10 preguntas a Damon Albarn y Paul Simonon

19 Jul

Dos gigantes de la música hablan de la fama, las inseguridades y la lucha contra una Gran Bretaña estropeada.

Por Cian Traynor para huckmag.com – 15 de julio de 2019. Traducción: Lepo para RadioValvular.

A Damon Albarn y Paul Simonon les han hecho casi todas las preguntas que se te puedan ocurrir. Entre The Clash, Blur y Gorillaz, ambos han estado detrás de algunos de los momentos más cautivadores de la música británica de las últimas cuatro décadas.

Que te concedan tiempo con cualquiera de ellos, es el tipo de oportunidad que simplemente no podés rechazar. Pero hay una pequeña trampa. Cualquier conversación que valga la pena tener y cualquier tema en el que valga la pena arriesgarse, deben estar comprimidos en una llamada telefónica de 15 minutos.

La dupla está ocupada tocando como The Good, the Bad & the Queen en los festivales veraniegos de Europa, junto al exguitarrista de The Verve, Simon Tong, y al baterista de Fela Kuti, Tony Allen. Una banda cuya experiencia combinada muchas veces hace que los etiqueten como “supergrupo”. Juntos, hicieron lo que Damon ha descrito como “un nuevo episodio” del Parklife de Blur: un disco mordaz sobre el significado de ser británico, que es solamente el segundo en 11 años.

Mientras que The Good, the Bad & the Queen de 2007 parecía un homenaje cariñoso al Londres multicultural, Merrie Land está inspirado en una nación al borde del agotamiento. El referéndum del Brexit hizo “sonar la alarma” en la cabeza de Damon, motivándolo a visitar lugares como Southend, St. Albans, Liverpool, Preston, Lincoln, Manchester, Brighton y Banbury para entender mejor qué estaba pasando con la Gran Bretaña que él creía conocer.

Pero fue en Blackpool donde la reacción creativa empezó a echar raíz. Era un lugar con muchas capas: una parte del país construida en base al orgullo de la clase obrera; una atracción turística con un auge distante; una ciudad costera rodeada de algunas de las peores condiciones de vida y problemas de drogas del Reino Unido.

Damon siguió volviendo, hasta que los TGTB&TQ finalmente alquilaron un estudio en una esquina; un viejo salón bailable cerca de la Torre de Blackpool: un lugar abierto, inundado de luz, donde los cuatro músicos accedieron a una sensación de elegancia deteriorada y absorbieron el peso de los recuerdos que los rodeaban.

Cerca de dos años después, el músico de 51 años está sentado en una oficina dentro de un edificio de la era victoriana refaccionado, justo debajo de la autopista Westway de Londres. Acaba de tomar su café matutino y suena como si aún se estuviera poniendo a punto: su voz está profunda y levemente atontada; elige las palabras cuidadosamente. Paul Simonon, que habla por separado en otra llamada, suena como si hubiera estado levantado y listo desde hace horas: un caballero de la vieja escuela que no tiene mucho tiempo para boludeces.

The Good, the Bad & the Queen en Blackpool. Foto de Pennie Smith.

Parece que pasaron muchas cosas desde que se armó Merrie Land en Blackpool. Tras un lanzamiento con buen recibimiento y dos docenas de recis, el trasfondo político parece igual de nefasto… si es que no está peor. Eso significa que hay mucho de qué hablar. Lo suficiente como para que una posibilidad que ya es intimidante, se vuelva aún más desafiante.

Para sacarle el mayor jugo, a ambos músicos se le hicieron las mismas preguntas en entrevistas separadas por casi una hora de diferencia, y acá las respuestas se presentan juntas.

-A tus 50, ¿hay algo que hayas aprendido que hubieras deseado saber a los 20?

Damon: Incluso los 51 son distintos a los 50. A los 50, estás obviamente en una encrucijada, y a los 51 te das cuenta de qué camino estás siguiendo. ¡Simplemente esperás haber tomado la decisión correcta! [Se ríe]. Pero creo que inevitablemente empezás a ver una imagen más amplia. Cosas que me sabían conducir a una locura parcial a los 25, ya no me molestan para nada necesariamente. Me gustaría creer que estoy más relajado.

