eran parte de él”.

El paso por los Estudios Air, había inspirado al grupo. Johnny Green y un plomo que se llamaba Baker, consiguieron una sala de ensayo en calle Causton, Pimlico, cerca del Puente Vauxhall, y el grupo la reservó por los siguientes cinco meses.

Conocida como Vanilla, estaba al fondo de un garaje. El tipo de local que uno veía en las películas estadounidenses de mafiosos, donde se planeaban los golpes.

Mick Jones notó con placer ese aspecto cinematográfico de Vanilla. No era una mala metáfora. Ahí, juntos y sin medios visibles de apoyo financiero, los Clash componían y ensayaban rigurosamente las canciones nuevas que emergerían como London Calling, al cual el tiempo iba a juzgar como uno de los mejores discos de rock de la historia, tras ser lanzado a fines de ese año en Gran Bretaña.

Retirados, con sus propios recursos, sin trabas de managers ni demandas de la empresa discográfica, se conectaron con su propio núcleo creativo, dando un salto hacia adelante en el material, la filosofía y la imagen.

Si se puede ver al disco como un presagio de cambio en los Clash, se estaba experimentando un movimiento más amplio a lo largo del país.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: