“Redemption Song” – libro sobre Joe Strummer. Capítulo 17.2

17 May

ESCRITO POR: Chris Salewicz (2007) – TRADUCIDO POR: Lepo MacStrummer.

  1. 2

A principios de 1982, Bernie Rhodes y Kosmo Vinyl iban a mandar a Topper a un programa hospitalario de rehabilitación, en el sudeste de Londres. No solo estaba en peligro la salud de Topper, sino que también pendía de un hilo una gira inminente por Japón. Después de la redada a Topper, por un pelo no le rescindieron las visas laborales al grupo entero.

La redada por drogas a Topper, no le impidió que volviera casi inmediatamente a New York, a grabar en el disco nuevo, y en Manhattan volvió de una a sus viejos hábitos. Pero estaba en un estado lo suficientemente bueno el 30 de diciembre, cuando empezó el trabajo sobre una canción titulada “Straight to Hell”: esta no surgió de la letra de Joe, sino de un garabato guitarrero de Mick Jones, al cual Topper le puso un ritmo de bossa nova. Balada épica, “Straight to Hell” se convertiría en una canción arquetípica de los Clash (de hecho, una de las mejores) del último periodo en que Joe, Mick, Paul y Topper trabajaron juntos.

-Justo antes de la toma Topper me dijo “quiero que toqués esto”, y me pasó una botella de limonada R. White’s, envuelta en una toalla -dijo Joe-. Me dijo “quiero que le pegués al frente del bombo con esto”. En la grabación se escucha que estoy al frente del bombo revoleando una toalla con una botella grande de limonada, golpeando el frente del bombo, mientras los otros graban la pista base.

El grupo volvió al Hotel Iroquois. James Dean había vivido ahí en alguno de los dos pisos de arriba, y Joe se cambiaba de habitación cada un par de días, para asegurarse dormir en la misma pieza que el influyente actor del Método.

Al volver al hotel después de dejar lista la pista base de “Straight to Hell”, Joe se sentó en su cuarto frente a la máquina de escribir y trabajó en las letras de las canciones nuevas:

-Era víspera de Año Nuevo. Escribí las letras quedándome despierto toda la noche en el Iroquois. Fui a Electric Lady y simplemente grabé las voces en la cinta. Terminamos más o menos veinte minutos antes de la medianoche. Nos tomamos el tren E desde Village hasta Times Square, porque el Iroquois estaba saliendo de Times Square. Nunca me voy a olvidar de cuando salí del subte en Times Square, justo antes de la medianoche, hacia 100 mil millones de personas, sabiendo que acababa de hacer algo re genial.

Para el éxito de todo el disco, Topper Headon pudo aportar su obra maestra en Electric Lady: “Rock the Casbah”. Compuso la música totalmente solo.

-Con todos mis defectos, yo siempre era el primero en ir a ensayar -me dijo Topper-. Fui a Electric Lady y no había nadie, y simplemente la grabé en un radiograbador viejo. Los otros aparecieron y les dije “Escuchen. Acabo de componer esta canción”. Me dijeron “Dejala así”. Yo les dije “No se puede. Tiene solamente dos estrofas y una parte en el medio. Debería haber cuatro estrofas”. Así que simplemente empalmaron la cinta y duplicaron el largo de la canción. Joe escribió la letra y después cantó encima de eso. Simplemente se fue al baño o a algún lado, se acostó y la escribió completa. Le llevó solamente más o menos una hora. Después Joe dijo: “Ahí me dí cuenta de la genialidad verdadera de Topper Headon”.

-Lo vi con mis propios ojos. El gran talento de Topper Headon -le dijo Joe a Gavin Martin en 1999-. Juro que en 20 minutos había dejado listo todo: bajo, batería y piano. Todo él. Tomó a los demás por sorpresa. A Jonesy no le copaba ese tema cuando lo publicamos como single. Lo tuvimos que convencer un poco. Creo que le parecía un poco cómico.

Mick Jones, Joe Strummer y Topper Headon en el estudio Electric Ladyland. © Bob Gruen

De hecho, Joe ya tenía escrito el primer verso del tema.

