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“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 15 (apéndice y final)

25 May

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

15. ¿Una época con onda?
Verano de 2009.

Cuando escribí Passion is a Fashion, lo hice deliberadamente de una manera en que se iba a atar firmemente a la época en que lo estaba armando. En el libro, la mayoría de los entrevistados clave son presentados “cara a cara” al lector, como cuando me los encontré yo durante mi investigación. Las descripciones contemporáneas de su aspecto y en qué andaban en ese momento -e incluso algunas de sus observaciones- estaban destinadas a quedar desactualizadas, pero sentí que era esencial para lo que yo estaba tratando de lograr. Es decir que Passion is a Fashion actuá como un documento histórico que repasa las historias de los Clash desde un punto de vista específico: los primeros años del siglo XXI, cuando sus participantes seguían siendo lo suficientemente jóvenes como para que los sucesos de 1975 al ’85 fueran relativamente recientes, pero lo suficientemente viejos como para haber madurado algo desde los días punk, y sacado conclusiones sobre sus propios roles en lo que sucedió. Cuando hablamos, la mayoría de ellos todavía rondaba los 40.

Escribí Passion… cuando la muerte repentina de Joe Strummer, en diciembre de 2002, seguía muy fresca en las mentes de la gente. Mi reunión con Mick Jones fue solamente más o menos una semana después del funeral de Joe. En varios momentos, Mick claramente estaba aguantándose la emoción. Fue un acontecimiento triste. Con otros entrevistados, como Tymon Dogg y Alex Michon, los sentimientos que se dispararon al explorar sus recuerdos también estaban en carne viva. Al releer el libro ahora, sus opiniones parecen muy sesgadas por la sensación de pérdida de Joe.

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“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 9.4

20 Oct

9.4 Londres llama

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

La gira siguió tierra adentro y cruzó hacia Canadá. El grupo fue filmado para un programa de tele que se llamaba The New Music. Las imágenes fueron tomadas después de la fecha del O’Keefe Center de Toronto. Empieza con Kosmo, alto y vestido con traje, analizando el auditorio y contando los asientos rotos.
-Catorce, quince, dieciséis. ¡Bárbaro! -vocifera-. ¡En algún lugar de Norteamérica hay 16 fanáticos del rock!

Se pasa constante y nerviosamente un peine por su pelo blanqueado, al estilo Teddy Boy. Entrevistan a Mick en el camarín. No hay excesos rockeros a la vista. Tiene un traje rojo chillón y un sombrero de paja. Jones toma su postura natural, viendo al punk principalmente como una revolución musical:

-Estados Unidos y Canadá, lo único que tienen en común es que escuchan una música de mierda. Estamos acá para paliar eso.

Joe, con un jopo engominado, camisa de cowboy color azul aciano con moño cordón, está mordaz y despectivo. Gaby está al lado. Él habla largo y tendido sobre la compañía discográfica (“no saben que nos contrataron”); plata (“va toda para hacer funcionar al grupo. Después de eso, sobran unos cinco mangos”); los que hacen grabaciones piratas (“¡que tengan buena suerte!”); Rude Boy ( “está en el tacho de basura. Tuvimos una discusión con los realizadores”), y de la fecha suspendida en Derry, con los Undertones (tira la explicación oficial: “no conseguimos seguro”). A esa altura, los Undertones entran de golpe al camarín, tirando con armas de juguete. Joe despotrica contra la apatía de la clase media canadiense, y la gente que acepta la música establecida.

-Acá la gente está acostumbrada a pagar 8 dólares [24 dólares actuales] para que les den medias tintas y volverse satisfechos a sus casas -escupe Joe-. En Inglaterra dejaron de estar satisfechos hace tres años.

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“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 9.3

20 Oct

9.3 Comercio exterior
TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

Kosmo Vinyl se había encontrado por primera vez con los Clash en la primavera boreal del ’77. Tenía un puesto de discos improvisado en calle Portobello. Mick y Joe pasaron y le pidieron que no vendiera “Remote control”.