Paul: Bueno… caramba. Ojalá hubiera leído más libros y tal vez debería haber ido a la escuela. Pero soy la persona que soy por esas experiencias. No haber ido a la escuela me significó ser autodidacta, se podría decir. Sería lindo haber sabido más, por supuesto. Pero Mick Jones sabía comentar algo que me hacía reír: “La juventud se malgasta en los jóvenes”. La verdad que no me arrepiento de nada. Si siento que falta algo, simplemente encaro hacia ahí. Mientras te des cuenta de cuándo tenés que ponerte al día, depende de vos resolverlo.

-¿Qué es lo más memorable que te dijo otro artista?

Damon: Paul McCartney me dijo “Siempre pensá cómo se va a ver mañana”: lo que decís y lo que hacés. Simplemente pensá en las consecuencias antes de hacerlo. Estar presente cuando tomás esa decisión. No podés controlar todo. Pero el punto es que si sabés por qué hacés algo, hay más chances de que mañana lo puedas justificar. [Se ríe]

Paul: Algo que me dijo Bo Diddley. Él siempre andaba con su propia guitarra. Yo le dije “Allá hay una persona que te va a llevar la guitarra; alguien que cuida los equipos”. Y él dijo “No, no. Yo siempre ando con mi guitarra porque si dependo de esa persona y un día no está, de repente voy a tener un problema”. Ésa fue una lección importante para mí. Trato de no depender de nadie más que de mí mismo, y eso también significa no culpar a nadie más.

Paul y el resto de los Clash con Bo Diddley, 1979.

-El miedo y la duda son parte del proceso creativo y la mayoría de la gente no tiene idea de que las figuras exitosas luchan con inseguridades como cualquiera. ¿Qué me podés decir sobre esa parte de los artistas? A esta altura de tu trayectoria, ¿tenés alguna inseguridad?

Damon: Dios, sí. Eso es común para un compositor. Constantemente estás atormentado por la inseguridad y el miedo a la muerte. Si no tenés eso, no seas compositor. No tiene sentido. Tenés que tener muchos defectos [Se ríe]. No todo viene de la bondad. Diariamente, me doy con momentos en que estoy dichosamente unido al universo y el resto del tiempo estoy renegando de una u otra forma.

Paul: Me despierto con inseguridad todas las mañanas. La cosa es tratar de enfrentar eso diariamente. Mientras yo me concentre en hacer algo creativo, eso ayuda. Cuestiono todo lo que hago. Capaz ésa es una manera de tratar de corregirme y ser mejor. Vago por la oscuridad como cualquiera, pero a veces veo un destello de luz al final del túnel y trato de ir hacia ahí. Trato de encontrar un rumbo que me parezca bueno a mí.

-Merrie Land arrancó de un punto de confusión. El haber pasado por el proceso de componerlo, tocarlo en vivo y absorber todo lo que pasa, ¿les dejó algo en claro sobre el estado de Inglaterra?

Damon: Supongo que confirmó mis sospechas de que hubo una herida emocional que no era curable. Una herida infectada en nuestra sociedad. También resultó obvio que la mera noción del Brexit tenía poco que ver con encarar ese problema. De hecho, fue casi tratar de distraer a la gente de esos problemas sociales, en cierta forma, dándoles semejante elección binaria. Si elegían salirse, sentían que de alguna manera eran parte de una mayoría que creía que el sistema los había traicionado, y que necesitaban un cambio. Se enfocaba más en los europeos que en su propio sistema. Eso es un error terrible. Nuestra sociedad es la que está hecha mierda. Así que eso confirmó que la democracia es algo bastante peligroso cuando se plantea la pregunta equivocada. Realmente hay que hacer bien la pregunta si la respuesta va a ser tan binaria: sí o no.

Paul: Es difícil. En general, todos siguen confundidos sobre qué carajo está pasando. Pero en cuanto a haber hecho e

l disco, supongo que te hace revaluar tu posición en relación al pasado, el presente y el futuro. Ayuda a combinar todas esas cosas.

-Al haber vivido distintas eras políticas, ¿esto parece mucho más desalentador que todo lo que experimentaste antes?