-Nos dimos cuenta de que cada vez que tocábamos un tema en las sesiones de Combat Rock, duraba como mínimo seis minutos -dijo-. Después de un par de días así, Bernie vino al estudio, creo que escuchó “Sean Flynn”, y dijo: “¿Hace falta que todo sea largo como un raga*?” De ahí en adelante, a todo lo que hacíamos le decíamos raga. Volví al Hotel Iroquois esa noche y escribí en la máquina: “El rey le dijo a los hombres de la bolsa: córtenla con el raga”. Lo leí y por alguna razón empecé a pensar en algo que me había dicho alguien: que en Irán te daban latigazos si tenías un álbum de música disco. Así que lo trasladé de Bernie a esos líderes religiosos que trataban de evitar que la gente escuchara música.

[*Nota del traductor: Un raga o raaga es una melodía en la música clásica de la India, que se considera que tiene la capacidad de “colorear la mente” e influir en las emociones de los oyentes.]

Una visita ocasional al estudio era Jo-Anne Henry, una chica negra de 16 años. Visible en las matinés de Bond porque se llevó un taburete para ver con claridad al grupo, Raymond Jordan la llevó al backstage. Joe quedó fascinado por sus experiencias como chica negra neoyorkina copada con los Clash. Al enterarse de que el grupo estaba grabando en Electric Lady al final del año, Jo-Anne iba al estudio la mayoría de los días después de la escuela y pasó a formar parte del séquito de los Clash en New York. Ella recordaba cuando Joe y Allen Ginsberg escribieron la letra de “Ghetto defendant”:

-Alguien entró con una bandeja con rayas de merca. Joe miró la merca y me vio a mí, y después a la persona que la trajo, y dijo: “Muchachos, no la tomen acá. Tómenla en otro lado”.

Años después, en su campo de Somerset, Joe y yo hablamos de la necesidad de esconder las drogas de los pibes. Yo le dije “Hay gente que dice que no hay que ser hipócrita sobre las drogas con los chicos”.

-Hay que ser hipócrita sobre las drogas con los pibes -contestó-. De otra manera, es muy confuso para ellos diferenciar entre los distintos tipos.

“Should I stay or should I go”, una canción escrita casi totalmente por Mick Jones, supuestamente hablando de su relación con Ellen Foley, se volvería al último el single de los Clash más vendido de la historia: hit internacional cuando salió en el disco, en 1982, vendió un millón de copias más en Gran Bretaña cuando fue relanzado en 1991, después de que se usara en un comercial de jeans Levi’s.

Basada libremente en la melodía de Mitch Ryder and the Detroit Wheels “Little Latin Lupe Lu”, la canción puede ser tomada naturalmente como una medida de los presagios sobre el futuro de Mick en el grupo [“¿Me quedo o me voy?”], aunque difícilmente se tenga en cuenta la letra original, subida de tono, que decía “por el frente o por la espalda”, que al último fue cambiada por “si querés que salga de encima tuyo”, como un intento de asegurarse la difusión radial en EE.UU.

-No era sobre nada específico y no se estaba anticipando a mi ida de los Clash -dijo Mick-. Simplemente era una buena canción de rock; nuestro intento de escribir un clásico.

Pero Joe definitivamente la leyó como una declaración de la inestabilidad potencial de Mick en los Clash. Según Paul Simonon, los compositores principales de los Clash, apenas si se hablaban cuando se grabó el tema. En los archivos de Joe se encontró una versión satírica de la canción, escrita por él, aparentemente poniéndose en el personaje de Mick:

-“Yo siempre me quejo, me quejo, me quejo, cuando los técnicos se van de juerga”.

Cuando le mencionaron a Mick en 2004 esa letra alternativa para la canción, se divirtió mucho. Esa versión tuneada demuestra que incluso a principios de 1982, Joe estaba meditando un plan para redireccionar a los Clash hacia un camino que le resultara más agradable.

-Incluso ya en 1978, cuando salíamos, Joe decía que le gustaría deshacerse de Mick -me dijo Jeannette Lee.

Por casualidad, Joe Ely se cruzó con Mick y Joe en New York, cuando estaban grabando “Should I stay or should I go”. Arbitrariamente, Joe había decidido que su parte de la canción estuviera en español, y le pidió ayuda a Ely.

-Así que Strummer, yo y el técnico portorriqueño [Eddie García, que en realidad era ecuatoriano] nos sentamos y tradujimos la letra al español más raro de la historia.

-Cuando escuchás “Should I stay or should I go”, hay una parte de la canción en que Mick dice “split” (“tómensela”) -recuerda Joe Ely-. Strummer y yo habíamos estado gritando los coros en español y nos habíamos escurrido por detrás de él mientras grababa. Estábamos detrás de una cortina, saltamos hacia él en medio del canto y lo cagamos asustando. Nos hizo la mirada más asesina y dijo “¡Tómensela!”. Dejaron eso en la versión final.

