“Redemption Song” – libro sobre Joe Strummer. Capítulo 17.1

15 May

ESCRITO POR: Chris Salewicz (2007) – TRADUCIDO POR: Lepo MacStrummer.

  1. Las noticias detrás de las noticias

1981-1982

Según el mito, el primer golpe maestro de Bernie Rhodes a su regreso como manager del grupo, fue decidir que los Clash dieran recitales por temporada, en ciudades significativas del mundo. Su paso por el Bond International Casino de la ciudad de New York, fue la primera pata de esa estrategia. Pero la historia omite la gira de 60 fechas que en un principio Bernie quiso que el grupo hiciera por los Estados Unidos. Sin embargo, Epic se negó a respaldarla, y las fechas en New York fueron una estrategia alternativa.

Fue un caso claro de convertir la adversidad en ventaja, ya que las 18 presentaciones que hicieron los Clash en el Bond de Times Square, en mayo y junio de 1981, marcaron una gran vuelco.

En EE.UU. ellos ya tenían distinción. Los últimos dos discos habían llegado al Top 30 y el single “Train in vain” había sido un hit. Pero ahora finalmente apareció el estrellato estadounidense a gran escala.

La trayectoria de los Clash definitivamente tuvo un antes y después de Bond: el éxito de Combat Rock en el Top 10 de EE.UU., al año siguiente, se puede conectar con ese trampolín. Y ahí fue el principio del fin.

Cuando ocurrió, en la primavera boreal de 1981, pareció una de las épocas más perfectas que uno podía experimentar. El clima sexy y sofocante ayudó: la temperatura nunca bajó de 32 grados durante todo el trecho de lo que había sido planeado como ocho fechas en New York.

Después de la gira europea, el grupo volvió a estar en buen estado financiero. El nuevo arreglo con Rhodes le permitía acceder solamente a un porcentaje de las ganancias netas del grupo, así que dependía de su interés que ellos ganaran montones de efectivo.

Los recis de New York fueron considerados la pata final de una gira que había largado al ruedo a los Clash después de nueve meses sin pisar las rutas (el mayor periodo sin acción en vivo en su carrera).

Bond había sido elegido después de que Rhodes y Vinyl visitaran New York a principios de la primavera boreal. Optar por ese exboliche berreta como locación para una estadía de ocho noches, seguía la tradición de los recintos sórdidos, con olor a romance de bajos fondos, en donde Bernie programaba a los Clash al principio de su trayectoria.

Es un mito sugerir que fueron los Clash quienes usaron el lugar por primera vez: yo había visto a Burning Spear tocar ahí en abril. Aún así, mucha gente de New York estaba confundida por las fechas en Bond: ¿por qué los Clash habían rechazado el Madison Square Garden, donde podrían haber ganado mucha más plata con mucho menos esfuerzo? Acá había una brecha abismal en cultura e incluso en ética. En palabras frecuentes de integrantes del grupo, la gente no entendía. Ganar muchas más plata con mucho menos esfuerzo, no solo no era el objetivo: era casi lo contrario al objetivo.

Los Clash paraban en el Hotel Gramercy Park, en cuya terraza se había casado Humphrey Bogart con Lauren Bacall, a mitad de camino entre Times Square y Greenwich Village.

Hotel Gramercy Park.

El hotel era popular para los músicos y también estaba hospedando a otro grupo: un elenco novato que se llamaba U2, que veneraba a los Clash. Bono se le presentó a Mick Jones en el ascensor, una tarde, mientras yo subía con el guitarrista.

Esta visita a New York fue puesta en escena con una eficiencia cuyo envión mecánico estuvo astutamente disimulado. El estatus de elite del grupo, fue manipulado para lograr la máxima cobertura de la tele y los diarios, en una cantidad totalmente desproporcionada con respecto a la cantidad de discos vendidos por el grupo hasta ese momento. Uno prendía el noticiero de la tele y estaban los Clash visitando oficialmente una escuela de Brooklyn, como políticos alternativos. Kosmo y Susan Blond se superaron a sí mismos.