Damon: Está fracturado. Es como un espejo reventado contra el piso, y ahora hay mil espejos diferentes. ¿Cuál es el verdadero reflejo de quiénes somos? Cada teléfono tiene millones de transmisiones emotivas distintas que reciben y alimentan a todos. Es muy difícil saber si vamos hacia un periodo en que estas tropas se van a volver aún más extremistas o si simplemente estamos más al tanto de todo.

Claramente, hay muy poco consenso para todo en el gobierno o en el parlamento, la verdad. Supongo que la única esperanza es que avancemos y empecemos a hacer más lo que hacen en Europa, que es trabajar con coaliciones; esto es, darle voz a todos y dejar de ser tan binarios para todo. Pero no siento demasiado optimismo en ese sentido, para serte honesto. En este momento, con Boris [Johnson, un político conservador] a punto de ser primer ministro, no. No es una razón para estar alegre.

Irse de la Unión Europea simplemente no es lo que necesitamos resolver. La UE continuará existiendo, o no. Eso no tiene nada que ver con los problemas sociales que tenemos. En parte, es nuestro sistema educativo; necesitamos cambiarlo y eliminar las escuelas privadas, invirtiendo enormemente en la educación pública. ¿Cómo vamos a avanzar sin una fuerza laboral que al menos esté educada de una manera relativamente igualitaria? No va a pasar. Eso es todo, y no tiene una mierda que ver con la UE.

Paul: He visto pasar bastantes primeros ministros. Sé que ahora la gente tiene un sentido extraño de la nostalgia, pero me acuerdo de que crecí pensando que todo estaba bastante nefasto, realmente. Suena ridículo, pero no tengo ningún recuerdo de ver aceitunas, por ejemplo. Lo que yo disfrutaba y lo que me beneficiaba era experimentar distintas culturas, ya sea comida, música o estilos de vida. Al criarme en Brixton, un barrio preponderantemente caribeño, simplemente asumía que todo el mundo era así.

El problema con la situación política actual, es que la gente no logra reconocer que este país se construyó en base a los inmigrantes. Creo que la gente está enceguecida por algo y simplemente me siento avergonzado por sus actitudes retrógradas. Mi abuelo era un inmigrante que se fue de Bélgica en la Primera Guerra Mundial. Joe Strummer nación en Turquía. En los Clash hay elementos fuertes que no existirían si hubiéramos tenido la misma actitud de reducir o detener la inmigración al país. Me gusta ser parte de Europa. Es algo brillante.

-¿Creés en el poder de la protesta pública?

Damon: ¡Por supuesto! Mucho. Cuando marchamos en 2003 contra la Guerra de Irak, estuvo muy justificado, especialmente teniendo en cuenta los resultados. Uno podría decir (aunque sea con una brocha muy gorda) que si en ese entonces los gobiernos hubieran escuchado, no hubiera existido Isis; el éxodo masivo de gente de Siria; la gente aterrorizada, pensando que millones de inmigrantes iban a aparecer en su puerta. No estaríamos en esta situación. Así que creo en la protesta pública genuina pero también me siento un poco desilusionado cuando la reacción parece ser “Ah, déjenlos hacer eso. El fin de semana que viene no van a venir”. Creo que si mirás la historia, ha habido algunas protestas públicas profundas que realmente cambiaron cosas. Pero tiene que haber consenso; una construcción de algo. No simplemente hacerla y dejar que se disipe.

Paul: Creo que protestar es importante. Si hace la diferencia, la verdad que no sé. En realidad, veo las protestas contra la Guerra de Irak como una desilusión. Más de un millón de personas marcharon para decirle a Tony Blair que no había que ir a la guerra y no hubo diferencia, ¿no? No sé cómo hacer que los que estén en el poder escuchen, pero creo que es importante que te expreses si sentís algo fuerte por algo. Ésa es una de las cosas más fuertes de la música: simplemente necesitás oídos. Puede sugerir ideas, de una manera consciente o inconsciente, para cambiar cosas. Mientras todos estén al tanto de eso, puede ayudar a avanzar un poco las cosas.

-¿Cuál es la mayor idea equivocada que la gente tiene de vos? ¿Qué cosa la gente malinterpreta constantemente?

Damon: No sé, ¿qué piensa la gente de mí? Decime y yo te digo si está bien o mal. No veo las redes sociales. Creo que tal vez si lo hiciera, me re arrepentiría. Es como fumar, ¿no? Desafortunadamente, sí fumé mi primer cigarrillo a los 16, o cuando haya sido, pero logré mantenerme alejado de las redes sociales. Nunca mandé nada hacia el mundo. No estoy tan preocupado, para serte honesto.