En la mezcla de la canción presente en el Rat Patrol from Fort Bragg original, las partes en español empiezan al comienzo del tema.

Una balada hermosa de protesta, “Ghetto defendant” fue la expresión de Joe sobre una teoría conspirativa que estaba en boca de todos en esa época: que el gobierno incentivaba que la heroína creciera en las villas como anestesia: “es heroína por lástima; ni el gas lacrimógeno ni el ataque policial que evitan que tomés la ciudad”. Es fácil imaginar que el aprieto de Topper no estaba lejos de la mente de Joe.

Por invitación del grupo, Allen Ginsberg llegó en un vuelo desde Boulder, Colorado, y se juntó con ellos en el estudio.

-Vos sos el mejor poeta de Estados Unidos. ¿Podés mejorar esta letra? -le preguntó Joe.

En el momento, Allen Ginsberg escribió algo para recitar él mismo en la grabación, incluyendo una letanía de lugares problemáticos del mundo: Guatemala, Honduras, Polonia, El Salvador, Afganistán. También mencionó a Arthur Rimbaud, su poeta favorito. Un hombre con el que Joe tenía una semejanza visual perceptible.

-Ginsberg escribió su propia parte para “Ghetto defendant”, pero nos tuvo que preguntar los nombres de los bailes punk -recordó Joe- y yo le dije “bueno, está el slam”. La hizo en el momento. Estuvo buena.

-Quería que los Clash le hicieran de fondo para un disco que estaba por hacer, pero en cambio terminó él en nuestro disco -dijo Kosmo-. La gente decía que él fue el instructor para las letras de Joe en ese disco, pero eso me parece un poco exagerado.

-Una vez le pedí a Ginsberg una palabra -dijo Joe-. Pero fue solamente una palabra.

En realidad Ginsberg se quedó en el estudio una semana más, colaborando con Joe no solamente en más letras, sino también como corista, representando la Voz de Dios.

Por tercer disco consecutivo, Paul Simonon hizo de voz principal, esta vez en “Red Angel dragnet” [Emboscada al Ángel Rojo], inspirada en una historia local del momento: el día de Año Nuevo de 1982, fue asesinado por un policía en New Jersey Frankie Melvin, uno de los Ángeles Guardianes con boina roja, una fuerza policial alternativa y voluntaria organizada por Curtis Sliwa afuera de su casa del Bronx.

-Estaba en los diarios de ese momento -dijo Joe-. El asesinato de Frankie Melvin. Fue un gran escándalo. Por alguna razón, en el hotel, me había quedado sin papel para escribir y solamente tenía sobres del Iroquois. Escribí la letra en el medio del sobre y empezó a fluir, así que continué escribiendo la letra por el borde del sobre, en espiral. Terminé dándole la vuelta al borde tres veces. Al otro día, dije “Mirá, Paul, ¿qué pensás de esta letra?” Me acuerdo que él giraba y giraba el sobre para leer la letra. Me miraba de reojo, pensando “¿Joe se piró?”.

La canción hace referencia a Travis Bickle, el personaje de Robert De Niro en Taxi Driver. Kosmo hace el parloteo de Travis: “Un día va a venir alguien y va a barrer con toda la escoria”. Y al final de la canción, también aporta la frase de Travis “Un día me voy a organizar”.

Esas eran las grandes canciones ensayadas para el disco nuevo. Los otros temas también eran fuertes: “Inoculated city”, “Atom tan”, “Car jamming”, “Overpowered by funk” (que incluía un rap de Futura 2000 y Tymon Dogg -que nuevamente estaba en New York- tocaba el piano), y la cinematográfica “Death is a star”, la canción final del disco nuevo, que incluía los versos “Hace llorar a un hombre maduro como a una chica para ver las armas muriendo al atardecer”. Según explicó Joe, “habla de la manera en que todos hacemos fila en el cine para ver cómo matan a alguien. Actualmente, la ejecución pública está en celuloide. Estaba analizando por qué quiero ir a ver películas: porque en el fondo de mi corazón, quiero ver a un hombre sacar una ametralladora y hacer blam blam blam contra el cuerpo de alguien”.

Topper estaba sorprendido porque Strummer y Jones se habían vuelto una línea de producción. ¿Por qué no en orden alfabético?

-Suena mejor. Rodgers y Hammerstein es así -dijo Mick.