Dos días después de que los Clash llegaran a New York, el 27 de mayo, se llevó a cabo una conferencia de prensa en Bond, en la recepción del boliche. Un periodista resaltó que Paul Weller había acusado a los Clash de “agotarse”*.

-¿Qué significa ‘agotarse’ para los Clash? -interrogó.

Mick Jones agarró la pelota y la tiró afuera.

-Eso pasa cuando salen a la venta todas las entradas de un recital y toda la gente que quiere ir, va y las compra. Y si hay la misma cantidad de personas que de entradas, eso significa que se agotaron -dijo, inexpresivo.

A los medios estadounidenses congregados, les pareció ocurrente.

[*Nota del traductor: en inglés, Paul Weller de los Jam había dicho que los Clash eran unos ‘sellout’ (vendidos) y Mick Jones hizo un juego de palabras con ‘sold out’ (entradas agotadas)].

Manhattan era el telón perfecto para que actuara un grupo de exestudiantes de arte enamorados de las navajas automáticas de Calles Salvajes de Martin Scorsese. Subiendo apenas por Broadway, desde Bond, estaba Tin Pan Alley, un bar donde se rodó una de las escenas finales de Toro Salvaje, la película más reciente del venerado director. Se convirtió en la central de los Clash durante las siguientes tres semanas. Pronto aparecieron nuevas adquisiciones para el cuartel: los artistas de graffiti Futura 2000 y Fab Five Freddy.

(Izquierda a derecha:) Fab Five Freddy, Joe Strummer de los Clash, Raymond Jordan (seguridad de la banda) y Futura 2000, en 1982. © Bob Gruen.

En una fiesta que organizó Mick para su novia Ellen Foley, noté que Mick y Joe parecían inseparables. Ni rastros de mala onda, aunque Joe estaba pasando problemas personales con Gaby en esa época. Más adelante me contó que debido a eso, había sido una época muy difícil para él. Yo no capté ni la más leve pista de eso: es de destacar que era un profesional que sabía la importancia de esas presentaciones.

Don Letts estaba haciendo una película sobre la visita a New York, con el título tentativo Clash on Broadway. Después de la presentación de cada noche, Bernie le pasaba un fajo de dólares y le decía que comprara más negativo. Bernie dejó las filmaciones en un depósito de New York y se olvidó de pagar las cuentas, y el material fílmico fue desechado.

Esto era durante el apogeo del ambiente de los bares de trasnoche en New York. Medio muerto de cansancio o por lo que habías ingerido, te deslizabas a un antro turbio más, a las ocho de la mañana, y ahí te encontrabas a Joe Strummer y Kosmo Vinyl jugando al pool.

La temperatura volvió a subir una vez más, apenas por encima de los 38 grados, el jueves 28 de mayo, la noche en que los Clash abrieron en Bond. Afuera en la calle, pibes negros de Harlem hacían break-dance. Una imagen cautivadora de un fenómeno nuevo por ese entonces. Dentro del salón abarrotado, era otro cantar. El número de apertura de esa noche, Grandmaster Flash and the Furious Five, fue abucheado totalmente e incluso bombardeado con basura por el público, que no era de la ciudad, por un capricho logístico de los puntos de venta de entradas computarizados Ticketron. Al grupo parecía divertirle la idea de que los admiradores viajaran a verlos, en vez de que los músicos viajaran hacia los admiradores.

-Es la montaña viniendo a Mahoma -dijo Joe.

Ese mismo público de la primera noche, enloqueció con los Clash, de una manera que nunca vi comportarse al público británico, más reservado. Y el grupo pareció levitar con los aplausos.

The Clash en Bond, 1981.

El grupo era una usina ajustada, ruda e inconmensurablemente confiada. Con el sonido de “Sixty seconds to what”, el tema de Ennio Morricone para Por unos Dólares más, de Sergio Leone, rugían hacia el escenario como una tormenta de truenos, directamente hacia un repertorio que duraba más o menos dos horas y media.