Paul: ¡La gente ni siquiera puede escribir ni pronunciar bien mi apellido! Eso sería lo primero. [Se ríe]

-La mayoría de la gente no tiene idea de cómo es ser famoso. ¿Qué impacto tuvo el éxito sobre vos, personal y artísticamente?

Damon: Tuvo algunos efectos muy positivos, en el sentido en que hace maravillas por tu confianza en vos mismo. El revés de eso es que puede elevar la neurosis, especialmente cuando envejecés. Te das cuenta de que sos percibido como algo y creo que eso es bastante difícil para mucha gente. Ejemplos extremos son… ¿A quién debería nombrar? Ugh, no quiero ser malo con nadie así que no lo voy a decir, pero es bastante obvio.

Damon Albarn en el pico de la carrera de Blur, 1995.

Paul: El éxito, para mí, es poder darme el gusto de hacer lo que se me cante. Eso es una gran diferencia. En vez de tener un trabajo con horarios fijos y poder crear solamente durante los fines de semana, puedo pintar y hacer música todo el tiempo. En términos de fama, yo no mido eso. Me avergonzaría siquiera pensar que soy famoso. Simplemente soy alguien que hace lo que hace. Por lo que noté, la gente famosa está medio atrapada en una burbuja. Puede ser una burbuja de ilusiones sobre sí mismo; puede ser un caso de tener un éxito temprano y seguir pensando que uno es eso a los 60 años. Yo no disfrutaría de eso. Te quita la libertad.

-¿La gente te pide consejos? Y si es así, ¿qué les decís?

Damon: La verdad que me preguntan bastantes cosas; mayormente los músicos jóvenes. A veces es la sospecha de que necesitan cambiar algo y simplemente necesitan que alguien se los confirme. Otras veces, resulta que les decís “No, no toqués eso. Eso ya está bárbaro”. Funciona de las dos maneras.

Paul: Depende de cuál sea la situación. Si alguien trata de resolver cómo dibujar un árbol, tengo consejos para eso. [Se ríe] Ocasionalmente, hay adolescentes que me preguntan cómo tocar el bajo y yo les digo: “Bueno, lo que necesitás es un disco de los Ramones y uno de reggae que te guste”. Con esas dos cosas, al menos podés escuchar qué hace el bajo y son bastante claros para tocar encima, mientras hayas afinado. Es una buena lección para arrancar.

-Una cosa que harías si supieras que no te va a salir mal.

Damon: Uhhhh… saltar de un precipicio y poder volar. [Se ríe]

Paul: No tengo idea. Si nunca probé algo, no tengo medida para saber si es posible. Lo único que podría hacer es mi mejor intento. Tal vez manejar un submarino por el Támesis. No sé si eso se podría considerar un éxito.

-Cuando ves la trayectoria de los músicos, hay un patrón en el sentido de que habitualmente les lleva una cierta cantidad de discos descifrar su propio vocabulario creativo y después todo lo demás es una leve desviación de la misma cosa, con distintos grados de éxito. Pero nunca se sabe qué va a pasar con lo que hacés. ¿Qué te impulsa a seguir?

Damon: Amo la aventura de la música, todos los días. O sea: esta semana -una semana en que no hice nada más que eso-, hice un tema con Massive Attack; uno con Moonchild; uno con Joan As Policewoman. Así es la cosa. Cuando abro la tienda, cualquiera puede entrar, mientras quieran aceptar lo fundamental de hacer música: un alma abierta y buen oído. Simplemente me encanta ese viaje. Tal vez no es tan agitado como me gustaba, pero sin embargo sigo siendo un aventurero.

Paul: Bueno, ¡yo nunca sé qué voy a hacer después! Pero supongo que si ponés un microscopio en lo que hago, hay consistencias y son todas cosas que me interesan. Podrías trazar una línea y ver que en realidad todo se une. Hay un entusiasmo por aprender y descubrir qué pasa a la vuelta de la esquina; qué hay en el noticiero hoy. Esa curiosidad es simplemente tratar de avanzar de alguna manera.

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