-Si ves todos los vinilos que publicamos en cinco años (un disco por año, uno doble, uno triple), no parábamos ni en Navidad. Después, Joe dijo que la cantidad de canciones que él podía cantar y componer era limitada. Había escrito hasta agotarse. Cada vez que se nos ocurría una canción, Joe tenía que escribirle la letra -dijo Topper.

Había más canciones: “Cool confusion”, “First night back in London”, “The beautiful people are ugly too”, “Kill time” y “Walk evil talk”, una pieza onda free jazz con piano psicodélico. Una vez más, Mick quería usarlas todas, en un combo de dos discos, pero Joe insistió en que fuera un disco simple. Había descubierto que en las disquerías de New York, el extenso disco triple Sandinista! básicamente estaba fuera de stock. Había salido en una misión fallida a comprarle una copia a Eddie García.

A fines de enero, cuando Mick Jones le presentó al grupo lo que él consideraba que eran las cintas terminadas, la visión del guitarrista para el quinto disco de estudio de los Clash, duraba 65 minutos y contenía 17 canciones. Joe se rehusó a aceptar la grabación, y dijo que era una “mezcla de película casera”.

-Mick, me parece que no sabés producir -le dijo a su socio compositivo.

-Desgraciado. Pensé que eras mi amigo -fue la respuesta, según Joe.

Aunque Don Letts no estaba presente en Electric Lady, su larga experiencia de trabajo, tanto con Joe Strummer como con Mick Jones, en filmaciones y luego en música, le dio una percepción única de la manera en que interactuaban creativamente:

-Mick endulzaba todo. A la gente no le gustan las cosas difíciles y directas. Le gusta que se las endulcen. Mick actualizaba el eterno mensaje de Joe. Mick era el hombre de las melodías, el de la música, y se mantenía actual. Joe me recuerda a esos chabones que andaban a caballo cuando todos los demás andaban en auto, y eso me parecía una cualidad admirable. Pero era Mick el que empujaba para adelante. Esas cosas que dice Joe son cosas que siempre hizo falta decir, pero las tenés que decir de una manera que entretenga a la gente. Así que creo que Mick era un complemento esencial para Joe. Porque si Joe hacía esas letras sin esa música, creo que la gente lo hubiera ignorado. A Mick se le puede ocurrir una melodía más rápido que a nadie que yo haya conocido en mi vida, pero supongo que Joe habrá sido bastante decisivo para aplastar algunas de las tendencias que después denominó “mediocres” de Mick Jones, y las hizo más sólidas.

-No recuerdo que la onda de Electric Lady fuera tremendamente intensa -recordó Kosmo-. La verdad que yo quería un disco simple porque creía firmemente que un gran grupo tenía que ser capaz de hacer eso. Ya todos sabían que “Straight to hell” y “Rock the casbah” estaban bárbaras. Pero Joe siempre podía ser convencido; podía entender qué pasaba con la gente. Nunca tuvo problemas para ver los puntos de vista de otra persona, a veces en perjuicio de él mismo.

El disco nuevo aún en proceso, no cumpliría con la fecha de entrega para fines de enero. Pero no había tiempo para debatir: Joe y Mick tuvieron que correr desde una sesión de mezcla en Electric Lady a un auto que los llevaría a un vuelo a Tokio, para su gira por el Lejano Oriente, con fecha de iniciación el 24 de enero en la capital japonesa.

-Mick, Joe y yo fuimos desde New York hasta Japón -dijo Kosmo-. Llegamos al [aeropuerto] JFK quince minutos antes del vuelo; subimos al avión cuando se cerraban las puertas, por un pelo. A ellos les pareció graciosísimo.

Los otros se tomaron un vuelo a Tokio desde Londres.

Mapa de la gira “Rat Patrol por el Sudeste Asiático y Australasia 1982”, dibujado por Joe.

El primer recuerdo significativo de Mick al llegar a Tokio, fue Joe y él parados en la recepción del hotel, pidiéndole a un integrante japonés de la gira, el faso que esperaban al llegar. Pero les dijeron que en todo el territorio de Japón, con sus leyes antidrogas estrictas y punitivas, no había marihuana. Mick y Joe estallaron en lágrimas en la recepción del hotel, incitando a que su asistente también empezara a llorar, en solidaridad y por vergüenza ante su incumplimiento. Se ofreció voluntariamente a tomar el primer vuelo a Tailandia, para conseguirle faso al grupo. Le dijeron que no se preocupara, y (probablemente por primera vez) durante ocho días de gira por el país, tuvieron una misión prácticamente sin faso.