-No nos copa -le dijeron.
Kosmo lo retiró de su pila de singles.

Vinyl era del East End. Tenía una sobrecarga de energía y una voz cockney fuerte y áspera. Con su don para la charla consiguió un laburo en la oficina del legendario RR.PP. Keith Altham. Al poco tiempo, estaba trabajando para Stiff Records y representando a Ian Dury and the Blockheads.

Kosmo Vinyl – Ian Dury

Kosmo era más que un RR.PP. Era un creativo, un aficionado a la música y un detector de tendencias. Se enamoró de los Clash y en 1979 empezó a aparecer cada vez más cerca de ellos. Visitante regular de Wessex, disfrutaba de las bromas y el desorden.

-El grupo se descontrolaba un poco cuando aparecía Kosmo -recuerda Bill Price-. Yo subía a la cafetería a descansar diez minutos, y me encontraba con alguien pegado con cinta a la mesa de pool, o algo por el estilo.

Por medio de Kosmo, los Clash se pusieron en contacto con Blackhill Enterprises, cuyos encargados eran Peter Jenner y Andrew King, figuras clave de la contracultura de fines de los ’60. Habían organizado el recital gratuito en Hyde Park, al que había asistido Mick en 1968, y habían representado a Pink Floyd en la época de Syd Barrett. Una vez más, los Clash, sin querer, buscaban ser dirigidos por los sobrevivientes del under de los ’60.

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“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 9.2

19 Oct

9.2 Wessex
TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

Agosto de 2003. El ex DJ de las giras de los Clash, Barry “Scratchy” Myers, y yo estamos dando vueltas por los Estudios Wessex. Las instalaciones están en el proceso de trasladarse a otra ubicación. El edificio está destinado a alojar unos departamentos llamativos. Estar en este lugar histórico es una sensación rara. Acá todo cambió poco desde 1979. Las alfombras deshilachadas, seguro que no. Barry me dice que un día vio que Guy Stevens armó una torre enorme de sillas de plástico en el medio de la sala y después las tumbó de una patada. Esto fue mientras el grupo grababa una canción. Las sillas de plástico siguen acá.

El estudio está en la ex-iglesia de San Agustín, en Highbury New Park, una calle ancha a una distancia de cinco minutos a pie desde la cancha del Arsenal, al norte de Londres. La sala principal es amplia, con un techo abovedado alto, y da a la sala de control vidriada. Un tramo de escaleras te lleva a un balcón interno donde hay una oficina, una cocina y un lugar de descanso. Desde ahí, una escalera en espiral va hacia un ático.
Johnny Green recuerda el primer día de grabación.

-Guy vino con una bolsa con botellas. Se sentó y le pregunté qué había en la bolsa. Dijo “Tequila”. Miré adentro de la bolsa y me tiró: “¡Nunca toqués mis cosas!”. Tenía la agresividad de un adicto. Una energía rabiosa. La banda hablaba de su leyenda, de lo que había hecho en el pasado, y ¡acá estaba! Al principio, el grupo era un poco precavido. Guy no sabía parar, y ellos alentaban esa pérdida de control.

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“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 9.1

19 Oct

9.1 Vanilla
TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

A principios de 1800, los presos que esperaban la deportación hacia las colonias británicas, quedaban detenidos en barcos abandonados anclados en el Támesis, y en 1812 se empezó a construir una cárcel enorme en la vera norte del río. A fines de la era victoriana, demolieron el edificio, y quedó una red de calles, que luego sería conocida como Pimlico. Una de esas calles era Causton.

Parte de la atmósfera oscura y siniestra de la cárcel, nunca se borró del barrio. A principios de 1900, la calle Causton era el hogar de los fabricantes de botas, talladores, lecheros y confiteros. En Causton al 36, a fines de la Segunda Guerra Mundial, se instaló una chochera para taxis.

