Protomartyr convierte el temor en post-post-punk

2 Oct

Traducción: Lepo para RadioValvular.

“Temor 2017/18”, recita Joe Casey de Protomartyr al arrancar “Here’s the thing” [Ésta es la cuestión], especificando en seco el ánimo y la temática del nuevo disco de Protomartyr, Relatives in Descent.

Las ansiedades políticas, ambientales, epistemológicas, sociales, familiares e individuales alimentan las nuevas canciones de Protomartyr, una banda de Detroit que estuvo recuperando las disonancias escarpadas y potentes del post-punk para los Estados Unidos del siglo XXI.

Ya desde el disco debut de 2012 de Protomartyr, No Passion All Technique, el señor Casey ubicó su voz, un quejido de cansancio, en algún lugar entre el habla y el canto. Es un discípulo tardío de Mark E. Smith de The Fall. A veces lo homenajea directamente agregándole sílabas gruñidas a las palabras. Traquetea letras que enfrentan las épocas ásperas, las elecciones duras, las traiciones y las pérdidas irrevocables; a veces indirectamente, a veces directamente, aunque evita los eslóganes. La banda ha sido su cómplice y lo presiona con riffs de guitarras erizadas (Greg Ahee), bajo (Scott Davidson) y batería (Alex Leonard), apoyándose en el legado post-punk de Gang of Four, Public Image Ltd., Pere Ubu y New Order, entre otros.

Ahora, en su cuarto disco, la banda se mueve hacia un dialecto más flexible y contrastado, aunque igual de atrapante: el post-post-punk propio de Protomartyr. Su vocabulario expandido, incluye repeticiones minimalistas incesantes; guitarra principal melódica aunque escarpada; progresiones precisas de claridad y distorsión; partes de violín que conectan sutilmente los temas, y estructuras de canciones que hacen cambios inesperados constantemente.

La primera canción del disco, “A private understanding” [Un acuerdo secreto], no abre con una explosión de guitarra punk sino con un patrón de batería que para y arranca, que pronto es revestido de acordes disonantes y flotantes, ubicando armonías enfermas bajo la letra que entona Casey. Capas de notas que zumban, sacan las tensiones de esas armonías. La explosión punk no llega hasta más de un minuto después, y dura poco.

La letra de “A private understanding” contiene referencias apenas veladas sobre la política actual: “En esta época de trompetas explosivas, un paraíso para los tontos” canta Casey, y después dice “El río no se mueve; no fluye; lo emplomaron los hombres maliciosos [snider men], para obtener ganancias a costa de los pobres”. Una referencia al gobernador de Michigan, Rick Snyder, y al agua de río que causó que se filtraran niveles peligrosos de plomo al agua corriente de Flint, Michigan. Al final de la canción, sobre un crescendo galvánico, tartamudo, Casey repite un mensaje enigmático: “Ella solamente está tratando de alcanzarte”. Un refrán que también concluye la canción final del disco, “Half sister”.

Esa simetría es solamente una de las repeticiones insertadas en Relatives in Descent. No es un disco conceptual con narrativa, pero es un todo musical, amarrado sutilmente con acordes, ritmos y texturas recurrentes. Aún así, cada canción talla su propio camino caprichoso.

“Corpses in regalia” [Cadáveres vestidos de gala] se convierte en algo similar al punk-funk, mientras Casey ruge contra las corporaciones y los súper-ricos: “La gente decente no vive tan bien”, con una base de bajo tenaz, ametrallada por estallidos de guitarra frenética con trémolo.

El punk-rock rugiente maneja a “Don’t go to Anacita”, que describe una ciudad pudiente, quizás del Silicon Valley, donde “trabajadores migrantes cuidan álamos transplantados” y “Detrás de las paredes y los portones, la gente le teme al ladrón que les robaría el dinero que Dios les puso en los bolsillos”.

Un zumbido lento y disperso al estilo Velvet Underground, abre “My children”, pero la canción pronto acelera radicalmente, detrás de una base de guitarra que le hace un guiño al surf-rock, mientras Casey ladra la letra: “Mis hijos son el futuro. Que tengan buena suerte con el lío que les dejé”.

“The chuckler” corre sobre acordes rasgados con insistencia en cada octava, haciendo referencia a Glenn Branca y los Feelies, junto a una distorsión que entra de un salto cuando Casey canta “La guerra y los rumores de guerra. Nubes de veneno en el cielo y veneno en el suelo. Oh Señor, ojalá este chiste tuviera un final mejor”.

Y “Up the tower” golpetea sin cesar un acorde, mientras Casey imagina una insurrección en “la puerta dorada”, con la banda construyendo un chillido arrollador cuando canta “¡Túmbenla!”.

Protomartyr no brinda consuelos fáciles ni liberaciones. Solo tensión, cada vez más ajustada.

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