Como había pasado con su defensa del punk, los Clash siempre tenían la mirilla telescópica fija en cualquier novedad. El reggae dub, el rockabilly y luego el rap habían sido absorbidos por su catálogo de material: “The magnificent dance”, una mezcla que el grupo había hecho de “The magnificent seven”, bajo el nombre de Pepe Unidos, burbujeaba en las radios bailables negras, como la WBLS y la KISS. Probablemente el público no estuviera al tanto de que los Clash eran un grupo guitarrero británico, blanco y zurdo.

Después de la primera noche, empezaron los problemas. Alguien llamó a los bomberos y al inspector edilicio municipal. En Bond había habido una sobreventa peligrosa. Si hubiera habido un incendio importante, habrían podido escapar no más de 900 de los 3.500 espectadores. Las presentaciones estaban en vistas de ser canceladas.

El evento del viernes a la noche se llevó a cabo, pero solo se le permitió el ingreso a 1.750 personas con entrada en mano. Las negociaciones sobre el resto de las fechas se detuvieron, y la noche del sábado se suspendió.

Finalmente se llegó a un acuerdo. Los shows iban a poder continuar si se abrían más salidas de emergencia y si el máximo de espectadores era de 1.750. De repente los Clash aceptaron hacer 17 fechas en vez de ocho.

“Nuevas fechas en Bond para los fans de los Clash perjudicados”.

-Me preocupa mucho la voz de Joe. Espero que lo pueda soportar -reflexionó conmigo un preocupado Mick Jones.

Otros integrantes del grupo, quizás, daban más razones para preocuparse. Más adelante, Don Letts me mostró tomas de una entrevista con Topper, de la película frustrada Clash on Broadway. A Topper le preguntaron qué sentía por tener que hacer un total de 17 fechas. Dijo que no había problema con hacer todas esas fechas. Pero su cara contaba otra historia: estaba sin afeitar, su voz era borrosa y no parecía estar en buen estado.

Cuando se suspendió la presentación del sábado a la noche, los espectadores frustrados causaron prácticamente un disturbio en Times Square, y hubo más cobertura de la tele y la prensa.

Pero el tiempo que pasó en New York, estableció al grupo en el inconsciente del under cultural de la ciudad. Elogiados por gente como Martin Scorsese y Robert De Niro, además de los pibes de Queens con latas de aerosol, se volvieron la fija del ambiente artístico neoyorkino más cool. Aparecieron muy brevemente en la película siguiente de Scorsese El Rey de la Comedia, y supuestamente era una prueba para actuar en su discutida sucesora Pandillas de New York. Cuando las fechas terminaron, se quedaron en la ciudad para grabar “This is Radio Clash”.

En una emisora de radio de New York, entrevistaron a Bernie sobre la crisis de sobreventa de Bond, e hizo un parloteo típico de Bernie:

-La política de los Clash se mantuvo: contarte las noticias detrás de las noticias, con música. Y creemos que ustedes están más informados que cualquier otro público. Eso es un beneficio.

Raymond Jordan, guardaespaldas del grupo, sentía que (quizás previsiblemente), Bernie Rhodes era la única persona que no estaba estimulada por las diabluras enrarecidas en que los Clash se habían embrollado. Es sabido que en los momentos en que se lo necesitaba, cuando las presentaciones estaban en peligro de ser canceladas del todo, Bernie no aparecía por ninguna parte y no se podían tomar decisiones.

Parados: Joe Strummer, Kosmo Vinyl, Raymond Jordan, Paul Simonon, Pearl Harbor, Mick Jones, Ellen Foley. Sentada: Gaby Salter. New York, 1981. Backstage de la película ‘El Rey de la Comedia’ de Martin Scorsese.

Raymond fue al hotel Gramercy Park y convenció a una mucama para que lo dejara entrar a la habitación de Bernie. El tele retumbaba con un informe sobre el furor de Bond. Una silueta se podía divisar bajo las sábanas. Tenía las almohadas envueltas alrededor de su cabeza y orejas.

