Los 40 de ‘London Calling’, la obra maestra de los Clash

3 Dic

Publicado en independent.co.uk – 13 de noviembre de 2019

Traducido por Lepo para RadioValvular.

Martin Scorsese una vez describió a “Janie Jones” de los Clash como la mejor canción de rock británico. De esa afirmación, una de las tantas cosas maravillosas que no pasa desapercibida para los admiradores de los Clash, es que por más enérgico y explosivo que sea el tema de apertura del disco debut de la banda, ni siquiera es la mejor canción de los Clash. Carajo: ni siquiera es el mejor tema de apertura de un disco de los Clash. Hay una competencia seria por ese galardón en cada uno de sus discos de estudio. Pero el tema que da título al disco London Calling, se la banca contra todos los que vengan. Su alarma apocalíptica resonante anunciaba el disco más extraordinario de fines de los ’70, que, casi increíblemente, cumple 40 años de su publicación el 14 de diciembre. Incluso se lo celebra con una exhibición propia en el Museo de Londres.

London Calling aterrizó al cierre de un año extraordinario en Gran Bretaña. En 1979, Margaret Thatcher obtuvo por primera vez la mayoría conservadora, finalizando la era del consenso político de postguerra, y reemplazándolo con un régimen económico intransigente y liberal, que llevaría a la privatización y aniquilación de las industrias tradicionales británicas. La lucha de clases, que había hervido a fuego lento bajo la superficie de la sociedad británica desde 1945, sería fogoneada abiertamente por el gobierno de Thatcher, que movilizaría el estado contra su pueblo y dejaría que la economía de libre mercado hiciera lo que quisiera. El eco de ese mantra, “es el precio que hay que pagar” (tres millones de desempleados), todavía se puede escuchar en las charlas sobre el “dolor a corto plazo”* [una frase que se usa en Gran Bretaña a favor del “Brexit”, la salida del Reino Unido de la Unión Europea].

En 1977, [en el tema “White riot”] los Clash habían exigido “su propio disturbio”. Thatcher estaba lista para responder con la policía montada, los bastonazos y si era necesario, el ejército: “Si hay discordia, hay que traer armonía”. Pero todo eso todavía estaba por llegar, al igual que la respuesta musical de los Clash.

 

1979 fue aberrante en otros sentidos. Un miembro del Congreso en actividad, Airey Neave, fue asesinado por una bomba republicana irlandesa, cuando salía del Congreso. Otro, Jeremy Thorpe, exlíder el Partido Liberal, estaba en juicio por incitar al crimen. El Destripador de Yorkshire estaba suelto. Sid Vicious murió de una sobredosis de heroína cuando esperaba bajo fianza ser juzgado por el asesinato de su novia Nancy Spungen. ¿A eso había llegado la promesa punk?

Mientras tanto, los Clash habían perdido su puesto de banda más resueltamente anticomercial de la movida, cuando dejaron que el productor de Blue Öyster Cult, Sandy Pearlman, decorara su segundo disco, Give ‘Em Enough Rope, con el brillo de los acordes gordos del rock estadounidense. Fuera o no un intento por pegarla en Estados Unidos, estaba muy lejos de “somos una banda de garaje” y “Estoy muy aburrido de los EE.UU.”. La banda se sintió “golpeada por la experiencia” y por las críticas que enfrentaron, según dice el cineasta Don Letts, que documentó lo que pasó después en su cautivador The Last Testament – The Making of London Calling (2004). El propio cantante Joe Strummer le dijo a NME:

-Tuvimos nuestra ración de boludeces y ahora volvemos a empezar de cero. Estamos hechos mierda, pero creo que no lo suficiente como para abandonar. ¡Estamos mucho más allá de eso!

-Estaban con las espaldas contra la pared -dice Letts, y agrega que había una sensación de que necesitaban “atrincherarse” y redefinir cómo tenían que sonar los Clash.

El resultado, London Calling, demostraría, sin dudas, que tratar de sonar como una banda grande de rock de EE.UU., era una pérdida de tiempo, porque en 1979, la mejor banda de rock del mundo, sonaba como los Clash.

London Calling celebra el romanticismo de la rebelión rockera en términos grandes y épicos –escribió la Rolling Stone-. Cava profundamente en la leyenda, historia, política y mitología del rock, en busca de sus imágenes y temáticas. Todo se une en un solo cuento, vasto y emocionante. 