Con el drama en desarrollo en la recepción del hotel, de reojo mientras lloraba, Mick observó algo más alarmante: al fondo, Topper Headon le estaba pegando la cabeza a su novia Donna contra una puerta de metal.

Joe recibió varias cartas de admiradores japoneses, entre ellas una que comenzaba:

-Hola Joe, ¿cómo estás? Espero que estés bien. Me preocupó mucho verte llorando en el hotel.

Aparte del humor de esta anécdota, la reacción de los dos integrantes de los Clash a las malas noticias de su asistente, habla de una historia más seria sobre el alcance de sus sistemas nerviosos exhaustos por trabajar, no solo en el disco nuevo, sino en general. Estaban pagando las consecuencias y la venganza del continuo ascenso de sus últimos cinco años y medio. Esto era en una época en que era primordial ser extremadamente astuto, pero la visión colectiva se estaba poniendo cada vez más turbia.

Los Clash arrancaron su primera gira por Japón el 24 de enero, en Tokio. ¿Por qué nunca habían tocado en ese país? Por otro decreto de los Clash: no iban a tocar en Japón a menos que el público pudiera estar parado: algo que está expresamente prohibido en esa cultura. Incluso para los Clash, al público solo se le permitió pararse en los asientos. Pero ese compromiso fue suficiente para que realizaran las fechas.

-El asistente nos quería, por haber protestado por eso -recordó Kosmo-. ¡Estos son hombres con principios! Tuvimos toneladas de cobertura en los diarios por eso. Incluso fueron los noticieros televisivos.

El grupo se tomó el tren bala y encaró hacia Osaka, donde tocó dos noches. Las fotos de Joe y Mick en el tren no dan indicios de que estuvieran presuntamente en un desacuerdo mutuo y severo. Mientras el tren avanza como trueno, con el Monte Fují nevado de fondo, parecen extremadamente felices.

-Hay una cierta preocupación por el disco nuevo, pero no sé si eso domina el pensamiento de Mick y Joe -recordó Kosmo-. Hay tiempo para tomarse un descanso. Estábamos en una habitación de hotel, y Joe y Mick entraron en una disputa sobre el disco nuevo, pero yo dije “Hay una ciudad completa ahí afuera. Deberíamos ir a disfrutarla”. Japón fue divertido. Subís a las 6:30. A las 10:30 de la noche terminaste y podés salir.

Al volver a Tokio, hicieron cuatro fechas más. No adhirieron estrictamente al decreto de Bernie, de hacer siete noches en una ciudad importante, pero fue lo más parecido que pudieron lograr.

Pennie Smith viajó a Japón a fotografiar al grupo. Apenas antes de que los Clash se fueran de Tokio hacia Nueva Zelandia, Joe la llamó a su pieza. Lo encontró rodeado de obsequios de admiradores: muñecos, esculturas, ropa; incluso una espada samurái.

-No sé qué hacer -le dijo él a ella-. No puedo poner todo en mi valija.

-Vas a tener que dejar algo -fue la solución de Pennie.

-¿Cómo voy a hacer eso? -dijo Joe-. Las trajeron especialmente para mí.

La hora siguiente se usó para meter la montaña de regalos en bolsas de plástico, asiduamente pegadas con cinta y llevadas al aeropuerto, garantizándole a Joe un considerable impuesto por exceso de equipaje.

Antes de irse al aeropuerto, Pennie fotografió a Joe con la espada samurái que le habían dado. Al llegar a Nueva Zelandia, los Clash fueron sometidos a una demora de cuatro horas en migraciones, como resultado de la reciente redada por drogas a Topper en Londres.

El 5 de febrero, al tocar en Auckland, el grupo se conmocionó por la presencia de un gran contingente de skinheads locales, muchos adornados con la insignia del águila nazi.

Al día siguiente, un sábado, Kosmo andaba por la ciudad y se cruzó con Joe que portaba un ukelele que se había llevado a la gira.

-Estuve tocando en el centro -dijo.

-¿Cómo te fue?

-Horrible.

Después de presentarse en Christchurch y Wellington, el elenco se fue de Nueva Zelandia hacia Australia.

Esta pata de la gira abrió con una estadía de siete días en Sydney, en un cine art decó con techo de chapa, ideal para levantar calor a una temperatura sofocante, en el verano ardiente.

El grupo se alojó en un hotel exclusivo, en el centro de la ciudad.