-¿Qué pasa acá? -interrogó Raymond con su tono estridente característico.

Bernie miró desde abajo de las almohadas: su cara estaba pálida y pestañeaba con más furia que nunca.

-¡No lo puedo manejar! ¡no lo puedo manejar! ¡dejame! -lloriqueó su voz reducida.

-Levantate, estúpido. Todos te necesitan -Raymond contuvo la risa y salió de la habitación.

El 10 de junio estuvo entre las noches más extraordinarias de la residencia en Bond, cuando el venerado poeta beat Allen Ginsberg fue a conocer al grupo al camarín. Para Joe y Mick, que en su primera visita a San Francisco, en 1978, le habían rendido tributo a los escritores beat visitando la librería City Lights, esto debía ser un momento trascendental.
-Bueno, Ginsberg, ¿cuándo te vas a postular para presidente? -preguntó Joe, inmediatamente.

El público de Bond, que le había hecho frente a un despliegue de teloneros supuestamente desconcertantes, desde Grandmaster Flash hasta Lee “Scratch” Perry, The Fall y un vocero del Comité de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador, ahora iba a ser sorprendido con lo más extraño de todo: los Clash iban a tocar de fondo para Allen Ginsberg en “Capitol air”, “un poema que tiene cambios de acordes”, según lo describía el escritor. El propio Ginsberg se sintió honrado:

-No conozco ninguna otra banda dispuesta a subir con un ganso maduro como yo, que puede o no cantar afinado.

Cuando las presentaciones terminaron, el grupo se quedó en New York grabando “This is Radio Clash”, que terminaron en Marcus Music, en Londres.

-Epic no entendía para nada lo que tratamos de hacer -me contó Bernie-. No les importaba una mierda. Así que pensé “negociemos”. Entonces programé una serie de presentaciones en la cara de la CBS. Después de Bond, entré y renegocié el contrato de los Clash. Dieron por perdidas las deudas y me aseguré de que nos promocionaran, y por eso conseguimos unos hitazos.

El 29 de agosto trajo la muerte inesperada de Guy Stevens, por una sobredosis accidental con los antidepresivos que le habían prescrito para combatir su dependencia del alcohol. La reacción del grupo fue grabar el tema homenaje “Midnight to Stevens”, una elegía dulce que no apareció hasta que se publicó en Estados Unidos el boxset Clash on Broadway, en 1991. Cuando finalmente apareció el disco en el que estaba trabajando el grupo, le dieron el crédito de “inspiración”.

El 24 de septiembre el grupo empezó la gira Radio Clash, repitiendo la experiencia de Bond, con siete noches en el Théâtre Mogador de París. Durante este grupo de fechas, la banda estrenó material de su disco siguiente, con el título tentativo Rat Patrol from Fort Bragg.

En abril ya habían dejado asentadas versiones primarias de tres canciones nuevas: “Car jamming”, “This is Radio Clash” y “Sean Flynn”, en Marcus Music, saliendo de Westbourne Grove.

En agosto y septiembre, usando el estudio móvil de los Rolling Stones, los Clash registraron cuatro canciones más en los estudios Ear de calle Freston, en Notting Hill: “Know your rights”, “Inoculated city”, “Should I stay or should I go” y “Ghetto defendant”.

El 5 de octubre, la gira se desplazó hacia Gran Bretaña, empezando por Manchester. Era la primera vez que el grupo tocaba en su país natal, en 15 meses. Dos semanas después, finalmente llegó el momento de pisar la capital y visitar la experiencia Bond en Londres: la gira concluyó con siete noches en el Lyceum.

El público del Lyceum recibió el tratamiento de Bond, con una estructura similar. El repertorio incluía un rap de Futura 2000: “The escapades of Futura 2000”. Durante el transcurso del repertorio de dos horas, Futura pintaba con aerosol un graffiti en un telón y luego se bajaba de su escalera para hacer su rap.