Fue un disco doble: 19 temas. No todos fueron clásicos (¿a alguien le encanta “Lover’s rock” o “Wrong ‘em Boyo”?), pero casi todos exigían ser incluidos. Y desde el tema 2, el cover de “Brand New Cadillac”, un psychobilly trastornado del rockero británico de los ’50 Vince Taylor, quedaba claro que London Calling no iba a ser muy parecido a cualquier otra cosa. Cuando llegabas a la guitarra jazzera y el silbido que introducía el tema 3, “Jimmy Jazz”, se hacía imposible adivinar lo que vendría. El Lado 1 terminaba con el exuberante ska-pop “Rudie can’t fail”, demostrando que ése no era un disco que abría con su única gran canción: simplemente era una tras otra.

El Lado 2 señalaba un cambio importante en los intereses poéticos de Strummer. “Spanish bombs” introducía a los adolescentes con granos al mundo de la Guerra Civil Española:

“Los combatientes de la libertad murieron en la sierra / Ellos cantaban ‘Bandera roja’; ellos se vestían con la negra”.

“Lost in the Supermarket”, cantada por el guitarrista Mick Jones, exhibía una de las armas secretas de los Clash: esa voz aguda, femenina y sincera de Jones, que mezcla pasión con el dolor de una pérdida. Le dio a los Clash un instrumento enternecedor que otras bandas punk no tenían. Y paradójicamente, eso ayudó a los Clash a pegarla en Estados Unidos, cuando la usaron en “Train in vain” (que no figuraba en el disco, excepto cuando ponías la púa en el último surco) y llegó al ranking de Billboard.

Pero para Letts, el disco no se basa en la grandeza individual de los temas; se basa en la yuxtaposición de estilos musicales de todas partes (aunque él tiene un lugar en su corazón para “London calling” y “Guns of Brixton”, del bajista Paul Simonon).

Letts había tomado contacto con la banda por primera vez en Londres Oeste, a mediados de los ’70, cuando notó a dos chicos blancos solitarios y muy flacos (Simonon y Strummer), en un sótano que era un boliche de reggae. Recuerda que eso le pareció algo bastante valiente para esa época. Los reconoció más adelante, cuando deambulaban por la tienda de ropa Acme Attractions, que él atendía en la calle King’s de Chelsea, pero fue su novia de ese momento, Jeanette Lee (luego integrante de PiL), la primera en llevarlo a verlos tocar en un local alejado, al noroeste de Londres. La energía de la banda sobre el escenario no se parecía a nada de lo que él había visto antes.

Don Letts y Jeanette Lee en Acme Attractions

De ahí en adelante, sus trayectorias se entrelazarían. Letts era el musicalizador del Roxy de Covent Garden, cuando los Clash tocaron en Año Nuevo de 1977, y fue un historiador de la primera época de la banda, en Super-8. Filmó videos para “White riot”, “Tommy Gun” y en 1979, el famoso “London Calling”, que llegó al puesto 11 en el Reino Unido como single.

El disco, destaca Letts, era un rechazo al sonido que la otra gente pensaba que la banda tenía que tener, y marcaba que ellos simplemente iban a tocar lo que quisieran, ya fuera rock, reggae, pop o blues. No eran una maravilla de tres acordes. Había piano, guitarra acústica y muchos ritmos de batería diferentes.

-No podrían haber hecho ese disco sin el baterista Topper Headon -dice Letts-. Él podía tocar cualquier cosa.

De alguna manera, London Calling, ni siquiera fue el disco británico más rebelde de 1979. Las Slits publicaron Cut; el experimental Metal Box de PiL abría con 10 minutos y medio de la casi inaudible “Albatross”; The Pop Group desató una reacción en cadena post-punk con Y, mientras que Joy Division inclinó sutilmente el eje del rock con Unknown Pleasures.

London Calling apenas si entró al Top 10 de discos del año de NME, en el puesto ocho. Mientras tanto, en Coventry, la movida 2-Tone estaba produciendo bandas multirraciales que hacían algo más que simplemente homenajear la música jamaiquina como los punks.

Pero London Calling tenía algo único. Era una caja de Pandora. Todas las tonalidades de la música de los Clash (ira, pasión, fanfarronería, furia política, idealismo heroico, angustia, temor, esperanza, inocencia, humor y júbilo) fueron capturadas por el productor Guy Stevens. Tenía calle y grandeza.