-Entramos al mismo tiempo que los Kinks, que llegaron en el mismo momento -recordó Kosmo-. Antes de que ellos terminaran de registrarse, ya nos habían dado de baja a nosotros. Nos echaron del hotel por algo que tenía que ver con ropa interior femenina y música muy fuerte de Charlie Parker. Las valijas no llegaron a las habitaciones. Nos dijeron que nos teníamos que ir.

Encontraron un hotel en los confines más apestosos del Kings Cross de Sydney; la zona roja.

En Australia, Joe seguía sin fumar faso. Empezó a hablar de ponerse en buen estado para la acción y en informes de prensa se mencionó el “culto al cuerpo” de Joe: se levantaba a las seis de la mañana y salía a correr y pasaba el tiempo en su habitación subiendo y bajando el televisor como si fueran pesas.

Tuvo un momento de pasión con una periodista y se ausentaba de las entrevistas para visitar las preciosas playas de Sydney.

-Mientras Mick hablaba con The Australian, Joe estaba en el mar -dijo Kosmo-. Yo decía “Vuelve en un minuto”, pensando que en 45 minutos llegaba otro periodista.

Joe Strummer de los Clash en una conferencia de prensa en el Museo Australiano. 4 de febrero de 1982. Foto de Jackie Haynes.

A Joe le encantó Australia, con su amplitud vasta de paisajes, mar y cielo azul… hasta que el grupo se enfrentó al lado negativo del “país elegido por Dios”. Una noche, Gary Foley, militante por los derechos territoriales de los pueblos originarios, subió al escenario en Sydney para recitar sobre su causa durante una versión dub de “Armagideon time”. Al terminar, Joe y Kosmo llevaron a Foley al hotel, a tomar unos tragos en el bar. Previamente el personal del bar había hecho amistad con los Clash y su séquito. Después de eso, siguieron atendiéndolos, pero pararon de entablar conversaciones. Un operario de mantenimiento del lugar del recital, hasta ese momento amistoso, le dijo a Kosmo Vinyl que los pueblos originarios eran “como perros”.

Hubo otro inconveniente. Bajo presión de la empresa discográfica, el grupo aceptó trabajar en el disco en Sydney, intentando mezclar los temas en un estudio local, cada noche después de las presentaciones. Pero sus oídos todavía estaban zumbando por el sonido del escenario de esa noche. Nada sonaba bien.

-Después de cada presentación en Sydney, íbamos y mezclábamos el disco. Pero por supuesto, eso también dio asco -dijo Joe.

Tras un par de noches, el plan fue dejado de lado. Esa falta de progreso solamente agravó las tensiones mutuas por el disco. Los Clash hicieron una movida política al cenar con Paul Russell, el jefe de CBS Australia. Se acababa de anunciar que Russell se iba a mudar a Londres a reemplazar al jubilado Maurice Oberstein como mandamás de CBS en Gran Bretaña, y lo necesitaban de su lado. A pesar de su postura rebelde, el grupo siempre era capaz de ser pragmático.

En Brisbane, la capital tropical de la conservadora Queensland, un bailarín aborigen subió al escenario. Luego volvió al hotel para cenar con los Clash. Su presencia causó una gran molestia en el personal. Mientras estaba ahí, recibió una llamada telefónica avisándole que le habían hecho pedazos la casa durante su actuación. Joe escribió una letra sobre eso, que nunca se terminó. En parte, decía “En el estado de Queensland comen bife de aborigen”.

Reseña del show en Brisbane: “El rock brutal de los Clash cautiva a los fans”.

Después de las presentaciones en Adelaide, Melbourne y Perth (tan caluroso que Joe colapsó en el escenario, por deshidratación), se subieron a otro avión y encararon hacia Hong Kong. Ahí se volvieron a juntar con Pennie Smith. ¿Su tarea? Hacer la foto de tapa del disco nuevo. La idea era usar las brillantes locaciones de esa ciudad futurista asiática y caligrafía china en neón, como fondo. La empresa discográfica le había pedido que fotografiara en color: querían que el quinto disco de los Clash fuera comercial. Pero el ánimo de la presentación del 28 de febrero difícilmente estaba en sintonía: estalló varias veces una pelea masiva entre espectadores chinos y británicos expatriados, y Joe tuvo que parar el show dos veces:

-Vinimos hasta acá para tocar y lo único que quieren hacer es pelear.

La presentación en Hong Kong fue un bajón. El veredicto fue: “sigamos al próximo escenario, el show final en Tailandia, y hagamos la tapa del disco ahí”.

[Continuará]

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