“This is Radio Clash” se publicó finalmente como single al mes siguiente. Hubo una pequeña fiesta de lanzamiento de la grabación, a la hora del almuerzo, en una sala de proyecciones de calle Wardour, en el Soho. Se proyectó el video de Don Letts para el single. Efectivamente, era un trailer de la película Clash on Broadway, que había estado editando en Manhattan.

-Los Clash tienen que sacar un single a lo grande, y no es éste -me murmuró Jock Scot.

Tenía razón. La grabación apenas mordió el Top 50. Más adelante Kosmo me dijo:

-Bernie y yo necesitábamos mucho un single después de que tocaran en Bond, y conseguimos “This is Radio Clash”.

Paul, Topper y luego Joe aparecieron a tomar un par de tragos antes de que el evento terminara, a las tres de la tarde. Pero no había rastros de Mick Jones. Para los que lo conocíamos, no fue muy sorprendente. Mick generalmente no levantaba la cabeza de la almohada antes de las dos y media de la tarde.

Pero Mick se había declarado productor del disco nuevo, que, insistía, tenía que terminarse en New York, en Electric Lady, durante las semanas anteriores y posteriores a Navidad de ese año. Quería estar en medio de los sonidos barriales de la ciudad, que lo inspiraban tanto. Y también quería estar cerca de Ellen Foley.

Ellen Foley y Mick en 1981.

Cuando le consultaron sobre eso, respondió de la misma manera que Joe cuando los otros le cuestionaron la sensatez de haber vuelto a traer a Bernie Rhodes como manager: amenazó con irse del grupo.

Obligados a dar marcha atrás, tanto Joe como Paul estaban furiosos: grabar en New York aumentaría drásticamente los costos del disco nuevo. Cuando Joe lo enfrentó más adelante sobre eso, Mick dijo que solamente había estado bromeando. Pero tres años después, su decisión seguía irritando a Paul.

Mientras que Mick Jones había estado totalmente embelesado por la cultura rap en la que se sumergió en New York, lo que resultó en varias mezclas experimentales de “This is Radio Clash”, Joe Strummer estaba virando de vuelta hacia su amor por las raíces de la música contemporánea.

-Quiero hacer música de verdad, no punk -le dijo a Bernie.

“Know your rights”, grabada primero en los estudios Ear de Londres, con un ritmo semi-rockabilly, señaló la grieta creciente entre Mick y Joe: “¡Este es un anuncio de servicio a la comunidad… con guitarras!”.

Un intento de grabar “Know your rights” fue abortado cuando Mick y Paul discutieron durante dos horas sobre el sonido apropiado para el bajo. Paul demandaba una onda de reggae más pesada. Paul me insistía en que la onda final de la canción estaba totalmente equivocada. No se quejaba de sus partes de bajo, sino sobre otra cosa totalmente distinta:

-Se supone que tenía que ser divertida, pero no se logró para nada.

Además de las tensiones entre los actores clave sobre la grabación, la crisis de bajo perfil, pero siempre presente, causada por los intereses extracurriculares de Topper Headon, llegó a un punto decisivo. Al llegar en un vuelo a Heathrow, detuvieron a Topper por posesión de heroína. El 17 de diciembre apareció en el juzgado de Uxbridge. Después de que su abogado dijera como atenuante que había sido votado recientemente como uno de los mejores cinco bateristas del mundo, el magistrado reprendió a Topper:

-A menos que aceptes tratamiento, vas a ser el mejor baterista del cementerio.

Con la condición de que buscara ayuda por sus problemas con las drogas, Topper Headon fue multado con solamente 500 libras [2.350 dólares actuales]. Más adelante me contó:

-Mi novia, Donna, me había llamado por teléfono. Estaba descompuesta porque había escasez en Londres. Le dije “Oh, me cago en la mierda. Te voy a llevar un poco”. Yo iba a volar hasta Londres, darle un par de gramos y volver. Consumí en el avión, y cuando llegué a Heathrow y fui a buscar mi bolso, me agarraron de una. “¿Quién me botoneó?” “Viste pasar tres veces tu equipaje hasta que lo reconociste”.

[Continuará]

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