En The Last Testament, al guitarrista de los Clash, Mick Jones, le costaba señalar que las canciones ya estaban compuestas y los arreglos ya estaban armados durante un periodo continuo e intenso de composición y ensayos en los Estudios Vanilla, al fondo de una cochera de Pimlico, antes de que Stevens entrara en escena. Pero el productor -un famoso alcohólico errático, cuyas técnicas, como mínimo, eran poco convencionales (así lo demuestra la película de Letts)-, quería algo más. Rompiendo sillas, tirando vino en un piano mientras tocaba Strummer, revoleando una escalera violentamente sobre su cabeza, Stevens capturó el espíritu de los Clash. Como dice el exmanager de la banda, Kosmo Vinyl, en una frase de la muestra del Museo de Londres:

-Guy Stevens quería hacer un disco que sonara como hacer un gol en una final de Copa en Wembley.

Robert Gordon McHarg III, curador de la muestra The Clash: London Calling, recuerda que escuchó el disco cuando era un adolescente criado en Canadá. El tema que más le llegó en ese momento, fue “Clampdown”, con su ética antisistema y anti-jornada laboral. Pero actualmente, dice, le atrae “The card cheat”, del Lado 3. McHarg se mudó a Londres en 1983, conoció a Simonon en el Desfile de Notting Hill de 1989, y poco después a Strummer. Ahora cuida de los 20 mil artículos del archivo de Joe Strummer, con tesoros en exposición como la letra original de “Ice Age” [Era de Hielo], antes de que se convirtiera en “London Calling”, además de ítems como el bajo reventado de Simonon de la foto de tapa del disco, sacada por Pennie Smith. El diseño gráfico de la tapa, casualmente, basado en el disco debut de Elvis de 1956, fue la gota que rebalsó el vaso para algunos punks que habían tomado al pie de la letra el verso “No hay Elvis, Beatles ni Rolling Stones“, del lado B de “White riot” [“1977”].

Las fotos elegidas por el diseñador Ray Lowry para la hoja interior de la funda original, fueron ampliadas para que se vean apropiadamente por primera vez. Las consiguieron entre casi 40 rollos de negativo, dice McHarg.

-Creo que eso solo ya hace que valga la pena venir a la muestra -coincide la curadora experta Beatrice Behlen.

Gentileza “El Yoser”

Hay 150 artefactos, me cuenta, y revela que se estipuló que ninguna de las etiquetas se pudiera interpretar como fanfarronería, porque “Los Clash no alardean”.

La muestra, añade McHarg, “es una experiencia bastante divertida” e incluye una consola mezcladora donde se pueden escuchar las pistas individuales de guitarra, bajo, batería y voz que componen las canciones.

-¿Sentís que el punk se volvió una restricción para la banda y Strummer en particular? Ya que él adoptaba una manera de hablar y una actitud que ocultaba completamente su crianza como hijo de un diplomático, en un internado, e incluso sus años de okupa hippie…

-Trabajé tanto con los archivos de Joe, que puedo decir que nunca hubo un cambio de actitud en el interior de su alma -dice McHarg-. Su sentido de la integridad fue el mismo todo el tiempo, sin importar qué música le gustara. Si escuchás las letras de toda su vida, siempre fue un rebelde apasionado.

Le pregunto a Letts si cree que Strummer, que murió en 2002 a los 50 años, tenía noción de su propio legado musical, y si tenía un disco favorito.

-Joe era muy duro con él mismo -dice suavemente-. Creo que nunca estuvo satisfecho con nada de lo que hizo.

Nosotros sí, Joe.

Gentileza “El Yoser”

London Calling destrozó la ortodoxia punk e inspiró bandas desde U2 a los Beastie Boys, a los Manic Street Preachers. Artistas tan diversos como Bruce Springsteen, Metallica y los Strokes tocaron sus canciones en vivo. Hasta Neil Tennant de los Pet Shop Boys profesó su amor por la banda. La Rolling Stone tiene a London Calling codo a codo con Dylan y los Beatles entre sus 10 mejores discos de todos los tiempos. Ahora es literalmente una pieza de museo, pero su espíritu rebelde sigue vivo.

>Muestra The Clash: London Calling – Museo de Londres – Del 15 de noviembre de 2019 al 19 de abril de 2020. Entrada Gratis.

>Ya está a la venta The London Calling Scrapbook, el Libro de Recortes de London Calling, publicado por el 40º aniversario del disco.

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