Cuando Johnny Green y Baker visitaron la edificación en abril de 1979, todavía se usaba como taller de autos, pero el dueño, un empresario iraní, alquilaba la pieza del primer piso para ensayar. A Johnny y Baker les gustó que en los alrededores hubiera tipos pesados con aspecto de pandilleros, que usaban tapados de piel de camello y fumaban cigarros grandes.

-A mí me pareció un poco arriesgado, pero nunca pregunté nada -recuerda Johnny-. El salón era largo y angosto, con tragaluces y un escenario chiquito. Estaba en blanco, vacío y un poco zaparrastroso.

-Tuvimos que entrar entre medio de los autos -dice Mick-. Era como una fábrica de esas donde subís la escalera y hay una pieza donde se sienta el encargado. Estaba bárbaro, porque nadie sabía que estábamos ahí. No venía nadie sin invitación.

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“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 8.3

16 Sep

8.3  Las puertas del oeste
TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

La gira Sort It Out de los Clash, fue haciendo zigzag por Gran Bretaña entre noviembre y diciembre. La habían anunciado con una fiesta de lanzamiento de Give ‘Em Enough Rope, en un bar de calle Wardour.

-Mis amigos vinieron a la presentación -recuerda Mick-. Se robaron una caja llena de discos y los llevaron a la disquería Cheapo Cheapos de calle Brewer, antes de que el disco saliera a la venta. Fue el primer lugar de Londres donde se lo pudo conseguir.

Robin y Johnny -los culpables-, celebraron en The Ship. Esa noche Joe se enganchó con Gaby Salter, una adolescente londinense cuyos padres habían sido dueños de boutiques modernas de las calles Carnaby y Kings. Ella se volvería su compañera más duradera.

Robin Banks cubrió la gira para Zig-Zag. El punk del interior estaba más grande que nunca: era rudo, básico y estaba dividido. También se había generalizado un revival skinhead, centrado alrededor de un faro doble: el fútbol y Sham 69. Los Clash entraron visiblemente en la desesperación y la violencia, pero su telón de fondo, diseñado por Paul, comunicaba que sus intenciones eran más amplias. Era un collage de banderas de todas las naciones.

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“La verdadera historia de The Clash” – Libro de Pat Gilbert, Parte 8.2

15 Sep

8.2  Adiós a Bernie
TRADUCCIÓN Y EDICIÓN: LEPO para Clashland y RadioValvular.

A principios de agosto, Joe y Mick se tomaron un vuelo a San Francisco.
-Siempre soñamos con ir a Estados Unidos -dice Mick-. Nunca quisimos ser una bandita pueblerina.

El estudio The Automatt estaba en calle Folsom, no muy lejos del muelle. Era una zona de galpones viejos y edificios industriales, poblada de artistas en apuros y bohemios. Había racimos de tiendas, boliches sórdidos y bares con mucho cuero.
-En esa época era una zona un poco áspera, poco residencial -dice el periodista Howie Klein.

Mick y Joe se alojaron en un hotel del Barrio Chino. Alejados de las presiones intensas de Londres, se relajaron y disfrutaron de su compañía mutua. Estaba cálido y soleado. The Automatt tenía una rockola bárbara, llena de soul, R&B y rock and roll vintage. Entre los favoritos de Mick y Joe, estaban: “(Sittin on) The dock of the bay” de Otis Redding, y “I fought the law” de Bobby Fuller Four, compuesta por el guitarrista Sonny Curtis, de Buddy Holly and the Crickets.

A Mick y Joe, Estados Unidos les pareció intensamente fascinante. Habían visto San Francisco en Bullitt y en montones de otras películas, y ahora estaban ahí. La ciudad tenía un ambiente musical vibrante. En bares y lugares chicos de toda la ciudad, descubrieron artistas cuyos discos habían comprado cuando iban al colegio.

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