Don Letts: “El punk era un refugio contra el racismo”

26 Feb

A la gente jamaiquina le encanta el country. Mi primer recuerdo musical, es estar sentado en mi casa con mi papá, escuchando versiones de lo que iba a convertirse en reggae, en su sistema de sonido. Pero además de Prince Buster y Toots and the Maytals, a mi papá le encantaban cosas como “Welcome to my world” de Jim Reeves. Era el tipo de narración con la que él se podía identificar.

Yo sé cuál fue el momento exacto en que quise que la música fuera mi vida. Tenía 14 ó 15. Era 1971 y estaba viendo a los Who en el Young Vic de Londres. Fui después de la escuela, de uniforme, y pude ver los ojos en blanco de Keith Moon y a Pete Townshend haciendo el remolino, y eso fue todo. No sabía qué era, pero me abrió una puerta que yo quería cruzar.

Mis padres fueron maltratados. Son de la Generación Windrush* y había una sensación entre ellos de que la manera en que iban a salir adelante una vez que llegaran a Gran Bretaña, era actuando como ingleses. Obviamente, eso fue una pésima idea, y cuando llegó mi generación, reaccionamos contra eso. Pero voy a decir esto de mis padres: toda su diversión se acabó cuando tuvieron 20. Todo se centraba en criar bien a los pibes. Mi generación es mucho más egoísta.

*Nota del traductor: Se denomina “Generación Windrush” a quienes llegaron al Reino Unido desde los países caribeños entre 1948 y 1971. Es una referencia al barco MV Empire Windrush, que llegó al Muelle de Tilbury (Essex), el 22 de junio de 1948, llevando obreros de Jamaica, Trinidad y Tobago y otras islas, por la falta de mano de obra en la posguerra. El barco llevaba a 492 pasajeros, muchos de ellos niños. Actualmente hay 500 mil personas nacidas en un territorio británico que residen en el Reino Unido. Como emigraron de colonias británicas que no se habían independizado, ellos se consideran ciudadanos británicos. El Ministerio del Interior no registró quiénes tenían permitido quedarse ni emitió ningún papel que lo confirmara. Eso significa que es difícil para los Windrush demostrar que están en el Reino Unido legalmente. En 2010, el Ministerio destruyó identificaciones pertenecientes a los inmigrantes Windrush. En 2018, a aquellos que carecían de documentación, se les pidió evidencia para seguir trabajando, para hacerse tratar por el sistema de salud pública, alquilar una propiedad o incluso para quedarse en el Reino Unido, y así fueron deportados erróneamente al menos 83 Windrush.

 

Las deportaciones del Windrush son una vergüenza. A mis padres les pidieron que vinieran a este país a ayudar a reconstruirlo tras la Segunda Guerra Mundial. No fueron muy bienvenidos, pero se la aguantaron. Manejaron colectivos y trabajaron en la salud pública. No fue su generación la que causó disturbios. Fue la mía. Es una gran cachetada.

Ser un británico negro fue un concepto confuso durante mucho tiempo. El punto de conflicto con mis padres fue cuando aparecí con mis rastas. Para mí, tener rastas me conectaba con mi herencia; la misma que mis padres habían reprimido para encajar. Yo estaba tratando de encontrar mi ambiente y los mensajes que salían de ese mundo rastafari eran mucho más interesantes que lo que me enseñaban en la escuela. Para ser honesto, creo que no fue hasta fines de los ’80, con cosas como Soul 2 II Soul, que los británicos negros realmente se acomodaron. Esa fue la primera vez, realmente, que hicimos la nuestra.

Mi carrera fue una decepción para mis padres. Ellos se habían roto el culo para que su pibe fuera a la secundaria, y desde su perspectiva, el arte no era una manera de sobrevivir para los negros. ¡Se convencieron cuando me vieron en la tele!

El punk era un refugio contra el racismo. En la calle, a los jóvenes como yo, la cana los levantaba constantemente. La ultraderecha se estaba volviendo más fuerte en los ’70. Pero los recitales punk unían a la gente. Los Clash tocaban en los conciertos de Rock Contra el Racismo. Las Slits hacían recis cono Aswad. Todos nos hacíamos el aguante. En nuestra burbuja no había racismo.

Don Letts con los Clash y las Slits (1977).

El punk no empezó ni terminó en los ’70. Es un espíritu constante. Una actitud. Algo viviente. Es Woody Guthrie y Sun Ra. Lo que pasa es que los británicos hicieron su cosa colonial y le pusieron su bandera por todos lados, así que parece un momento que quedó en el tiempo.

[El diputado conservador] Enoch Powell le hizo mucho daño a este país. Cuando dio su discurso de los “Ríos de sangre”, en 1968, todo cambió. Yo pasé de ser “Lettsy”, en la plaza, a ser el “negro desgraciado” y el “muñeco negro”, de la noche a la mañana. Y, gracias al Brexit, está ocurriendo de nuevo. Es absolutamente doloroso. Todavía creo en el poder de la música y de la cultura para cambiar la vida de la gente, pero me está costando.

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